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Temblor en Colombia: ¿cuáles son las ciudades con mayor amenaza sísmica?

Los sismos no se pueden predecir, pero los países tienen opciones para prepararse y reducir su impacto. Este es un análisis de dos expertos sobre el panorama colombiano y la experiencia de Turquía, que el 6 de febrero sufrió un terremoto.

Por María Camila Botero

19 de agosto de 2023

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“No construyeron casas, sino mansiones de la muerte”. Así lo define un sobreviviente del terremoto que azotó a Turquía y Siria el pasado 6 de febrero. Se refiere a los arquitectos e ingenieros que hicieron el edificio en el que vivía y que hoy está en ruinas.

Rodeada de los escombros que antes eran su hogar, otra sobreviviente recuerda que se enamoraron del apartamento porque “lo vendían como lujo, pero en realidad era de cartón”.

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Testimonios similares abundan. Cerca de 50 000 personas han muerto en ambos países y más de un millón quedaron damnificadas debido a la magnitud del desastre, de acuerdo con la cadena de noticias CNN. Además, el banco JPMorgan calcula que, tan solo en Turquía, los daños que dejó el terremoto superan los 25 000 millones de dólares.

Turquía y su avance en ingeniería sísmica

Omar Darío Cardona, PhD. en Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural y profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia, asegura que “Turquía es uno de los países más avanzados en ingeniería sísmica” y que justamente por estar ubicado en una zona de amenaza sísmica muy alta, tiene una norma sismorresistente bastante sofisticada. “Es una de las primeras del mundo y está hecha por algunos de los mejores científicos e ingenieros”.

Cualquiera se preguntaría, entonces, por qué un país que lleva 100 años creando la norma, se enfrenta hoy con un panorama tan desalentador donde miles de edificios, nuevos y antiguos, han quedado en ruinas por no ser sismorresistentes. La respuesta para el también exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y expresidente de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica es sencilla: hay una reglamentación ejemplar, pero no todos la cumplen.

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En este sentido, apunta que Colombia, por ejemplo, “sacó la primera norma sísmica en la historia del país en 1984, después del destructivo terremoto de Popayán”, y, comparando con Turquía, dice que ellos “nos dan sopa y seco en el tema, pero mira lo que pasó. Ocurre que allá hay muchas construcciones precarias”.

Las autoridades turcas han detenido a 83 personas por no seguir los códigos de construcción y han emitido más de 240 órdenes de arresto por aparente negligencia tras el colapso de las edificaciones, según la cadena de noticias CNN.

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Colombia, un país de alta amenaza sísmica

Colombia está ubicada en el cinturón de fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor amenaza sísmica en el mundo porque se juntan cuatro placas tectónicas que están en constante movimiento: Nazca, Caribe, Cocos y Sudamericana.

Pero no todo el territorio colombiano se comporta igual. Daniel Mauricio Ruiz, ingeniero civil y profesor de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que el país está dividido en tres zonas de amenaza sísmica.

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Ciudades como Bucaramanga, Quibdó, Cali, Cúcuta, Pasto, Popayán, Manizales, Pereira y Armenia están ubicadas en zonas de amenaza alta, mientras que otras capitales importantes como Bogotá, Medellín, Ibagué y Montería tienen una amenaza intermedia.

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Por su parte, el Amazonas, el Caribe y los Llanos Orientales pertenecen en su mayoría a una zona de amenaza sísmica baja. Eso quiere decir que aproximadamente el 80 % de la población colombiana está ubicada en zonas de amenaza sísmica alta o intermedia, según comenta el experto, indicador que preocupa a los académicos y a los entes gubernamentales.

Con esto en mente, no es lo mismo construir en Leticia, Amazonas, donde es rarísimo que tiemble, a hacerlo en Los Santos, Santander, que tiembla a diario. “Los requisitos de diseño y construcción cambian de acuerdo con las condiciones sísmicas, pues dependiendo del tipo de suelo, la cantidad de pisos y otras variables, se requiere mayor o menor cantidad de elementos estructurales”, aclara Ruiz.

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De igual forma, dentro de las ciudades o municipios también hay diferentes parámetros. Por ejemplo, Ruiz explica que en Bogotá es más probable que un edificio alto en los Cerros Orientales resista mejor un sismo que uno en la carrera 30. Sin embargo, dice, puede que a una casa de un piso construida en los Cerros Orientales le vaya peor que a una con las mismas características cerca del aeropuerto. “La respuesta de los suelos condiciona el comportamiento de las edificaciones”, agrega.

La sismorresistencia debe velar por la vida

Si nos vamos a la definición básica, la Real Academia de la Lengua Española dice que la sismorresistencia trata de algo construido para resistir terremotos. En la práctica, el fin es proteger a la sociedad al disminuir la vulnerabilidad de las edificaciones que se construyen, como explica Ruiz.

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En este sentido, aclara que no significa que los edificios no sufran daño alguno, sino que sin importar la magnitud del sismo, los elementos estructurales como las columnas, las vigas y los muros de concreto (que hacen parte del sistema de resistencia de la edificación) deben mantenerse en pie. En cambio, se admiten daños en los sistemas de iluminación, los muros de ladrillo o drywall que dividen espacios, las ventanas y todos los elementos que no son esenciales para sostener la edificación.

Puede que los daños sean tan grandes que al siguiente día del terremoto sea necesario demoler el edificio, pero por encima de cualquier cosa, la vida debe cuidarse”, agrega.

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Prevención para minimizar el impacto de las catástrofes

Aunque no se puede predecir el día, la hora, la magnitud y la profundidad de un sismo, sí se puede saber dónde hay más probabilidades de que ocurra. Por eso es necesario que antes de construir se conozcan las características del territorio.

Dos ejemplos son los terremotos ocurridos en Haití y Chile en 2010.

El 12 de enero un terremoto de magnitud 7,0 sacudió Haití, uno de los más devastadores en la historia. Los datos oficiales aseguran que murieron 220 000 personas, pero otras fuentes hablan de más de 300 000.

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Un mes después, el 27 de febrero, el turno fue para Chile con un terremoto de magnitud 8,8 que dejó 525 muertos y un daño en la infraestructura menor al que se esperaba con un fenómeno natural de este tipo. Desde entonces, el país sudamericano es referencia en medidas antisísmicas y tiene una de las normas de construcción más estrictas del mundo.

Omar Darío Cardona enfatiza que ni con perros ni con equipos de rescate se pueden salvar suficientes vidas si no se cumple con las normas de sismorresistencia en las edificaciones. “La medida de prevención y de reducción del riesgo más importante que existe no es solo que haya una ley sismorresistente muy bonita y muy bien hecha, sino que se haga cumplir”.

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Legislación sismorresistente en Colombia

Cuando se creó la primera norma de diseño y construcción sismorresistente en Colombia, la mayoría de los países con problemas sísmicos la habían implementado 50 años atrás. Sin embargo, se ha actualizado dos veces y está ad portas de una nueva actualización por parte de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica.

Tanto Cardona como Ruiz coinciden en que la reglamentación está altamente estandarizada y es muy buena. Pero, igual que en el caso turco, que existan normas sismorresistentes no garantiza su cumplimiento.

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Ruiz explica que, tan solo en Bogotá, la informalidad en la construcción es de más del 60 %. Con esto se refiere a cuando la gente construye su casa únicamente con ayuda de maestros de obra o fundiplacas, que son personas que llevan una mezcladora a algunos barrios y mezclan el concreto para fundir la placa del piso de la casa y, en ocasiones, las vigas. “Aunque lo hacen de la mejor manera que pueden, no suelen tener la evaluación de una curaduría o una revisión técnica por parte de un ingeniero, así que lo más probable es que no tengan todas las consideraciones de sismorresistencia”, añade.

Por todas estas desigualdades sociales y falta de control, Cardona cree que la situación de Colombia requiere una seria reflexión. “No se trata de decir que todo se va a acabar, pero sí es necesario analizar que, por ejemplo, el edificio Space en Medellín se cayó sin sismo, solo con el peso del mismo edificio. Ellos habían pasado por la curaduría que les dio la licencia de construcción, pero como nadie revisa la obra, ahí se está construyendo el desastre del futuro. ¿Cuánto de eso está ocurriendo en todo el país?”.

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Para él los desastres no son problemas de la ‘ira divina’ ni de la mala suerte. “Se provocan socialmente porque esa vulnerabilidad la construye el ser humano. La culpa no es de que la tierra tiemble, sino de que los edificios no sean capaces de soportar el sismo”.

Una mirada al futuro

Este es un tema muy amplio que no se puede resolver desde una única arista. Es de carácter social y educativo. De institucionalidad y política pública. No es algo que afecte únicamente a ingenieros y científicos, y por eso Cardona propone que la información sobre la sismorresistencia se entregue también a los maestros de obra y a las personas de escasos recursos que construyen sus casas como pueden.

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“Las normas nunca van a llegar a todos los sitios y a todas las personas porque solo las manejan los ingenieros. Por eso hemos diseñado diversas cartillas que condensan la información para que tenga un mayor alcance. Es mucho trabajo, pero ¿cómo se come un elefante? A mordiscos”, asegura Cardona.

Por su parte, el profesor Ruiz lidera desde hace varios años en la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana una investigación que se enfoca en reforzar las estructuras en tierra del patrimonio arquitectónico de Colombia con el fin de aportar a la disminución del riesgo sísmico de nuestras ciudades capitales. Además, ha hecho esfuerzos por encontrar estrategias de rehabilitación sísmica de las viviendas construidas de manera informal.

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Ambas reflexiones nos demuestran que, a pesar de la magnitud del problema, si empezamos desde ahora a mejorar las prácticas en construcción, podemos prepararnos para disminuir el impacto en caso de un fenómeno natural. Hay mucho por hacer, pero lo importante es comenzar a tomar conciencia.

*Este artículo se publicó originalmente en Pesquisa, la revista científica de la Universidad Javeriana.

Por María Camila Botero

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