“A los 11 años levantaba 65 kilos, más del doble de mi peso” Óscar Figueroa

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Después de superar serias lesiones en su columna, alcanzó el oro en Río y deshizo las críticas de quienes no creían en él.

Como si cargara una boa en su cuello, así resalta la cinta verde con la medalla de oro que cuelga sobre el fondo azul oscuro de su camiseta con franjas horizontales rosadas y blancas. Desde que llegó al país, hace unas semanas, su ritual de vestirse ya no termina con la amarrada de los zapatos, sino con la brillante joya olímpica pendiendo sobre su pecho. Con su nuevo collar ganó una libra más de peso. Un imán para todo el que quiere saludarlo por su hazaña en Río de Janeiro. Así como los turistas en Cartagena quieren tocar a la gorda de Botero en la Plaza Santo Domingo, una atracción parecida incita a todos los que abordan al pesista, a querer tocar su oro. Un privilegio reservado, según él y la mitología griega, a los ganadores y sus familias, a nadie más. Es por eso que fuimos hasta Cartago, Valle, para ver al campeón junto a sus hijas, su mamá, sus hermanos, primos, tíos, sobrinos, en una íntima reunión para celebrar su triunfo. Los hombres lucían risas perfectas, las mujeres bellos encajes y los niños perseguían por todos lados su algarabía. Un cardumen feliz de parientes inquietos, en círculos que se hacían y deshacían en torno al pesista. Al final, después de la entrevista, los que tuvieron tiempo y paciencia posaron para CROMOS.

 


El campeón en familia

¿Cuántos familiares vinieron hoy?
¡Uy! ¡Hartos! ¡Como 80! Primos, tíos, sobrinos… No los veía desde hace ocho meses. 

 

¿Por qué ese distanciamiento de la familia?
Ese es el gran esfuerzo que uno hace. En mi diccionario no está la palabra sacrificio, sino esfuerzo. Y ese esfuerzo lo hago porque sé que detrás de los logros está la seguridad de que la familia va a estar bien. El bientestar de mi familia es mi principal motor para salir adelante. 


Pero si son su motor, ¿por qué estuvo tanto tiempo lejos de ellos?
Porque hay que tener concentración total y los problemas de la familia distraen. Hay que distanciarse un poquito, para lograr el objetivo. Cuando iba a campeonatos del mundo y a Juegos Olímpicos, yo le decía a mi mamá: “Bueno, madre, llegó la hora. Usted sabe que tiene que hacerse a un lado”. Pero ahora que terminé Río 2016, ya voy a tener tiempo otra vez para llevármela a pasear. Todo tiene su momento.

 

¿Consiguió el oro en Río de Janeiro y no en el río Pocuné, donde lo buscaba de niño con su papá? 
Sí, absolutamente sí. Simplemente lo encontré en otro río. Son cosas del destino.


Cuando usted acompañaba a su papá, en la minería artesanal, ¿alguna vez encontró oro?
Sí, claro que sí. Yo era bueno bateando. Encontraba pepitas de oro y menudito. 

 

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Ahora, ¿la pepita que tiene colgada cuánto pesa?
Esta pesa 500 gramos.


¿Cuando le dan la medalla piensa en el oro del río de su pueblo?
Precisamente a eso se debe mi expresión y mis lágrimas en ese instante: se me vienen a la cabeza mis 32 años de vida. En esos cuantos segundos recordé toda mi vida, desde que vivíamos en Zaragoza, Antioquia… Los trabajos mineros, todo lo que tuvimos que pasar. Luego evoqué cuando llegamos a Cartago, después cuando llegamos a Cali. Todo pasó en ese segundo. 


¿Es cierto que desde niño le gustaba levantar cosas pesadas?
Sí, siempre fui bastante hiperactivo. Buscaba ser fuerte y grande, aunque finalmente no crecí mucho, mido 161 centímetros (Sonríe). Levantaba muchas piedras del río, troncos de leña y a alguno de mis hermanos.


¿Son cuatro hermanos?
Sí, somos cuatro hermanos. Yo soy el tercero.


¿En esa época qué soñaba hacer?
Soñaba con ser militar. Mi hermano, Wilson, también lo pensaba. Él hizo realidad ese sueño, es sargento del Ejército. Yo soñaba con ser jefe. En las cartillas para aprender a leer veía junto a la palabra “jefe”, un dibujito de un militar con la gorra y era muy chévere. Yo decía: “¡Tengo que ser jefe!”. 


“De Zaragoza salí a escondidas”


¿Por qué salió de su ciudad natal en Antioquia? Su mamá habla de una mala racha, ¿cuál fue esa mala racha?
Problemas muy difíciles con Jorge Isaac Figueroa, mi padre. Y también el conflicto armado. En ese entonces empezó la guerra tremenda entre paramilitares y guerrilla, entonces fueron dos detonantes. 


¿Se separan su mamá y su papá?
Nosotros salimos de Zaragoza a escondidas de él y nos vinimos para Cartago. No queríamos que nos encontrara. Fue duro. Mi padre se tornó bastante violento y eso hizo que definitivamente no pudiéramos seguir juntos.


¿Cuál es la diferencia entre usted y su papá?
Que yo soy más racional y pienso brindarles mucho más cariño a mis hijas. Tengo 2 hijas, de 3 y 2 años, Salomé y Saray.


¿Una frase para sus hijas que usted quiera que nunca olviden o la que siempre les repite? 
Que cuentan conmigo para toda la vida, que no dejen de soñar porque yo les voy a ayudar a hacer realidad sus sueños.


Cuando ganó el oro, ¿pensó en su papá?
Sí, bastante. De hecho lo tengo muy presente en mi vida a diario, ya que él fue el forjador de mi carácter fuerte, porque me enseñó a trabajar desde muy chico. Hoy en día le doy gracias. Por él tengo una personalidad definida, soy decidido y no ando con rodeos. Soy de dos palabras, de sí o no. 


¿Y qué le aprendió a su mamá?
A ir siempre para adelante.


¿Qué miedos dejó en Zaragoza?
El de la violencia, claro. Ese miedo se quedó allá. 


¿Recuerda la primera vez que llegó a Cartago?
Claro que me acuerdo. Llegamos al barrio Bellavista y allí me encontré con un chico, Julio, que más adelante sería compañero mío en la selección Cartago de pesas. Llegamos preguntando por una tía y él nos llevó a donde ella.


¿Por qué Cartago?
Porque mi mamá creció en ese municipio. Ella es de Playa de Oro, Chocó, pero parte de su infancia la vivió en Cartago y allí se encuentra la gran mayoría de su familia. En Cartago están todas sus raíces ancestrales.


“Sin las pesas, tal vez sería un gran chef” 


Doña Hermelinda, su mamá, ¿a qué se dedicaba?
Ella en Cartago era empleada doméstica.


¿Y usted?
Pasaba los días en la Fundación Teresita Cárdenas, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Esa época me trae recuerdos maravillosos. Nos consentían bastante y nos enseñaron qué era la disciplina, el respeto por el compañero, la superación personal. Allí aprendí muchas cosas para mi vida que ahora practico. Aprendí jardinería, panadería, electricidad, culinaria, carpintería… Fue una formación muy integral.


El último trabajo que hizo de carpintería.
Hice un soporte para las llaves del apartamento en Cali.


¿Y en panadería?
Me gusta mucho hacer la galleta de cuadritos que viene con una mezcla de chocolate blanco y chocolate negro.


¿Y si la sabe hacer?
No recuerdo bien la fórmula, pero si busco mi cuaderno, que ya tiene 18 años, la recordaría y claro que la volvería a hacer.


¿Y en su cuaderno de jardinería, con qué flor se queda?
Me gustan mucho las orquídeas.


Óscar, ¿cuál es su comida favorita?
El salmón, el pargo plateado y el bocachico.


¿Tienen que ver con su fuerza?
Pienso que sí, por su buen contenido de vitaminas.


¿Qué le dio a su vida el Valle del Cauca? 
Me encontré con personas maravillosas, como Damaris Delgado, quien me descubrió y puso los cimientos de mi trabajo en el deporte. Luego me dan la oportunidad de ir a Cali, donde Jaiber Manjarrez sigue puliendo esa parte de mi vida. Con él logro llegar a mi primer título mundial en  2001 en Grecia y lo repito en 2002 en República Checa.


¿Allá cuánto levantó?
En Grecia hice 110, 117 y 135 kilos y en República Checa 122 y 145.


¿Ha pensado que habría pasado con su vida si no aparece la profesora Damaris Delgado?
La verdad no, no lo he pensado. Tal vez sería un gran chef, tengo compañeros de la infancia en la escuela del Bienestar Familiar que son muy buenos panaderos.

 

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Óscar, ¿usted hasta qué año estudió?
Estoy estudiando. Voy en noveno semestre de Administración de Empresas.


¿Esa medalla de oro, que lleva en el pecho, cómo está mejorando su vida?
La está mejorando muchísimo. Ya tengo la beca para mi maestría en Gestión Pública y tengo la beca para el doctorado en Leyes Administrativas que pienso hacer. Me seguiré superando y preparando, que es lo más importante.


¿Y el gobierno le prometió algo?
No, hasta el momento no y prefiero que no lo haga porque sé que no lo van a cumplir. Entonces, los medios me van a estar preguntando y yo voy a tener que decir la verdad, y el gobierno se enojará conmigo. 


¿Cuál fue la gran crítica que le hizo al presidente Santos?
Pues la verdad hace cuatro años yo le hice el requerimiento de cambiar la Ley del Deporte porque es una ley ya obsoleta que no nos brinda realmente beneficios a los campeones mundiales y a los campeones olímpicos. Sabemos muy bien que nuestra constitución es muy compleja, somos un Estado Social de Derecho, todos somos iguales y ante la ley no se puede hacer nada, así que ningún alcalde o gobernador puede ofrecerle una casa a uno, a menos de que esté en los parámetros de la ley.  Pero tienen que existir beneficios para nosotros, que somos mejores embajadores a nivel internacional que los mismos congresistas de la República.


¿Qué estaba pidiendo?
Que la pensión realmente sea digna. Hoy es un auxilio vitalicio. En derecho es muy diferente un auxilio vitalicio a una pensión vitalicia. Hay una gran diferencia. Y son tres salarios mínimos, cuando tú comparas con otras partes del mundo no es nada.


“Me gusta mucho Sandra Bullock”


A los 11 años comenzó como pesista, ¿se acuerda lo primero que levantó?
Sí, claro, fueron 65 kilos de sentadilla.


¿Cuánto pesaba a los 11 años?
Pesaba 32 kilos. 


¿Y qué le dijo la profesora?
Ahí mismo me dijo: “vuelva mañana, siga entrenando”. Eso me motivó y seguí entrenando.


Hoy, 22 años después, levantó 142 kilos en la modalidad de arranque, que en términos de esta tierra cañera son casi 3 bultos de azúcar. ¿Es lo máximo que ha levantado?
No, en preparación he levantado 150 y 190 kilos.


¿De qué depende el peso que levanta?
Depende del estado emocional. Esos días en los que hice buenos levantamientos estaba muy fuerte; de hecho, fue en un entrenamiento para los Juegos Olímpicos de Londres.


¿Es diferente estar en el gimnasio relajado que tener unos jueces mirándolo a uno? 
En la competencia manejas varios tipos de tensión: la tensión propia, la tensión de tu contrincante, la tensión de tu entrenador, la tensión de los árbitros y la tensión del público.


Y la tensión de la cámara de televisión…
¡Las cámaras! Tienes 8 a los lados (Sonríe).


Óscar, ¿una actriz de cine o de televisión que le guste mucho?
Pamela Anderson. No, no, no, perdón, Sandra Bullock.


¿Piensa en ella cuando levanta mucho peso?
No, no.


Entonces ¿cómo son esos pensamientos sexuales a la hora de levantar pesas?
No sé si otros lo harán, pero yo lo he hecho a lo largo de mi carrera y siempre me funciona.


Una imagen del Kamasutra, ¿para usted funciona?
Sí, sí, posiblemente. Es un tipo de pensamiento que hace que libere más testosterona y que sea más fuerte. Algunos compañeros deportistas me dicen: “danos el secreto, porque hemos entrenado con 120 y no es posible que hagas 140 o 145 kilos en la competencia. Eso no es normal”.  Entonces yo les digo que todo está en la cabeza. 


¿Cuál es la parte del cuerpo del pesista que más sufre? 
El cuerpo sufre todo, especialmente los músculos. Y es aún peor si hay cansancio muscular o fatiga sicológica. Por eso yo siempre tendía a alejar a mi familia cuando estaba en preparaciones fuertes, para no tener que escuchar las dificultades del uno y del otro, y las peleas del uno y del otro.


Hay un personaje que aparece en su vida:  Jorge Ramírez. Él lo operó hace 5 años de una hernia cervical y con esa cirugía ganó la medalla de plata en los Olímpicos de Londres. Después aparecen dos hernias discales, lumbares, que Ramírez operó en enero de 2016, y ahora gana en Río. ¿Tenía toda esa fe en él?
A él lo conocí en el año 2008, después del episodio difícil que tuve en Beijing. Todo el mundo se me vino en contra y me atacaron mucho por esa competencia. Tuve una hernia cervical en las vértebras 6-6 y 6-7 del cuello. Eso me afectó la mano derecha. El doctor Felipe Villota me recomienda a un médico que dice que me puede operar y me permite seguir entrenando pesas. Entonces me da el contacto del Doctor Jorge, quien me cita en Bogotá. Llego a la Reina Sofía y había una junta médica con unos médicos extranjeros, ese día fui el tema de discusión. Programamos la cirugía, me operó y yo inmediatamente empecé a sentir mi mano otra vez. A los tres meses ya estaba recuperado para empezar a entrenar para Londres.

 

 

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¡El estrés del búlgaro!


¿Qué pasa en su columna, por qué sufre tanto? 
Porque en algún momento fui sometido a mucho estrés. Las hernias discales que me operaron este año ya existían desde el 2008. El entrenador que teníamos anteriormente, el búlgaro Gantcho Karouskov, era una persona muy exigente a quien no le importaba la calidad humana. Esa era la gran diferencia que tenía yo con los directivos: ellos aceptaban que un extranjero maltratara a los deportistas colombianos por un resultado. Esa fue siempre mi pelea con los directivos y me molestaba muchísimo. Entonces fui sometido a mucho estrés. En este deporte no se gana mucho dinero. Si eres inteligente y sabes invertir, puedes vivir bien y tranquilo, pero no te harás millonario como con otros deportes. Por esa necesidad que tenía, a veces me veía obligado a trabajar en contra de mi voluntad. Ese estrés laboral hizo que muchos deportistas se lesionaran y quedaran lisiados de por vida. Me habría podido pasar eso. De no haber tenido la fortaleza mental para enfrentar estas adversidades, no hubiese podido llegar a ser campeón olímpico.

Pero, finalmente, Karouskov se fue.
Sí, el búlgaro se fue. Después de esos Juegos Olímpicos de Beijing yo me propuse sacarlo. Empecé a presionar y a presionar a los directivos hasta que, finalmente, gané, con la presión que ejercían otros deportistas por el maltrato. Ahí viene el profesor Oswaldo Pinilla, en 2009. Con él ya traíamos una trayectoria.


Hagamos una comparación, ¿cuál era la frase de todos los días del búlgaro y cuál es la frase de todos los días de Oswaldo Pinilla? 
La del búlgaro, que muchos deportistas tienen presente era: “los colombianos son unos brutos que no sirven para nada”. Decía: “Si yo me voy de Colombia, las pesas se acaban”. Mire todos los campeones del mundo que tenemos ahora, finalmente estamos demostrando que los únicos resultados verdaderamente valiosos son los de nuestros entrenadores nacionales. Yo no soy xenófobo, pero pido respeto por el entrenador colombiano, porque está capacitado y tiene todo el conocimiento para hacer campeones mundiales.


¿Y cuál es la frase de Oswaldo Pinilla?
La frase del profe Oswaldo es: “Mijo, vamos a trabajar siempre, pongamos esa cabecita firme que podemos hacerlo”. Siempre le está dando ánimos a los deportistas y, a su manera, con buen trato, nos exige bastante, con una lavada de cerebro muy peculiar de él.


¿Qué estará pensando ahora el entrenador búlgaro con su triunfo? ¿Él creía en usted?
No se si creería en mí, pero creo que sí porque siempre me exigió mucho. Siempre me decía que yo podía ser campeón olímpico las veces que quisiera, pero que tenía que trabajar más y dejar de ser perezoso. 


¿Usted era perezoso?
No, para nada, soy muy consciente de la realidad de la vida que me da el deporte que elegí. Con el búlgaro yo tenía que trabajar 130 kilos todos los días, entonces, hombre, eso no hay máquina que lo aguante. Tú tienes un motor y si lo prendes todos los días y lo pones a 5.000 revoluciones, va a llegar el momento en que se va a fundir. No hay motor que aguante.


“Estoy indeciso si me retiro o no”


Hoy, victorioso, hábleme de los que no creyeron en usted, ¿qué decían que hoy la medalla los desmienta?
Bueno, el año pasado (que no fue un buen año para mí), algunas personas le decían a Francisco Mosquera, mi contrincante: “¿Si ve que si le puede ganar a Figueroa? Ese ya está viejo, ese ya no da más, aproveche que lo tiene ahí y sígale ganando, y en Olímpicos acábelo”. Decían que yo estaba viejo y que no era capaz de un kilo más.


¡Y mire lo que está levantando! ¿El premio incluye una platica?
Tengo entendido que sí.


¿Qué va a hacer con esa platica?
Yo soy inversionista, tengo mi propia empresa, un grupo de inversiones que se llama el Olimpo. Invierto en bienes raíces, compro, arreglo y vendo apartamentos y casas.


¿Es cierto que se retira?
Todavía estoy indeciso si me retiro o no.


Es que con el triunfo es difícil retirarse. 
Todavía no está decidido. Me voy a tomar estos dos años para terminar Administración de Empresas y hacer la maestría en Gestión Pública. Luego miraré esa posibilidad. Veré si finalmente me conquista la parte administrativa o me conquista Tokio 2020 (Sonríe).  


¿Cuándo vuelve a ver una pesa?
Las estoy viendo todos los días, yo sigo entrenando. Es un descanso activo, sigo entrenando pero no para tener el mismo nivel competitivo. 


¿Ayer cuánto levantó?
Ayer hice 100 kilos de sentadilla, 50 kilos de fuerza y 70 kilos de arranque.


Óscar, ¿dónde va a guardar su medalla de oro?
En una urna de cristal. Voy a hacer una habitación para ella en mi casa que estoy construyendo en Cali.


¿Cuándo se pasa a esa casa?
Si Dios quiere, en diciembre espero darme ese regalo de Niño Dios. Pienso reunir a toda la familia allá. 


¿Usted vive con su esposa?
No, no vivo con ella. 


¿Algo que nunca quisiera que se vuelva a repetir en su vida? 
Mirá, ve, yo pienso que nada. Cada momento difícil de mi vida lo superé y me hizo más fuerte. Entonces pienso que estoy preparado para las cosas que la vida me presente. Dios, mi papá y mi mamá me prepararon para la vida y eso es lo que he venido haciendo, luchando, y finalmente respiro tranquilidad. 


¿Cuál fue el momento más duro que lo fortaleció?
Indudablemente Beijing 2008.


¿La lesión?
Todo, todo… El maltrato que sufrí por parte de la dirigencia deportiva fue decepcionante. Me quitaron todo el apoyo. Mucho tiempo después vieron que lo mío era realmente serio, ahí sí estuvieron dispuestos a ayudarme y a creerme. Pero durante unos seis meses, más o menos, quedé prácticamente solo. Con esa decepción yo definitivamente hice una evaluación general de mi vida. El día de mañana me pasa algo más grave y sé que voy a quedar sin nada, voy a quedar solo. Eso me impulsó a comenzar mi carrera de Administración de Empresas.

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Finalmente Óscar, ¿en quién cree?
En Dios. Todo el tiempo.


Óscar, ¿su frase de todos los días?
Con Dios me acuesto, con Dios me levanto y que este día sea perfecto.


La tentación de la medalla


Al verlo con esa medalla de oro, dan ganas de tocarla.
Claro, mucha gente quiere tocarla, pero yo no lo permito. Mirar pero no tocar. Es algo místico, histórico, y yo soy muy arraigado a la historia. Leo mitología griega y me alimento del conocimiento detrás del deporte que practico. 


¿Por qué no se puede tocar la medalla?
Porque los dioses y reyes del Olimpo, que crearon los Juegos Olímpicos, inmortalizaban a sus guerreros con la corona de olivo y la medalla. En ese tiempo los dioses frenaban todo tipo de guerra. Llevaban la guerra a otro combate, pero sin derramamiento de sangre: los Juegos Olímpicos. Sacaban a sus mejores guerreros para que pelearan en las arenas, por eso la lucha es el deporte más antiguo. De esa manera sus guerreros alcanzaban la inmortalidad. La medalla que les daban solamente la podían tocar el guerrero y su familia. Ese regalo les daba un estatus que nadie más tenía en la sociedad. 


Ahora, usted es nuestro héroe mitológico.
Sí, gracias a Dios ya tenemos una gran mitología. Fíjense que también fui el primer campeón mundial juvenil que tuvo Colombia en levantamiento de pesas. Fui el primer medallista mundial de mayores que tuvo Colombia en levantamiento de pesas, el primer campeón del mundo en 2006. Fui el primer campeón mundial de mayores en el 2013. Fui el primer doble medallista y primer oro olímpico en el deporte colombiano; primer y único récord olímpico en la historia del deporte colombiano y no sé si me equivoque, pero creo que también soy el primero y único deportista colombiano que sus botas inmortalizan a Colombia hoy en el Museo Olímpico en Lausana, Suiza. 


¿Allá están sus botas?
Allá están mis botas.

 

Fotos: David Schwarz.

Video: Fraddy Vargas.

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