Alberto Linero: El hombre que se cansó de ser padre

El samario se enfrentó a su pasado para asumir el reto de experimentar la vida como un laico. Duró cuatro años masticando la decisión, que hoy produce malestar en un sector de la Iglesia católica. Y, a pesar de las críticas recibidas, se siente protegido por sus ganas de enamorarse y por el grueso de la comunidad, que confía en su mensaje sincero y respetuoso, lleno de enseñanzas, en un país con dos extremos muy definidos.

Alberto LineroDavid Schwarz

Es difícil meter en siete páginas media vida dedicada a la Iglesia. Durante 25 años, envuelto en túnicas blancas, que contrastaban con su piel morena, lentamente forjó la imagen de un hombre que un día lo empezaron a llamar “padre”, en vez de “Alberto”. (LEA: ¿Qué piensa de la decisión de Alberto Linero?)

En ese largo lapso construyó una carrera que se convirtió en una marca irrepetible, que pervive y se torna más fuerte, a pesar de los truenos. Primero, su mensaje llegó a la comunidad en misas  parroquiales, luego se replicó a través de la emisora Minuto de Dios. Posteriormente lo hizo en libros escritos de su puño y letra, hasta que su rostro y sus palabras se hicieron conocidos en televisión.

El padre Alberto Linero llegó con combustible de sobra  a la era de las redes sociales. Su barba entrecana, su sonrisa estentórea, su sencillez y su desparpajo caribe se consolidaron en Twitter, YouTube y Facebook, canales en los que se encuentra, a cualquier hora, en forma de textos breves, videos, charlas y entrevistas.

Su voz se sintió (aún se siente) como una firma confiable. Su mensaje nunca se quedó en el pasado, como ocurre con la institución que representaba. Las personas encuentran más transformadoras sus reflexiones que las interminables eucaristías.

Pero un día, hace cuatro años, sucedió lo inesperado. Después de un viaje, abrió la puerta de su casa en Bogotá y algo no le gustó. Lo que se presentó como una epifanía se convirtió en una sensación frecuente. Tenía una casa donde llegar, trabajo, un círculo de conocidos y amigos. Pero había un malestar muy profundo que partió su existencia en dos.   

P: En el libro ‘Mi vida de otra manera’ escribe que desde hace cuatro años nació la idea de cambiar de vida. ¿Tiene que ver con su mudanza a Bogotá?

R: De haber seguido viviendo en Barranquilla, mi vida sería la misma. Estaba acomodado, tenía mi grupo de dominó, mi tribu de tenis, mis amigos, no había posibilidad de sentirme solo. No necesitaba ganarme espacios, mi lenguaje era muy común, nadie me decía que era grosero al expresarme. Al estar en la capital, me tocó adaptarme y no logré hacerlo. No por la ciudad, sino por mí. 

P: ¿Se sintió desconectado, lejos del Caribe?

R: Ocurrió de la siguiente manera: estaba predicando en Brasil y un día, al llegar a casa, me di cuenta de que no había nadie, ni siquiera una mascota que me saludara. Eso me empezó a suceder los fines de semana, me iba los viernes a predicar a algún lugar y regresaba los domingos. Era paradójico, porque venía de estar con mucha gente y, al pasar la puerta de mi espacio, encontraba soledad, que es lo más similar a la nada. Me sentí aislado, alguien como yo, lleno de conexiones emocionales, no podía continuar así.

P: ¿Soledad de Dios?

R: No. Ese man va conmigo a todas partes, nunca he tenido problemas con Él. 

P: ¿Por qué no regresó a Barranquilla?

R: Los regresos no deben hacerse por necesidad. En la costa ya había gente reemplazándome, haciendo muy bien la labor que yo hacía. Si iba a huir, debía hacerlo hacia adelante. Si había que saltar, debía hacerlo hacia adelante. 

P:  El 5 de septiembre del año pasado, compartió en Blu Radio la decisión de renunciar al ministerio sacerdotal. 

R: Yo había dado una entrevista a El Heraldo, con el compromiso de verla antes de que la publicaran. El diario se chivió a sí mismo, el día que esperaba leerla, ellos se anticiparon diciendo: "Mañana sale la entrevista a Alberto Linero, en la que anuncia su retiro del sacerdocio”. Aunque el testimonio salió al día siguiente, el encabezado ya había informado todo. Entonces, el 5 de septiembre, cuando entré a la cabina de trabajo de Mañanas Blu, me encontré con los pantalones abajo y el agua lejos. Apreté los dientes. Néstor me guió. Me propuso informarlo a la audiencia y eché para adelante.  

P: ¿Cómo fue su renuncia formal?

R: Primero lo comuniqué a mis superiores, posteriormente escribí una carta al padre general, pidiendo que me dispense de mi compromiso de vivir y morir en la congregación. Del mismo modo, escribí una carta al Papa Francisco, solicitando que me dispense de mis compromisos sacerdotales. 

P: ¿Le dieron respuesta?

R: El padre general y el Papa Francisco me deben responder. No me han llegado las dos cartas. 

P: Mientras espera, ¿puede poner en práctica su decisión?

R: Ya vivo con mi decisión, las respuestas son formalismos. Las cartas fueron escritas a mano, muy cortas, de dos párrafos, en donde doy mis razones para tomar este camino.  

P: ¿Le tembló el puño?

R: Algunas las tuve que reescribir, me cayeron lágrimas y suspiros. Es la vida, soy un hombre intempestivo, me demoré dos horas. 

P: ¿A qué le tuvo miedo?

R: Tuve miedo de compartir esta idea. Fray Torquemada todavía existe en el corazón de algunos religiosos. Sabía que iban a apilar leña para quemarme. Me dio miedo la hoguera. Efectivamente me quemaron, sabía quiénes iban a hablar, hay comentarios en redes sociales, videos en YouTube de padres criticando mi decisión.  

P: ¿Hay gente que lo percibe como un traidor?

R: Tienen toda la razón en llamarme traidor, porque traicioné sus ideas, no las mías, ni las del evangelio. Cuando alguien me dice "eres un traidor", yo le doy la razón, porque no vivo el mundo entre blanco y negro, entre buenos y malos. Hay muchos grises que me gustan.

P: ¿Cuáles son las ideas de las personas que lo atacan?

R: Las que Jesús denunció como fariseas. Hoy vivimos un 'neofariserismo'. Lo digo en el sentido de aquel que cree que la ley religiosa salva, de aquel que cree que la salvación se gana. Si vuelve Jesús, esos mismos lo vuelven a crucificar. 

P: ¿Su caso estimula a otros curas que estén pasando por la misma situación para que den un paso hacia adelante?

R: Nadie corrompe a nadie. Esa vaina que decía mi abuela que "una manzana podrida daña la caja", entre los humanos no aplica. Cada persona es dueña y responsable de sus decisiones. Yo no siento que voy a inspirar a nadie, si alguien termina tomando una determinación, es porque lo cree conveniente.

P: ¿Cómo fueron los cuatro años que le tomó decidir?

R: Los experimenté con intensidad, soy apasionado; si sufro, lo hago con ganas. Lloré de verdad, hubo días de tristeza y soledad, de confusión, de no saber qué hacer.

P: ¿Volvería a la vida de sacerdote, en caso de arrepentirse?

R: A eso no le tengo miedo, temo a no hacer las cosas. En el peor de los casos, se regresa, aunque no creo que lo haga. Estoy seguro. Fueron cuatro años de reflexión.

P: ¿Por qué escribió 'Mi vida de otra manera'? ¿No fue suficiente la explicación que dio en vivo?

R: Lo peor que le puede pasar a un ser humano es hacer las cosas y no entender para qué las hace. Una de las maneras para entenderse es relatarse, decirse. Ese es el primer argumento por el cual escribí el libro. Lo hice para terminar de macerar las ideas que me gobiernan. No creí que mi vida fuera tan pública, creí que bastaba dar una explicación sencilla, oral. Tengo claro que, si no das respuestas, se genera un vacío, que se llena con especulaciones y estupideces. 

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La muerte, el infierno y el paraíso 

Una de sus experiencias más bellas sucedió con una persona que estaba esperando morir. Era un hombre mayor, arrinconado por  un cáncer en fase terminal. El joven Alberto se sentó a su lado, le habló un momento, no pudo terminar de dar la bendición porque el señor, finalmente, se fue. Esa tarde, en la década de los noventa, el entonces padre entendió que partir también es una buena noticia. “Dios a veces bendice quitando o maldice dando. La lógica no es tan simple”, concluyó ese día.

P: ¿Qué es la muerte?

R: Es trascender a una dimensión que no imaginamos, es un salto cualitativo. Es un estado diferente a todo lo que nos hemos imaginado. Nos tiene que romper la mente eso, siempre va a ser una experiencia de paz, de reinicio. ¿Si me preguntas cómo es? La verdad, no sé, no creo en ninguna de las experiencias de la gente que han vuelto, porque morir es precisamente no regresar. 

P:  Hace minutos dijo que vive en un mundo gris, que no se va al blanco o al negro. Teniendo en cuenta esto, ¿en su cabeza hay buenos y malos?

R: Hay seres humanos con valores distintos a los míos; no creo que, en esencia, haya alguien repudiable. Cuando me encuentro con seres que han cometido actos viles, también encuentro en ellos seres que aman, que han sido víctimas y ahora, tal vez por venganza o por reacción, son victimarios. 

P: ¿Ha odiado?

R: No. He tenido ataques de ira. Soy de temperamento fuerte y me he llenado de ganas de darme en la jeta con alguien. Tengo la ventaja de que eso pasa rápidamente, sé recuperar la tranquilidad. Soy como las olas del mar: son fuertes, grandes, sirven para surfear, pero se van al cabo rápido. 

P: ¿Esos episodios de ira han vuelto, ahora que hay detractores de su decisión?

R: Me blindo pensando en la gente buena que dice cosas chéveres. No puedo enfocarme en los que me dicen cosas feas. No puedo negar que a veces me sacan la piedra y quisiera contestar como lo hacía en el barrio. Pero no puedo parecerme a mis enemigos. Es la peor desgracia, tal vez es lo que más sucede en Colombia. Terminamos siendo similares a las personas que consideramos que no hacen las cosas bien. 

P: ¿En dónde se encuentra el paraíso?

R: El paraíso se encuentra donde está la gente que amamos. Hoy mi plan es estar en Bogotá. Aquí tengo mi trabajo, me iré a vivir en el mar cuando corresponda, en diez años quiero estar en el Caribe. 

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Del amor y otros demonios

El corazón late rápido al ver pasar a la persona que te gusta. En este caso es una mujer. ¿Alguien se ha puesto a pensar en lo que sucede cuando está tocado por la fuerza de la atracción? A todos les debe suceder igual, o al menos lo perciben de modo similar. El encanto puede ser paralizante y bipolar. Bipolar porque del frío se pasa a la fiebre. En un segundo, la razón queda reducida al deseo. Han transcurrido 25 años y Alberto Linero está abierto a enamorarse. Es un cuarto de siglo controlando sus instintos, aferrado al celibato, aunque ya no. ¡Ya no más!

P:  Hablando del amor, le va a tocar aprender a ser novio. ¿A sus 50 años, nunca lo ha sido?

R: Es un tema complejo, va a ser difícil. Espero que la persona con la que pueda construir una relación sea paciente.  Me defino como alguien que quiere aprender siempre.

P: Descríbame a la mujer con la que le gustaría salir.

R: Me enamoro de seres humanos, de gente que sume las dos cosas, de gente que me fascine mental y físicamente. Yo soy ‘sapiensensual’, si me preguntas cuál es la mujer de mi vida, no la tengo, no sé cómo es, busco a alguien llena de ternura, que sepa cuidarme, consentirme y dejarme ser. Yo intentaré darle lo mismo.

P: ¿Tiene miedo a que los paparazis le tomen una foto de la mano con su novia?

R: No. Mi vida es pública, mi vida es tranquila, serena, después de que no esté haciendo algo que dañe la sociedad, me voy a sentir libre. Si algunos no están de acuerdo, de malas ellos. Me encantaría ir al Carnaval de Barranquilla y bailar con una mujer que ame. Ni siquiera me preocupa la desnudez, imagínate tú.

P: No tiene novia y ya renunció a ser padre. ¿Se sigue sintiendo solo? ¿Estará pleno el día que encuentre una pareja?

R: Me he ido involucrando en círculos sociales. Tengo rutinas, amigos nuevos, proyectos que, como no están concentrados en lo ministerial, me han abierto puertas. Le tenía  temor a la noche, me formaron para no estar en ella, ya no tengo miedo de tomarme un café.

P: ¿Se va a animar a emparrandarse hasta la madrugada?

R: Todavía hoy no la he vivido. Me invitas a un café y a las 9:00 p.m. ya quiero irme para la casa. Si me pones a caminar la ciudad, te confieso que me asusto. Voy ingresando poco a poco en la vida nocturna. Soy un parrandero sano, canto con un acordeonero, pero yo no ingiero licor, no necesito nada más que mi alegría para divertirme. Soy Genovevo Linero, medio vino me puedo tomar, no es una tragedia tomarse un trago.

P: ¿Extraña el seminario?

R: De mi vida ministerial extraño todo. También gozo de cosas que allá no tenía. Extraño presidir los sacramentos, extraño lógicas de vida propias de la comunidad, algún sentido de oración, de ambiente eclesial. Hoy los límites son distintos. A veces puedo decir cosas que en ese otro contexto no podía decir.

P: ¿Legalizaría el consumo de drogas?

R: La droga le hace daño al ser humano, más allá de un pecado, daña la salud. Creo en la libertad de los seres humanos. Cada uno desarrolla su personalidad, no creo en las castraciones, creo en la educación y en la gente que es capaz de elegir su rumbo. 

P:  ¿Apoya el feminismo o considera que es una idea de 'mamertas'?

R: Creo en la equidad de género. Nosotros los varones tenemos una deuda con las mujeres. Hemos creado una cultura machista. Los relatos son patriarcales ¡Dios terminó siendo un hombre! Nos han enseñado a relacionarnos ofensivamente con ellas. Reconozco la deuda que tenemos.

P: ¿Cuál es su posición frente a la comunidad LGBT? ¿Garantizaría los derechos que tienen a casarse y a adoptar niños?

R: El Estado debe permitirles  realizarse como seres humanos, con todas las garantías civiles. No es cierto que este mundo sea exclusivo de los heterosexuales, este mundo es para ser humanos independientemente de sus gustos y elecciones. A la gente no la define lo que hace con sus genitales. 

P: ¿Cómo es su relación con el papa Francisco?

R: Lo amo. El Canal Caracol me dio la oportunidad de ir como reportero a su elección. Eso fue bello, desde ahí me encanta lo que dice. Es mi Papa y seguirá siéndolo. Cuando estuvo en Colombia, lamenté no podérmelo encontrar. Seguramente, algún día lo podré ver a los ojos y decirle cosas.

P: ¿Los partidos del Unión Magdalena, ahora que está en primera división, los verá con traguito, en un sillón, frente al televisor? 

R: Me encanta ir al estadio, la afición, el grito, el abrazo con el man que uno no conoce, pero que apoya los mismos colores. Los veré con mis papás o con mis hermanos, los disfrutaré. Espero que se quede en la A, porque ese es su lugar. 

P: ¿Cómo va a ser el 2019?

R: No lo planeo, lo voy a vivir con lo que traiga ¿qué traerá? lo que Dios quiera y lo que yo sea capaz de hacer y decidir. Me lo imagino más concentrado en mí, me lo imagino construyendo una relación de pareja, estoy creando empresa, trabajando en redes con mayor fuerza; quiero ir a Japón, dar conferencias, me imagino hablando en Blu Radio todas las mañanas. Sueño con escribir y dirigir una película.