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Alejandro Gaviria: "A la Universidad de los Andes le falta diversidad socioeconómica"

Hace un año, en medio de un homenaje, su hijo Tomás reveló que la mayor ilusión de su papá era ser rector de la Universidad de Los Andes. Hoy, el ingeniero, economista y escritor responde a nuestras preguntas después de haber hecho ese sueño realidad.

Alejandro Gaviria, rector universidad de los Andes
Fotos: David Schwarz.

Un libro que rechine en su biblioteca.

Una crítica religiosa a la teoría de la evolución. Lo compré por error.

Su momento para dispersar la mente.

La ducha los fines de semana.

¿Qué pasó con el telescopio casero que compró en los 80’s?

Desapareció como casi todo. Quedaron los recuerdos de las lunas de Júpiter.

Su colección más íntima.

Una de amonitas de todos los tamaños. Podría ponerle un nombre de poema, “Desde la eternidad”.

¿Cuál es la fascinación de la astronomía?

Que nos recuerda nuestra insignificancia y nuestra ignorancia fundamental.

Un sueño reciente cumplido.

Volver a ser profesor.

Un ritual para escribir.

Ordenar el escritorio de manera obsesiva

¿Qué le quedó faltando en el ministerio de salud?

El impuesto a las bebidas azucaradas y la solución definitiva de los problemas financieros

Un consejo para los jóvenes que están a punto de graduarse.

Que el primer contacto con el mundo de trabajo no es definitivo, que sigan experimentando.

Algo que le hayan prestado y nunca devolvió.

Libros y cargadores de celular.

¿Qué le hace falta a la educación universitaria?

Amplitud, rango, menos especialización.

¿Y a la Universidad de los Andes?

Diversidad socioeconómica

El mejor cambio de su vida.

Quiero hacerle un homenaje a Bogotá. Venir a vivir a esta ciudad me cambió la vida.

Un buen día de la semana.

Sábado (el día que estoy contestando esta entrevista)

Educación gratuita, ¿para quién?

Para quienes quieran, lo merezcan y no puedan

¿A qué colombiano le daría un Nobel y cuál?

A Nubia Muñoz, el de medicina.

¿Cuál es su opinión más frecuente?

Mis protestas por la sobresimplificación del mundo y la civilización del espectáculo de los medios y los políticos.

¿Qué consejo les daría a los papás?

Que las palabras importan. Podemos herir muy fácil a nuestros hijos. Son un blanco demasiado fácil.

¿Qué cita se quedó sin cumplir?

Llevó casi 30 años sin ir al estadio Atanasio Girardot de Medellín. Una cita futbolera aplazada por demasiado tiempo.

 
 

 

¿Por qué la educación y no seguir en el camino de la política?

Porque uno debe conocer sus límites y sus fortalezas. Yo soy un educador más que cualquier otra cosa.

Si fuera invisible, ¿a dónde le gustaría entrar?

A una reunión de alguna empresa farmacéutica en la que se fijan los precios de los medicamentos

¿Qué es lo más frustrante de su trabajo?

Las reuniones eternas

¿Qué lo saca de casillas?

El maltrato a las personas por aquellos que tienen algún poder

¿Qué va a hacer con los profesores que tienen una postura política marcada?

Nada.

¿Cuándo se inventó su brújula?

Nunca de manera definitiva. Apunta para todos lados.

¿Qué mensaje le repite con frecuencia sus hijos?

Que no se dejen llevar de la corriente

Una motivación para levantarse todos los días.

Muchas. Observar el mundo, conversar y tratar de aprender algo nuevo.

¿Marihuana y licor en la vía pública?

No me gustan las prohibiciones absolutas. Sí, pero no en todas partes.

¿Cuál ha sido su mayor logro?

Ir de la teoría a la práctica sin perder la coherencia

¿La letra con sangre, entra?

Para nada. Esa es una teoría de curas sádicos.

¿Agnóstico, católico o ninguna? ¿Por qué?

Ateo, eso de “agnóstico” es un eufemismo sin mucho sentido.

¿Cuál es su estado mental actual?

Incertidumbre a ratos, pero también tranquilidad, el sosiego que viene con algunas metas cumplidas.

Su ídolo futbolístico de la infancia.

Raúl Ramón Navarro, arquero del Nacional.

¿Los Andes es un espacio para unos poco privilegiados?

Esa es una caricatura equivocada. Es una comunidad académica comprometida con la excelencia y la educación.

¿Qué volvería a estudiar?

Economía, esa filosofía de tenderos como dijo alguien.

Su número de suerte.

Me gusta el número 19. Un número primo sin pretensiones, pero inquietante.

Su mayor acto de lucidez.

Tal vez la catarsis pública ante la enfermedad.

Una canción para celebrar la vida.

“Stir ir up” de Bob Markey

¿En qué juego detesta perder?

En parqués.

¿Qué recuerda de su paso cuando fue decano de la facultad de Economía?

Un postre que nos daban en los consejos de facultad.

¿Cuándo se va a lanzar a la presidencia?

Digamos que nunca mientras conserve alguna sensatez.

¿Cómo se encuentra su salud?

Bien, con achaques e incertidumbre, pero ahí vamos.