Ana Karina García: "A la mujer venezolana la alejaron de sus hijos y salió a la calle"

Llegó hace un año a Colombia. Desde el exilio, esta abogada y activista caraqueña de 28 años sigue siendo una de las voces líderes de los jóvenes de su país, que hoy son símbolo de resistencia ante el mundo. Para ella, el regreso a reconstruir una Venezuela democrática es más que un anhelo, es una promesa.

Fotos: Daniel Álvarez

Siempre dije que estaba dispuesta a ir presa. Pero cuando la dictadura arreció, una mujer que estuvo en la cárcel me convenció de que no tenía sentido que me encerraran y me violaran; esa iba a ser una herida que nunca olvidaría. Yo iba a hacer más por Venezuela si estaba libre y, por eso, decidí cruzar la frontera hacia Colombia.

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El 23 de febrero del 2018, el director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebín), Gustavo González López, acusó en radio y televisión al partido de Leopoldo López, Voluntad Popular, y a su dirigente, Ana Karina García, de ser los actores intelectuales del intento de secuestro al entonces presidente del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes. Como no era la primera vez que Ana Karina era perseguida o amenazada por el gobierno de Nicolás Maduro, lejos de pensar en huir, decidió permanecer en la clandestinidad por un tiempo. Sin embargo, cada vez más fuentes le aseguraban que la decisión no tenía vuelta atrás: la iban a meter presa.

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Sus padres escogían cada año un lugar en el mapa para visitar durante las vacaciones. Viajaban por tierra, porque solo de esta forma era posible conocer de cerca los rincones de su país. Era una Venezuela distinta, donde la familia podía subirse al carro y aventurarse sin miedos. Mar, llano, montaña, sabana, todos esos paisajes los vivió Ana Karina en su infancia.

Aunque nació en Caracas, creció en Valencia. Allí, Ana Karina pasó los años del colegio y en el último, cuando estaba a punto de graduarse, tuvo su primer encuentro con la política. El gobierno había decidido cambiar el currículo escolar y la suya iba a ser una de las instituciones pilotos. “Trancamos la puerta del colegio y no dejamos que el Ministerio entrara. Salimos a las calles a protestar para que no se impusiera esa ley. Al final, lo logramos y pude terminar mi bachillerato. En ese momento empezó mi activismo político”.

Atraída por el movimientoestudiantil que se estaba gestando en la época, Ana Karina tomó la decisión de estudiar derecho en la Universidad Católica Andrés Bello, donde se formaban los mayores líderes políticos del país. Como miembro del movimiento al que se unió desde el primer año, hizo parte de las luchas por las reivindicaciones estudiantiles contra la reforma estudiantil, las violaciones a los derechos humanos, la censura y, la que al final fue la principal motivación de su generación, el cercenamiento de la libertad individual del pueblo venezolano.

 

“El régimen no entiende que fracasó. Hicieron más fuerte a esta juventud que decidió quedarse para seguir luchando”, dijo García antes de verse obligada a huir.

 

Ya graduada como abogada, en el 2014, Ana Karina entró al partido político Voluntad Popular –fundado por Leopoldo López–. Se convirtió en una de las voces más duras contra Nicolás Maduro y en figura de las protestas estudiantiles que tomaron fuerza, desde el mes de febrero, y donde se hicieron visibles las detenciones arbitrarias, las torturas y las violaciones a los derechos humanos cometidas por parte del gobierno. La situación la denunció Ana Karina ese mismo año, enMultimedia Paraguay, durante la asamblea de la Organización de los Estados Americanos (OEA): “Hoy me dirijo a ustedes en nombre de todos los torturados, perseguidos, asesinados y heridos por el régimen de Nicolás Maduro. A Alexander Tirado, un joven preso por protestar, le lanzan bombas lacrimógenas dentro de su celda, para impedirle que pueda respirar, le tiran la comida en el piso para que tenga que lamerlo para poderse alimentar, le ponen música alusiva al oficialismo a todo volumen, todo el día. Esa es una de las tantas torturas que sufren los jóvenes en mi país”, decía el discurso con el que le pidió a la comunidad internacional alzar la voz y no seguir siendo cómplice de esta crisis.

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En diciembre del 2017, Ana Karina se midió, por primera vez, en una elección para ser la responsable nacional de Juventudes de Voluntad Popular. Ganó. En enero, al cumplirse cuatro años de la detención de Leopoldo López, lideró un acto que se llamó Ideas en Rebelión, que reunió jóvenes de todo el territorio para hablar del país, en términos de petróleo, turismo, seguridad, y para en viar un mensaje al Palacio de Miraflores: “El régimen hoy no entiende que fracasó. Hicieron más fuerte a Voluntad Popular, a Leopoldo López y a esta juventud que decidió quedarse en Venezuela para seguir luchando”, expresó García. Días después de ese encuentro, fue acusada por el Sebín de ser la autora intelectual de un plan para secuestrar, extorsionar y asesinar al presidente del Banco Central de Venezuela. A pesar de haberse jurado no dejar el país, el momento le llegó. Era inevitable, si deseaba seguir con su lucha.

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La lucha desde el exilio no ha sido fácil. "Los primeros meses te la pasas pensando que es solo por poco tiempo. No quieres hacer tu vida acá porque esperas regresar a Venezuela, en cuestión de días. Luego asumes tu realidad, que no vas a regresar mañana y tienes que conseguir dónde vivir, cómo comer, un trabajo, convalidar tus títulos, sacar papeles, crear cierta estabilidad”. Sin embargo, desde Colombia, sigue gerenciando las juventudes del partido. “Yo represento a los jóvenes y a las mujeres que luchan en las calles de Venezuela, que no descansan. No puedo dejar que se olviden a nuestros compatriotas caídos, que dieron su vida por la libertad. Nuestro rol como generación es hacer que el mundo no los olvide y que sean el símbolo de la lucha”.

—Representa a los jóvenes de su país, pero también a las mujeres. ¿Cómo ha sido la lucha de ellas los últimos años?

—Venezuela es una sociedad matricentrista. Es un país donde el sustento de la familia es la mujer, no el hombre. Eso ha hecho que esta sea la más afectada con la crisis. Si tu eres el sostén de tu casa, a ti te toca decirles a tus hijos que no tienes con qué darles de comer, a ti te toca salir a la calle a defenderte, a trabajar, a conseguir el alimento.

—Han sido un símbolo de resistencia

— Sí. Yo creo que una de las cosas que está haciendo que Maduro esté a punto de caer, es que a la mujer venezolana la alejaron de sus hijos. La juventud, en su mayoría, tuvo que migrar para conseguir medicina, para poder enviar dinero a su familia, o por persecución política.

Entonces, la madre venezolana salió a la calle a protestar. La fuerza de ella está en el deseo de que sus hijos regresen a casa y ese ha sido un símbolo muy importante que ha hecho que se levante un pueblo y que en esta lucha se posicione la sensibilidad, porque al final es eso, es un tema humano. Más allá de la política, esto es una lucha por la vida y por la libertad.

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En noviembre del año pasado entró a trabajar en la Federación Nacional de Departamentos, donde da asesorías en temas de frontera, derechos humanos, migración y, por supuesto, ayuda a los compatriotas que se encuentran en el país. Ana Karina cree que desde el gobierno existe voluntad para acoger y ayudar a los migrantes, pero los recursos son limitados: “A Colombia le tocó recibir una migración que no esperaba. Ha sido increíblemente solidaria, pero no tiene la capacidad de atender a los dos millones de personas que están ingresando, porque no tiene los recursos y porque está saliendo de un conflicto. Ha hecho su mayor esfuerzo, pero necesita a la comunidad internacional, que ha sido buena en discurso, pero no en acciones”.

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El pasado 23 de febrero, cuando ingresó a Venezuela la ayuda humanitaria desde Colombia, Ana Karina cruzó la frontera. “Tuve emociones contradictorias. Sentí patriotismo, porque crucé la frontera, a pesar de que el gobierno no me lo permite. Lo hice, y nadie me lo pudo impedir. Pero también abatimiento, rabia, miedo. Lamentablemente es un territorio inmerso en el caos. La gente camina triste, con hambre”.

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—¿Como recuerda Caracas?

— Yo la recuerdo con mucho cariño. Pero la última vez era una ciudad desordenada, oscura, con sangre en su asfalto. Había miedo en el ambiente. Espero regresar para transformar la ciudad y que mis hijos y mis nietos puedan ver la Caracas feliz que yo no olvido. Estoy segura de que la vamos a recuperar y que, además, Colombia va a tener mucho que ver en eso.