Anulan el recuento de cisnes reales en el Reino Unido por el coronavirus

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Este censo se ha cancelado solo en una ocasión en casi 900 años. Estos animales han sido tan valorados a través de la historia, que aquellos que robaran sus huevos eran enviados a prisión.

El Palacio de Buckingham confirmó que el censo anual de cisnes reales, conocido como el  'Swan Upping', una tradición británica que había sido cancelada en una sola ocasión en casi 900 años de existencia, no se realizará este año a causa de la epidemia de coronavirus. Desde 1186, el monarca del Reino Unido es el propietario legal de todos los cisnes mudos (blancos o vulgares), llamados así por un pequeño bulto negro que lucen sobre el pico. Cada año, el Swan Marker (marcador de cisnes) y sus asesores, los ‘swan uppers’, remontan el Támesis a bordo de botes a remo, para verificar el estado de este patrimonio real.

Vestidos con sus chaquetas rojas con insignias reales y luciendo una pluma en su gorra, los marcadores observan a los cisnes jóvenes, los miden y los pesan para confirmar su buena salud. 

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Este año, este ceremonial "debería desarrollarse entre el 13 y el 17 de julio, entre Sunbury-on-Thames (oeste de Londres) y Abingdon (cerca de Oxford)", precisó el palacio. Se trata de la segunda vez desde el siglo XII que esta antigua tradición es cancelada. La precedente fue reciente, en el 2012, a causa de inundaciones.

"Aunque no es inesperado, es decepcionante que el público y los escolares locales no puedan disfrutar el 'Swan upping' este año", lamentó David Barber, el 'Marcador de Cisnes', subrayando que se trata de una "gran oportunidad para los jóvenes" británicos. 

Originalmente, esto cisnes eran censados porque figuraban entre los platos preferidos en los banquetes reales. Antaño eran tan preciados que, en el siglo XVI, quienes robaran sus huevos eran condenados a prisión y a pagar una fuerte multa.

La tradición

“Todos a bordo”, gritan los ‘swan uppers’ y se dirigen hacia un grupo de cisnes. Luego, ubican sus botes estratégicamente alrededor de las aves, las levantan del agua y revisan su salud. Este icónico viaje de cinco días ha sido una ceremonia anual durante cientos de años y, en la actualidad, se concentra en dos objetivos: la conservación y la educación.

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Los cisnes, por supuesto, ya no se comen, pero son protegidos. Los encargados de esta tarea deben revisar que no tengan lesiones, provocadas, generalmente, por elementos de pesca. La reina aún tiene el derecho de reclamar la propiedad de cualquier cisne que no esté marcado en las aguas abiertas.

Pero más allá de la labor de protección, esta tradición acerca a la comunidad, conecta a los niños a la historia y a las ciencias, y es un espacio ameno de encuentro en el que los más pequeños se divierten con las numerosas aves que llegan a saludar.

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