"Asumí que debía trabajar el doble y ser constante y fuerte", Indhira Serrano

Como madre de dos hijos me imagino una Colombia donde no te agredan por pertenecer a un grupo, a una etnia.

Por: Indhira Serrano

Actriz de la serie de televisión Azúcar

40 años.

 

Al principio no tenía mucha consciencia de pertenecer al grupo afro, porque me crié en un hogar multirracial, con antepasados negros, blancos e indios. No había una identidad hacia un grupo étnico específico, y fue hasta después de entrar a la fuerza laboral que tomé consciencia de que había una realidad y un grupo étnico con el que estaba identificada y que sufríamos discriminaciones y limitaciones en el acceso a oportunidades.

 

A medida que fui creando mi propia identidad, entendiendo quien era y aprendiendo a convertir mis supuestas debilidades en fortaleza, y las características que deberían avergonzarme en mi orgullo, nació la necesidad de compartir mis experiencias y abrir camino para otras personas de mi grupo étnico.

 

Creo firmemente que no se puede hablar en términos de aportes por grupos étnicos, porque ha llegado el momento (en aras de la inclusión) de hablar del aporte de todos, como colombianos, sin importar nuestra etnia, nuestra región o nuestras creencias y empezar a identificarnos como un grupo, como ciudadanos de este país con un solo interés: ¡la paz!

 

Creo que este proceso de pasar de entender la exclusión de la que he sido objeto a participar en el proceso de cambio ha sido gradual. Al comienzo tuve que luchar contra la impotencia que sentía al descubrir cada situación injusta, con el tiempo adopte la posición de asumir que debía trabajar el doble y ser muy constante y fuerte para obtener los mismos resultados, luego entendí que para poder lograr cambios tenía que estar en una posición visible y legitimada por mi trabajo y mi comportamiento y luego entendí que tenía que aprender de todos a mi alrededor cómo ser mejor, cómo lograr mis metas y, en ese camino, no centrar mi atención en la autocompasión. Jamás, pues ese sentimiento impulsa la mediocridad. Ser fuerte es la única opción. Una vez entendí todo esto y lo puse en práctica en mi vida, empece a compartir mis experiencias con otras personas a las que les pueden ser útiles.

 

Indhira

Trabajo en el reconocimiento de mi belleza como un tipo diferente del patrón establecido en ciertos espacios, pero basada en lo que soy y no en tratar de imitar imágenes que no me pertenecen.

 

Creo que puedo dividir las adversidades que he tenido en dos tipos: las externas, que salen de las creencias y prejuicios de los otros, y las internas, que salen de las creencias y prejuicios que tengo dentro de mí.

 

Entre las externas hay muchas anécdotas: me han impedido la entrada a sitios, han tratado de sacarme de trabajos que ya había obtenido con méritos, me han confundido con personajes peligrosos, he descubierto que he recibido alguna vez un valor menor por mi trabajo basado solo en mi color de piel, he recibido malos tratos, respuestas groseras y desprecio.

 

Me han dicho que no tengo entrada a un mercado de trabajo por ser negra, lo que me ha hecho mudarme un par de veces en mi vida.

 

El segundo tipo de adversidad es el que ha sido sembrado dentro de mí, el que me convenció desde niña de que yo valía menos, y que muchos de mis méritos y logros eran inferiores a los de otros, y que lo que lograba no era fruto de esos méritos sino de la compasión de quienes me “daban una oportunidad por la que debía estar eternamente agradecida”, que las mismas características que me hacían negra, me hacían fea y que, por lo tanto, debía esconderlas.

 

He trabajado mucho en aprender el merecimiento, en entender que merezco lo mismo que cualquier otro ser humano sin importar de donde vengo o sin que tenga nada que ver con mi etnia. Y en el reconocimiento de mi belleza como un tipo diferente del patrón establecido en ciertos espacios, pero basada en lo que soy y no en tratar de imitar imágenes que no me pertenecen.

 

No solo las armas reales que se levantan en los campos y en algunas partes de nuestras ciudades, sino las armas que esgrimimos cada día entre nosotros. Es necesario empezar un proceso de educación para que entendamos que la secuela más fuerte que afrontamos los colombianos es el nivel de violencia con el que nos comportamos en nuestra cotidianidad, la necesidad de atacar y de defendernos cada segundo es lo que hace invisibles a nuestras comunidades.

 

Como madre de dos hijos me imagino una Colombia donde no te agredan por pertenecer a un grupo, a una etnia, por tener una preferencia religiosa o sexual, o por ser de una región u otra.

 

Mis hijos son mezclas, son mulatos. A mi hijo mayor le he enseñado siempre cuán orgullosa me siento de lo que soy y cuán orgulloso debe sentirse él de sus raíces, pero lo más importante y lo que creo que debe pasar en esta sociedad que cada vez se mezcla más, es respeto por las diferencias y respeto por sí mismo. Llegará un momento en que los límites entre una etnia y otra se volverán más difusos.

 
 
Foto:Cortesía RCN, Noé Herrera.