¿Cómo montar empresa siendo mujer?

Tomar riesgos al tiempo que se ejerce la maternidad o se prescinde de ella implica diferencias para las mujeres con respecto a los hombres.

Por: María Alejandra Medina.   

Fotos: Daniel Álvarez y david Schwarz.

 

Emprender es un camino diferente para cada persona. La idea de negocio puede surgir clarísima desde el principio, después de detectar  una necesidad en el mercado o una demanda insatisfecha. Pero también puede definirse y transformarse sobre la marcha. Algunos emprenden porque ven la oportunidad y, otros, por necesidad. Fracasar es una palabra que se escucha con frecuencia, muchas veces hace parte del proceso. Pero algunos prefieren hablar de aprendizajes y de lecciones en lugar de derrotas. 

 

Lo que nadie pone en duda es  que emprender, en cualquier caso, requiere de esfuerzo. Según el último estudio Doing Business –un escalafón del Banco Mundial que mide el clima para hacer negocios en diferentes países–, en la actualidad, un emprendedor de Bogotá dedica once días y el 14% de sus ingresos en el registro de una nueva empresa, en comparación con los  44 días y el  28 % que se necesitaban en el 2003. Menos difícil, pero todavía cuesta. Ahora bien, ¿acaso ser mujer o ser hombre supone alguna diferencia a la hora de iniciar un negocio?

 

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Paula Rincón creó Think and Talk y es la responsable de la licencia de TEDxBogotá Mujeres.  

 

La pregunta tiene sentido al reconocer que la relación entre ellas y la actividad económica ha sido muy distinta a la de los hombres históricamente. No fue sino hasta el siglo XX que, por ley, las mujeres lograron su independencia en ese sentido, al poder manejar sus propios bienes, en lugar de que lo hicieran sus maridos. Y basta con echar un vistazo a la historia empresarial del país para notar que ha sido un mundo dominado por hombres. De un listado de 300 presidentes y directores de grandes organizaciones antioqueñas entre 1940 y 2004 –que Nicanor Restrepo mencionó en su libro sobre el empresariado de la región y su influencia en la política–, apenas 14 son mujeres. En la lista de ‘Presidentes de grandes empresas antioqueñas destacados en el sector público o en la vida pública’, para el mismo lapso de 64 años, no hay ninguna.

 

Hoy la situación sigue siendo desigual, pero mejora. De acuerdo con el ranking de equidad de género en las organizaciones, de la firma Aequales y el CESA, el 38% de las posiciones de liderazgo en las 164 instituciones que participaron de la medición están ocupadas por mujeres. Hubo una mejora, pues el año anterior la cifra había sido 34%. Aun así, el desempleo, como un todo, afecta en mayor medida a las mujeres, y es algo que va en aumento. Entre julio y septiembre del 2016, del total de personas sin trabajo en Colombia, 55% eran mujeres, y en el mismo periodo de este año la cifra llegó a 57 %, de acuerdo con los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

 

No es raro, entonces, que emprender sea para ellas una alternativa. En el mundo, en promedio, las mujeres tienen mayores probabilidades de iniciar un negocio por necesidad –20% más que los hombres–, según Global Entrepreneurship Monitor. La última versión de este informe reconoce un progreso: si bien es menos probable que ellas empiecen un negocio, la actividad empresarial femenina ha aumentado un 10% y la brecha de género se ha reducido un 5% a nivel global. De todas formas, la probabilidad de que el emprendimiento femenino se interrumpa es 10% mayor a la del masculino.

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Gigliola Aycardi es cofundadora de Bodytech.
 

¿Por qué? ¿Qué es lo que hace diferente al emprendimiento femenino? En su tesis de maestría en Estudios de género, Ruth Suárez Gómez lo resumía así en el 2011: “Las mujeres (la autora tomó 20 casos) deben combinar sus iniciativas productivas con el cuidado familiar, para lo cual implícitamente restringen el crecimiento de sus actividades hasta un tamaño micro o pequeño”. Es decir, pese a que las mujeres se educan –incluso más que los hombres– hay límites que muchas veces ellas mismas se ponen para poder cumplir con sus responsabilidades domésticas y poder mantener la flexibilidad de tiempo, que es uno de los alicientes para ser trabajador independiente.

 

“Emprender es un reto para los dos géneros, pero social y culturalmente los señores tienen un poco más de libertad que las señoras”, dice Paula Rincón, creadora de Think & Talk, una compañía dedicada a formar en habilidades personales para la comunicación. Más aún, aparte de que arrancar un negocio es diferente entre hombres y mujeres, los casos entre ellas mismas pueden ser muy distintos. En su estudio, Suárez Gómez reconoce esto, y advierte que las condiciones cambian según la edad, el nivel educativo, la conformación de la familia y las responsabilidades que las mujeres tienen con ella, por ejemplo. No todas las mujeres ni sus vidas son iguales.

 

El caso de Rincón, quien además es la responsable de la licencia de TEDxBogotá Mujeres –un espacio de conferencias para destacar temas de mujeres e infancia–, es muy distinto al de, por ejemplo, Gigliola Aycardi, cofundadora de los gimnasios Bodytech. Mientras Paula reconoce que emprendió “grande”, alrededor de los 33 años, Aycardi lo hizo con casi 10 años menos, a los 25. Asimismo, la experta en comunicación afirma que no siempre tuvo la vena emprendedora, como pudo haberla tenido la cofundadora de Bodytech, una ingeniera industrial que arrancó un MBA en los años noventa –en el que conoció a su socio–, debido a que quería ser su propia jefa.

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María del Mar Pizarro creó Biogar. 

 

Ambas señalan que pensar que tendrían más tiempo libre resultó ser un error. Su ambición y sus ganas de ir más allá de una microempresa las llevó a eso. “Al emprender, lo único que uno no tiene es tiempo, además pierde las vacaciones y ‘desconectarse’ no es una posibilidad”, señala Rincón. Aparte de decir que tiene 286.000 jefes, que son los afiliados a Bodytech, Gigliola Aycardi afirma que a un negocio naciente hay que ponerle “alma vida y corazón. No es ni por ratos ni el fin de semana. Tampoco es un camino de rosas, y por eso no es para todo el mundo. Hay personas emprendedoras y otras que son empleadas y ambas son completamente válidas”.

 

Emprender implica riesgos y, de entrada, supone retos como los financieros. Cuando Aycardi y su socio, Nicolás Loaiza, decidieron hacer realidad la empresa que se habían imaginado para una de sus clases en la Universidad de los Andes, y que, bajo todos los escenarios, parecía rentable –incluso en uno pesimista–, los bancos no les abrieron sus puertas, pues consideraban que no tenían garantías suficientes. Por eso tuvieron que obtener parte de los recursos para arrancar hipotecando la casa de la mamá de Gigliola. Nunca se sintió discriminada o tratada de forma diferente a su socio por ser mujer a la hora de emprender en Colombia, pero ambos fueron discriminados por ser jóvenes. En Perú y en Chile, a donde Bodytech se expandió, la cosa cambió: allí, ella y las mujeres del cuerpo directivo sintieron que la voz masculina tenía más peso en el momento de hacer negocios. 

 

Hipotecar el apartamento de su familia también fue la forma de arrancar de María del Mar Pizarro, creadora de Biogar, una línea de productos de aseo amigables con el medio ambiente y la salud de los seres humanos. Pizarro es politóloga y decidió dar inicio a su negocio después de regresar de Londres y notar que, contrario a lo que ocurría en ese país europeo, la oferta de productos de limpieza libres de compuestos químicos era muy escasa en Colombia. Viajó por muchos países para inspirarse y buscó ingenieros químicos colombianos que la ayudaran a desarrollar su idea. “Cuando empecé hubo quienes sí me dijeron: ‘Usted no sabe de eso’ o que iba a fracasar. A las mujeres se las ve un poco distinto. A los hombres se los empuja a ser aventureros, pero a las mujeres se las cohíbe más a la hora de tomar riesgos”. 

 

Pizarro fue la ganadora del premio ‘Mujeres que impactan’, que entrega Endeavor Colombia, una organización que se dedica a apoyar emprendimientos de gran potencial (Bodytech fue uno de los primeros) y que es liderada por una mujer, Adriana Suárez. En el jurado para entregar el galardón estaba Paula Rincón. Hoy, Biogar tiene su producción cerca de Bogotá, genera seis empleos directos, cerca de 20 indirectos, y está empezando su operación en México. María del Mar afirma que su meta en Colombia es sustituir las importaciones de las materias primas que no encuentra en el país. En México, también quiere apoyar la economía local, por lo que espera conseguir proveedores mexicanos y fabricar el producto en el territorio azteca. En el fondo también está la idea de que transportar de un país a otro toda esa mercancía resultaría muy contaminante.

 

Diana Martínez tiene en común con María del Mar haber estudiado en Londres y haber echado mano de sus propios recursos y ahorros para poder emprender, con una gran diferencia: Martínez inició su negocio en Internet. “Internet ha puesto, al alcance de todos, información, recursos, herramientas gratuitas o a muy bajo costo, lo que facilita emprender sin necesidad de realizar grandes inversiones iniciales”, cuenta la creadora de Diana Speaks y Mi Beca, una herramienta digital que reúne la oferta de becas para personas de habla hispana. Diana, además, da asesorías para que la búsqueda de esas becas sea exitosa. 

 

“Me di cuenta de que muchas becas quedan desiertas de participación hispana. En ocasiones esto se debe a que las personas no conocen la información y en otras ocasiones a que no se hace bien la solicitud. También fui consciente de que yo no hubiera estudiado, trabajado, aprendido y viajado tanto si no hubiera por las becas”, señala. Hoy vive en Bélgica, y agrega: “Me cuesta saber si ser mujer implica algo diferente a la hora de emprender porque yo lo he vivido desde mi condición de mujer y desconozco qué tal sería el mismo emprendimiento siendo hombre”.

 

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Diana Martínez es fundadora de Diana Speaks y Mi Beca.

 

Las emprendedoras y sus familias

 

Gigliola cuenta entre risas que en un momento de su vida llegó a pensar que nunca se casaría, que su marido sería Bodytech y sus hijos, las sedes del gimnasio. Hoy es madre de una niña de nueve años, y afirma que encontró a la persona ideal. “Él me complementa en muchas cosas, pues es muy distinto a mí”. Mientras ella se considera una workaholic, su esposo tiene mayor flexibilidad de tiempo, y es quien puede acompañar a su hija Antonia al médico o a actividades extracurriculares. Sabe, por demás, que hay prejuicios según los cuales ser emprendedora va de la mano con ser una “mala mamá”. María del Mar Pizarro, de 30 años, sostiene que también ha encontrado apoyo en su familia y su pareja, con quien por ahora no tiene planes de tener hijos. 

 

Paula Rincón, por su parte, recuerda el momento en que estaba construyendo su empresa: “Tenía a mi primer hijo de seis o nueve meses de nacido. Tenía que coger mi chino e ir a la Cámara de Comercio… ¿Cuántas iniciativas empresariales permiten tener al hijo al hombro? Necesitaba estar con él porque además hay un vínculo físico, que es la etapa de lactancia. No era opcional”. Por eso, para ella, emprender en Colombia es diferente: aquí, según el último censo –que está en mora de actualizarse–, el 30% de los hogares tienen una mujer cabeza de hogar. “Por supuesto vas a ser menos arriesgada si eres el único adulto responsable de todo lo que pasa en el hogar, cuando tienes una responsabilidad sobre otras vidas”, concluye.

 

Claves para emprendedoras

 

Algunas de las entrevistadas para este artículo coinciden en que no existe una fórmula mágica ni un top 10 de claves para emprender. Eso también es mito. De nuevo, cada caso es diferente. Sin embargo, según la Cámara de Comercio de Bogotá, hay mínimo cuatro pasos por los que hay que atravesar: tomar la decisión de emprender; definir la idea de negocio, respondiendo preguntas como qué necesidades insatisfechas de los potenciales clientes atenderá; diseñar el modelo de negocio, para lo cual es necesario pensar en qué recursos necesitará (financieros, humanos, etc.), y, finalmente, iniciar su operación. Los parámetros legales, laborales, contractuales y tributarios dependerán de su tipo de negocio. Instituciones como las cámaras de comercio brindan acompañamiento para evaluar si su proyecto está bien encaminado.

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