¡Cuando las luces se prenden no soy yo. Es J Balvin!

José Álvaro Osorio Balvin es nuestro personaje del año, un antioqueño a quien le ha tocado lidiar con el peso de ser dos personas en una.

Por:Camila Builes / @CamilaBuiles.
Fotos: Cortesía.
Caligrafía: William Leonardo Ariza Chavarro.

 

El camerino no tiene ventanas. Una ráfaga de aire entra por la puerta y sacude los manteles blancos de las mesas que están en las esquinas. Jose Álvaro Osorio Balvin se pone de pie y se percata de que todos estén ahí. Todos los necesarios. Mientras camina hacia la puerta, piensa en que debe llamar a su mamá antes de salir de ese cuarto; piensa también en que esa noche es el evento del año, el show más esperado. Cuando regresa, ancla sus rodillas al suelo y reza. Reza para agradecer y para pedir; reza por esas cinco personas que están ahí dentro con él y se han mantenido durante casi una década a su lado; reza para seguir intacto después de que todo termine. “Medellín es el lugar en el que nací, el que me vio crecer y en el que quiero morir, por eso en todo el año, lo más importante es venir y cantar aquí”. 

 

Afuera todavía hay silencio. Las personas comienzan a llenar las graderías de La Macarena, en Medellín, sus voces son un zumbido permanente que se mengua por una que otra prueba de sonido. Jose vuelve y se sienta en el sofá, mira Instagram, se ríe. Todavía hay luz del día sobre las montañas. “¿Listo?”, le pregunta Fabio Acosta, su mánager. Jose se pone de pie y cierra los ojos. Camina hacia el centro del escenario, parpadea una, dos, tres veces. Respira profundo. Al fondo gritos, ovaciones. Dentro de él silencio. Las luces están apagadas, él se desvanece dentro de la oscuridad. Se pasa las manos por la cabeza, agarra el micrófono. El sonido de las guitarras y las baterías asciende, salen los bailarines, la gente grita, suena el primer beat de Ginza. “Medellín, arriba, este es J. Balvin”.  

 

Las próximas dos horas, Balvin estará en medio de fuegos artificiales y explosiones de confeti y aplausos. Su show Bruuttal, que realiza cada año en Medellín, es uno de los eventos más esperados en el país: catorce mil boletas vendidas un mes antes del concierto. Lleno total. Una declaración de amor por su ciudad. Las canciones que no canta en otros escenarios, porque son muy viejas y desconocidas, las canta en Medellín esa noche. Sus ojos, detrás de unos lentes amarillos, verán las caras de sus fans absortas, leerá en sus labios el nombre de un personaje que nació hace más de diez años. “Cuando me subo al escenario no pienso casi en nada, lo que me sorprende es la bulla, el sonido de los gritos, cuando las luces se prenden no soy yo. Es J. Balvin”. 

 

J. Balvin, el personaje, se forjó en Nueva York, donde vivía con su tía en Staten Island. Jose estaba trabajando como paseador de perros en la ciudad y un día, cuando iba hacia Soho, la zona donde paseaba las mascotas, se quedó hipnotizado por los bailes de un par de raperos en el ‘subte’, por ver en los carteles a Jay Z y Puffy. “Todo Nueva York tenía la cultura urbana. Los grafitis, la música, los colores. Ahí supe que eso era lo que quería hacer”. Cuando regresó a Colombia, con 19 años, comenzó a vender CDs y hacer grabaciones de poca monta en Itagüí. Cantaba en las casas de sus amigos y en peluquerías de los barrios de Medellín. Y en todas esas casas, en las portadas de los discos piratas que vendía y en las camisetas que compraba en el centro estaba la imagen de Daddy Yankee, el hombre que puso a sonar el reguetón en todo el mundo. 

 

En el 2004, Gasolina fue la primera canción de reguetón en escalar en una lista de música internacional. Se convirtió en el génesis comercial de un género que creían efímero. Rápidamente el reguetón dominó los mercados latinos y en Estados Unidos. Vinieron otros nombres importantes para la industria: Don Omar, Tego Calderón, Héctor y Tito, y Wisin & Yandel, y lo que se creía un paso furtivo por la radio y las discotecas populares se convirtió en una de las industrias musicales que más dinero mueve en el mundo. Sin embargo, en el 2008, el reguetón comenzó a estancarse. Hubo una segunda ola de reguetoneros como J. Álvarez, Lui g 21 plus y Alexis y Fido que no lograron llegar al nivel de sus predecesores. Mientras tanto, en Medellín, J. Balvin, Dj Pope, David Rivera Mazo, comenzaron a producir Real, el primer álbum de estudio de Balvin.  

 

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Nació una nueva forma de hacer reguetón. Uno más suave, más lírico, parecido a lo que estaba pasando con el pop en Estados Unidos. Mientras que Daddy Yankee rapeaba el 70% de las canciones, J. Balvin empezó a cantar, a poner un nuevo tiempo en la música, unos beats menos frenéticos. “Yo siempre supe que iba a cumplir mis sueños. Cuando estaba pequeño mi mamá todo el tiempo me decía: ‘Vos vas a ser grande, vos vas a ser grande’. Y no es que uno solo quiera eso en la vida, pero sí viene como programado para luchar por eso”. 

 

El resto de la historia es más conocida. En el 2012 lanzó Yo te lo dije, y desde ahí nunca más volvió a salir de las listas de canciones más escuchadas en todo el continente. 

 

 

Volver a ser yo

 

“Hay una mala percepción entre el éxito y la fama. No porque seas famoso quiere decir que seas exitoso”. Cuando comenzó su primera gira, a finales del 2013, Balvin y su equipo programaban cerca de diez conciertos en un mismo fin de semana. “Hay que tener cuidado con lo que le pides al universo, le puedes pedir éxito y... Tuve una depresión que casi me mata por no poner límites ni equilibrio, y pagué las consecuencias. Fue mi culpa, no se la echo a los demás, fue decisión mía trabajar como un esclavo y olvidar que detrás del esclavo hay algo más importante: la persona”.

 

A través del teléfono su voz se escucha ligera. J. Balvin está en su casa en Rionegro (Antioquia). Acaba de llegar de un concierto que dio en San Antonio (Texas). Uno de los últimos de este año. Lleva una gira monumental de estadios llenos y, al mismo tiempo, de lanzamientos de videos y nuevas canciones. Su nombre ahora es sinónimo de algo más que reguetón. “Antes me interesaba mucho J. Balvin, trabajaba todo en pos de él, de ese personaje que me lo ha dado todo; pero ahora me interesa más Jose. Verme y sentirme más real”. Balvin llegó a esa conclusión después de que, en medio de la depresión que sufrió, comenzó a sentir ataques de pánico. Escenas terribles donde sentía que tenía que salir huyendo de donde quiera que estuviera. Dejó de dormir, de alimentarse bien y se encontró tirado en el piso de su habitación, pensando qué hacer con la vida. En ese momento llegó Ramiro Agudelo, su guía espiritual.

 

“Antes quedaba completamente destruido después de un show. Con el cuerpo adolorido y la cabeza llena de cosas. ¿Qué podía hacer? Solo tener fe en que todo iba a mejorar”. 

 

Respirar profundo. Volver a empezar.

 

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Jose no habla mucho de sí mismo. Las respuestas son generales, a veces, en tono de autoayuda. Su objetivo es demostrarle al mundo que los sueños sí se hacen realidad. “No estoy a favor de ser solo buena gente en redes sociales. Siempre se nota cuando uno está fingiendo. Cuando uno es real la gente, los fans, entienden más ciertas cosas. Entienden que no sos perfecto”. 

 

—¿Qué pensás cuando te mirás al espejo?

 

—No puedo decirlo. No quiero que me hagan daño. 

 

—Tan grave es…

 

—Por una parte, me veo y me doy una palmadita en el hombro, diciéndome que estoy haciendo las cosas bien, que todo ha salido bien. Pero, por el otro, me exijo más. Mucho más. Lo quiero todo. Quiero ser una leyenda.

 

En ese proceso de ser “real”, Balvin comenzó a hacer algunos cambios en su aspecto físico. Nada le interesan las camisas anchas y gafas de aviador que utilizaban los reguetoneros hace diez años, ni, muchos menos, la apariencia sofisticada y embalsamada de algunos cantantes con dotes de modelos. “Yo empecé a pintarme el pelo de colores porque quería gritarle al mundo que uno debe ser como quiera ser. Esto va mucho más allá de tener el pelo amarillo o azul o fucsia. Esto es un mensaje para que crean en sí mismos: si eres gay, sélo; si eres trans, sélo; si eres mujer, sélo; si eres hombre… Sé lo que quieras ser. Eso me costó aprenderlo, pero cuando uno lo interioriza vive más feliz o, al menos, más tranquilo”. 

 

Con tono de hastío dice que no quiere más máscaras. No quiere ser un artista de moda, quiere permanecer.

 

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La familia

 

En los últimos meses, Balvin ha grabado con Pharrell Williams, Justin Bieber, David Guetta, Willy William y Beyonce producciones que lo han catapultado a la cima del éxito. Sobre todo, con la canción Mi gente, que hasta este momento tiene 1.387'210.927 visualizaciones en Youtube, donde su canal se acerca a las nueve mil millones de visitas. La nueva generación del reguetón que incluye a personajes como Maluma, Nacho y Arcángel (no tan joven) han establecido al reguetón como parte importante de la cultura en el mundo de habla hispana y con colaboraciones de este tipo –como el caso de Despacito (Daddy Yankee, Luis Fonsi y Justin Bieber)– cada vez penetra más en el mundo anglo. 

 

En esa labor de cruzar el mercado, a Balvin lo han beneficiado sus letras. “Desde que decidí hacer reguetón, siempre quise tener mucho cuidado con mis letras, revisar la manera en la que quería llegarle a la gente, que la música fuera para la familia, que un niño pueda escuchar tranquilamente su música delante de su padre y que no esté preocupado porque no quiera que él escuche algo. Esto está hecho ‘pal’ mundo”, dijo en una entrevista en el 2015. 

 

Según Dj Pope, “queríamos crear música que una abuela pudiera escuchar en la radio con naturalidad, pero lo suficientemente sensual para tener éxito en la calle y en las discotecas”. Y lo lograron. El 5 de diciembre, Spotify reveló los balances de este año: en México y Colombia J. Balvin fue el artista masculino más escuchado en el 2017. 

 

“¿Qué de qué le ha servido Jose a J. Balvin? Nos parecemos mucho. Yo sigo siendo el mismo de hace años cuando cantaba en Medellín sin un peso. Las cosas que cambian son las exteriores, la ropa, el pelo, todo eso hace parte de una tendencia que hay que comprender. Siento que cada vez puedo ser más Jose”. 

 

Al final del día, después de los conciertos y las fotos, de los aviones y los escenarios; después de las risas protocolarias y las poses en alfombras rojas, Jose vuelve a su casa acompañado de la misma gente con la que comenzó hace diez años. Un séquito que lo sigue y ha creído en él: Dj Pope, Sky, Fabio Acosta, Andrés López. Cuando habla se le nota que esa gente le está cuidando la espalda: no es el momento para ceder terreno. Se ha mantenido blindado todos estos años de escándalos y chismes incómodos, gracias a que trabaja con la gente en la que confía y quienes, además, pueden reprenderlo. “Tengo un grupo de trabajo en el que confío y en el que siento que puedo dejar ciertas cosas. Mi trabajo no solo consiste en hacer reguetón. Lo mío es una rutina compleja, levantarme temprano y hacer lo que quiero. Cumplir mis sueños”. 

 

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—Si le preguntamos a su mejor amigo cuál es su mayor virtud, ¿qué cree que él diría?

 

—Que soy muy loco.

 

—¿Y a su peor enemigo?

 

—Que soy muy loco. Cuando quiero algo lo consigo, trabajo duro por eso, siempre me meto de lleno en las cosas: voy con toda. Para mis amigos será una virtud, para mis enemigos, seguramente, querrá decir otra cosa: que no me da miedo, que voy muy rápido, que soy precoz. 

 

—¿Cómo quiere que lo recuerden?

 

—No quiero que me recuerden. Quiero ser inmortal. Una leyenda viva.