Familias tóxicas: Te pedí que te fueras de casa y...

Reunimos cuatro cartas de cuatro personas que quisieron desahogarse con el familiar que marcó sus vidas. Los descargos van hacia sus figuras paternas, lo que obliga a preguntarse ¿algo están haciendo mal los hombres? Tercera.

Fotografías: iStock / Intervención: Cromos

Llevas un mes borracho, todavía me duele no haberte visto en diciembre para desearte feliz año. Cuando están las condiciones para reencontrarnos, quiero comprobar cómo estás. Si la panza te ha crecido más que la última vez y ver lo delgadas que tienes las piernas, que siempre fueron enormes y fuertes como tu sistema inmunológico.

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Cada año que pasa pienso que va a ser el del adiós definitivo. Hace tiempo me resigné a tu adicción al licor. Sé que te vas a morir ahogado en una botella. Nunca quisiste salirte de ella, romperla en mil pedazos para que fueras un hombre libre. Hace tiempo dejé de juzgarte por tu alcoholismo y por la mala vida que me diste a mí, a mamá y a mi hermano. De vez en cuando aflora la amargura que, como una gastritis inesperada, me recuerda el día que te pegué porque no aguantaba más maltrato hacia mamá. Te pegué con todas mis fuerzas, si no lo hacía iba a estallar. Me iba a cortar con algo. Necesitaba hacerlo para desahogarme. No me enorgullezco de haberlo hecho, tampoco me arrepiento. Tú y mi mamá, que no tuvo el valor de dejarte, me obligaron.

Tardé años en perdonarme. Los cambios nunca llegaron a casa, por eso decidí marcharme, dejarte con mamá que tenía fuerzas para aguantarte. Seguí los pasos de mi hermano, que tuvo el ímpetu de hacerlo en la adolescencia. Yo esperé hasta los 20 años, de haber soportado otro mes te habría matado. Me fui con la tranquilidad en una mano y el corazón en la otra, porque el martirio de tener que aguantarte borracho, todos los días, iba a ser patrimonio exclusivo de mamá. Por eso me detesté.

A ella me cansé de decirle que se divorciaran, muchas noches te pedí que te fueras de casa y te enojabas porque tu propio hijo te lo estaba pidiendo, como si fuera un traidor. El traidor fue otro, que redujo a su familia al maltrato físico y psicológico, a la victimización, a la falsa promesa de “no voy a beber más” y la absurda idea de que un día que ibas a ser otro papá. Odio las noches encerrado en mi habitación, pendiente de las vulgaridades que le decías a mamá. Odio recordar cómo, del insulto más vil, pasabas a destrozar lo que encontrabas a tu paso.

Odio las noches en que me refugiaba en el Dios católico. Por suerte me volví ateo, por suerte un día mi hermano mayor te expulsó de casa y se llevó a mi mamá. Por suerte hoy vives solo, como siempre debiste vivir. Por suerte sigues vivo, para poder escucharte y verte cada que voy de visita a Cali.

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Carlos Torres

Vida Social

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