Revista Cromos

Fútbol femenino: un espacio en el que las jugadoras pueden salir del clóset sin sentirse amenazadas

El fútbol masculino refuerza la idea del hombre rudo, cargado de testosterona, mientras el balonpié practicado por mujeres es lo más parecido al paraíso donde todos somos iguales.

La californiana Megan Rapinoe (a la derecha) se declara crítica de las ideas de Donald Trump, por eso hoy no canta en público el himno de su país.

A Jorge Luis Pinto, actual director técnico de Millonarios, un día le preguntaron por la presencia de jugadores gays en un camerino. “No caben, por actitud, comportamiento, exigencia y respeto, no caben. Me parece que ese concepto de virilidad en el fútbol, sin ser machismo, hay que respetarlo", dijo en 2008 el entonces adiestrador de la selección Colombia.

Sus palabras reflejan lo que siente un hombre cuando juega fútbol. No importa si lo practicamos a nivel profesional o amateur, a nosotros nos queda verraco pensarnos más allá de la virilidad, sobre todo en un camerino. No soy homosexual y, si lo fuera, lo pensaría varias veces para confesarlo a mis compañeros, aunque intuyo que mis panas de oficina, con los que juego ocasionalmente los lunes, se lo tomarían bien, al menos se reservarían comentarios que juzguen mi orientación.

Soy un privilegiado que frecuenta círculos que son esencialmente ateos, republicanos y demócratas. En mi lista de amigos y conocidos no hay homofóbicos ni racistas, por lo que salir del closet no sería un reto mayúsculo. Sin embargo, si fuera futbolista profesional y Pinto fuera el DT del club en el que estoy, sería un verdadero problema.

Porque lamentablemente su opinión es representativa. Dudo que los futbolistas profesionales colombianos acepten a la comunidad LGBT. No tengo problema en reconocer que este es un prejuicio enorme pero, sin haberlos tratado de primera mano,  imagino a los profesionales replicando las ideas de sus iglesias, con escapulario en cuello y cruz tatuada en el brazo derecho.

Es decir, los proyecto participando en marchas antiaborto, antimatrimonio igualitario, antiadopción, muy en la línea de Pinto, a quien sigo como entrenador, pero no como persona. Por discriminar abiertamente, como lo hace Gabriel Camargo, directivo del Deportes Tolima ("Las mujeres son más 'tomatrago' que los hombres y es un cultivo de lesbianismo"), cruzo los dedos para que sus equipos no lleguen lejos en la tabla de clasificación.

Mis prejuicios hacia el fútbol masculino desaparecen cuando veo fútbol femenino. Veo a la volante Yoreli Rincón con su pareja en redes sociales, a la capitana estadounidense Megan Rapinoe abrazando su homosexualidad, a la pareja de esposas Ali Krieger y Ashlyn Harris hablando de su orientación sexual sin temor a que las echen de sus clubes.

El fútbol de las mujeres tiene mucho que enseñar a la sociedad. El mundial de Francia 2019 marca un precedente en la historia de este deporte, pues, con sus defectos, es el más igualitario de todos, el más político, el que grita en nuestras narices las demandas sociales de las mujeres.

Por eso me volví fan de Megan Rapinoe. Ella, además de crack, es un ícono a favor de la igualdad en tiempos de Uribe, Trump y Bolsonaro. Nos enseña que el fútbol puede tener una mejor versión. Es hora de que en Colombia los hombres pensemos como el portero Manuel Neuer, capitán de la selección de Alemania, quien, en una entrevista, contrario a Pinto, dijo que no tendría problema es compartir camerino con un futbolista gay.

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2019-06-11T12:56:34-05:00

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Carlos Torres

Vida Social

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