Gaby Arenas: el poder de crear

Esta trabajadora social es la creadora de ecosistemas de paz, espacios que apuestan por el arte y la tolerancia en zonas vulnerables. La venezolana nos compartió su experiencia con la comunidad.

Foto: David Schwarz

Hace unos años Gaby estaba visitando un colegio de una zona rural cuando vio que a un niño se le rompió su zapato en un partido de fútbol. De inmediato recordó una oportunidad en la que de pequeña se le había roto un zapato en la escuela, fue un día en el que lloró y no salió al receso. Por esto la reacción del niño le impactó: en lugar de apenarse, comenzó a reírse como loco, fue al salón, pidió cartón, pegamento y cinta adhesiva, hizo una especie de suela, la pegó y siguió disfrutando de la experiencia. Al salir, él debía caminar dos horas y media en una carretera de tierra para llegar a su casa y a pesar de eso no permitió que las dificultades le impidiesen divertirse. Jugar es nuestra forma natural de aprender.

“En cada comunidad, escuela o institución que he visitado, me he encontrado con situaciones como esta, con gente que, aún en los entornos más hostiles, es capaz de sonreír y agradecer”, comenta Gaby, una colombo-venezolana que ha sido pionera en la construcción de ecosistemas de paz en el país.

Su primer acercamiento al trabajo social fue a sus 16 cuando una editora de poesía le dio la posibilidad de escribir y leerle cuentos a los hijos de las mujeres que estaban internadas en la cárcel de Los Teques, en Venezuela. Pasaba sus fines de semana en estos refugios y valoraba el impacto que estas actividades tenían en ella: la convertían en una adolescente mucho más abierta, tolerante y empática.

En el 2003 conoció a su esposo, un artista plástico y un creador. “En los años que he estado con Carlos lo he visto crear objetos, pero también espacios que producen oportunidades y eso ha sido lo que realmente me ha mostrado todo el potencial que tiene concebir nuevas realidades”. Cuando aprendes el valor que tiene concebir, los problemas dejan de verse como imposibilidades. En el 2008, cuando nació su primera hija, ambos renunciaron a sus empleos.

– “Fue lo más maduro que pudimos hacer…”, se ríe Gaby.

Lo hicieron para fundar una organización con la idea de utilizar las artes visuales para disminuir la violencia en las comunidades. Implementaron esta metodología con niños, sus padres y maestros. “Ha sido un proceso feliz porque siempre nos ha mantenido innovando”.

Con los años, Gaby entendió que si quería cambiar las dinámicas negativas de relacionamiento dentro de una comunidad tenía que trabajar de manera interrelacionada las distintas violencias como el reclutamiento, la agresión intrafamiliar, el abuso sexual y el matoneo escolar para romper con los patrones de conflicto y así proponer soluciones que provengan de los mismos integrantes de la comunidad.

En el 2011, cuando Hugo Chávez era presidente, ejerció como investigadora en la Comisión Presidencial para el Control de Armas, Municiones y Desarme. En un país en donde circulan entre 9 y 15 millones de armas de fuego ilegales en manos de la población civil los hallazgos de Gaby generaban incomodidades. En el 2014 empezó a recibir amenazas de grupos afectos al oficialismo y tuvo que mudarse a Bogotá, donde siguió desarrollando plataformas de generación de paz.

Su primer proyecto en el país fue empoderar a personas afectadas por el ELN. Para Gaby, ellas tienen la capacidad de pasar de mártires a superhéroes. Juntas implementaron actividades de emprendimiento y convivencia. “Para superarse hay que dejar de ser víctimas”. De las 300 mujeres que atendió, 220 se convirtieron en líderes sociales y agentes de cambio.

En los últimos cuatro años Gaby ha optado por transformar las narrativas y romper con la victimización y la dependencia para propiciar acciones en beneficio de la mujer y su comunidad. En Ocaña, Barrancabermeja y Pasto han logrado que surjan como empresarias de sus propios proyectos productivos.

Con su orgullo y talento venezolano también dignifica al migrante que llega a Colombia en situación de vulnerabilidad. En Bogotá, Villavicencio y El Cesar ha promovido la integración de esta población apoyándolos en el proceso de superar el duelo, la separación familiar y el desarraigo para que puedan adaptarse a su nueva condición de vida. Para disminuir la ayuda humanitaria y el asistencialismo, Gaby está ejecutando proyectos a largo plazo que fortalezcan a estas comunidades.

Fue seleccionada Fellow de Ashoka, una de las principales organizaciones sin fines de lucro que impulsa el activismo social en el mundo. En el último semestre recibió otros dos reconocimientos internacionales: la nombraron Coordinadora Global de Tendrel, institución que promueve el liderazgo y el emprendimiento, y Embajadora de Paz del Rotary.

Sus ecosistemas pacíficos son referencia en toda Latinoamérica, son espacios que generan entornos protectores y mesas de trabajo que previenen acciones delictivas en zonas de conflicto. Sus proyectos garantizan una sostenibilidad en el tiempo y sustentabilidad por parte de sus participantes. Al propiciar oportunidades relacionadas con la innovación, el emprendimiento y las industrias creativas, los jóvenes encuentran alternativas más rentables que pertenecer a bandas criminales.

En los barrios se ha enfrentado con personas que están al borde de abandonar la escuela porque les dicen que no son “suficientemente inteligentes”, entonces consideran dedicarse a actividades delictivas. Con la llegada de la Fundación TAAP (Taller de Aprendizaje para las Artes y el Pensamiento) Gaby y su esposo les han dado a entender que pueden no ser buenos para la escuela, pero que tienen otros talentos por descubrir como la fotografía, la música y el diseño, con tanto valor como la vida académica.

Con la Fundación TAAP, el proyecto de vida de Gaby, establece empatía con los participantes, motiva sus habilidades humanas y promueve la autorregulación y la solución de conflictos por medios del diálogo.

Carlos y Gaby utilizan el arte y sus diferentes lenguajes como un territorio lleno de posibilidades, como un vehículo para la inclusión y la diversidad. Recientemente iniciaron Pazificarte, un programa implementado con Fondacio Colombia y el Rotary Club enfocado en niños y jóvenes de 12 a 18 años. Esta iniciativa ejecuta las artes para lograr que las familias, escuelas y comunidades tengan entornos más pacíficos y protectores.

Nombramiento Rotary Peace Fellow

El Rotary internacional tiene un compromiso con la promoción de paz el mundo, por eso anualmente destaca a quienes están vinculados en ella. En la última década la dirección de la comisión de becas Pro-Paz ha estado interesada en apoyar a líderes en Colombia, en donde destaca la labor de Gaby Arenas. Este nombramiento es un impulso para que pueda replicar sus programas en distintas regiones del país.