“La belleza es lograr que los pacientes puedan recuperar su vida”: Jorge Luis Gaviria Castellanos

Para un médico especialista en cirugía reconstructiva, lo bello va mucho más allá de las proporciones ideales. Por eso hablamos con Gaviria de empoderamiento, de las trabas sociales y burocráticas que enfrentan las víctimas, y de los motores que encuentran para salir adelante.

“La belleza es lograr que los pacientes puedan recuperar su vida”: Jorge Luis Gaviria Castellanos
"Algunos pacientes tienen la dificultad de que su EPS no les aprueba la cirugía o viven muy lejos de Bogotá”.Fotos: Daniel Álvarez. 

“Yo he tenido pacientes que son unas mujeres ejemplares –dice el doctor Jorge Luis Gaviria, cirujano especialista en cirugía reconstructiva, de la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar–. Después de quemaduras muy severas, muy deformantes, de muchas cirugías, se vuelven a casar, a tener familia e hijos, y recuperan su vida, y ese es el fin del médico”. 

En la mente de muchos, que no hacemos parte del mundo médico, el cirujano plástico y la belleza suelen tener una relación de carácter superficial. Creemos que ellos se encargan de saciar vanidades y ajustar cuerpos a los estándares hegemónicos que indican cómo debe lucir una persona bella. Pero el concepto de belleza, desde los ojos de un médico especializado en cirugía reconstructiva, o de una víctima de quemaduras o ataques con ácido, cambia radicalmente.

Para Gaviria, quien lleva 25 años trabajando con pacientes quemados –incluida Natalia Ponce de León, después de ser agredida con ácido en el 2014–, la belleza está en lograr que las partes del cuerpo de un paciente recuperen su funcionalidad y en poder recomponer, con la mayor precisión posible, su figura, para que sea lo más parecida a lo que fue. La belleza es que las personas puedan verse en el espejo y recuperar su vida social, personal y laboral. Es, en últimas, un camino de autoaceptación y amor propio.

Empecemos por el estigma que suele circundar la cirugía plástica, que incluye la reconstructiva.

Ahí hay un concepto mal entendido. El hecho de que una cirugía sea reconstructiva no significa que uno no tenga en cuenta el resultado estético. Toda cirugía reconstructiva, por definición, intenta recrear la parte anatómica que el paciente tenía antes. Cómo era el paciente funcionalmente y estéticamente. Uno opera a un paciente quemado y siempre trata de que quede lo mejor posible, para que esa persona se pueda reintegrar a su vida social, personal y laboral. Pero es difícil. Y se requiere de mucha constancia y dedicación, tanto del médico como del paciente, porque es un proceso supremamente largo, a diferencia de la cirugía estética.

Cuando dice que también depende del paciente, ¿a qué se refiere?

Pongamos el ejemplo de Natalia Ponce de León. A Natalia, hasta el momento, le he hecho alrededor de 36 cirugías. Las primeras ocho o diez ya habían solucionado las quemaduras, pero la nariz y el labio estaban deformes. Cuando está en ese punto, el paciente se siente rechazado, no está conforme consigo mismo, así que ella dijo: “No, yo quiero que usted me haga hasta que ya diga ‘no se puede más’”. Y así ha sido. Ella siempre ha sido constante. Otros pacientes tienen la dificultad de que su EPS no les aprueba la cirugía, o viven muy lejos de Bogotá, lugares donde no hay especialistas. Para ellos comienza a ser un martirio luchar para que les aprueben todas las cirugías y muchos terminan cansándose. Dicen: “Lo he intentado, me hacen ir por un papel, me hacen ir por una fórmula. No me lo aprueban y esto es una cosa a la que yo tengo derecho”.

¿Todos estos procedimientos debería cubrirlos el sistema de salud?

Siempre. Pero las empresas prestadoras de servicios de salud ponen las trabas. Hasta que el paciente se cansa y no vuelve a consultar, o pasa de un médico a otro médico, sin tener un plan quirúrgico adecuado. Así no logran los resultados que deberían tener.  Para nosotros es muy importante que dentro del tratamiento haya continuidad. ¿Pero qué hacen las EPS? Aprueban la hospitalización y, cuando uno ya necesita comenzar a hacer un trabajo de reconstrucción, no lo aprueban en este hospital, donde se conoce la historia, sino en otro lado. Esto no ayuda al paciente, que ya cogió confianza con ciertos médicos. Uno trata siempre de llevar una relación muy cercana a ellos, porque, para mí, la relación médico-paciente es de las cosas más importantes y claves para que los resultados sean buenos. Y no solamente con el paciente, también con la familia.

 
 

“El proceso con Natalia Ponce de León fue un poco estresante para mí. Era demasiado mediático, y si no quedaba bien, cómo ba a ser la mirada hacia mí”.

 

¿El dinero también es un problema?

Para algunas cosas. Mientras los pacientes están hospitalizados, tienen todo. Pero cuando hay necesidades ambulatorias, comienzan los frenos. Por ejemplo, los pacientes necesitan cremas especiales, protectores solares especiales. Necesitan ciertos elementos para manejar la cicatriz y que no se vuelva queloide. Pero la mayoría de veces eso no se cubre. Les toca a los pacientes pagarlo, pero es tan costoso que no pueden.

¿Cómo es el acompañamiento psicológico para este tipo de pacientes?

Aquí tenemos más de 100 personas trabajando en función del paciente quemado, dentro de las cuales está siempre el equipo de salud mental. Hay psicólogos y psiquiatras. Todos los pacientes hospitalizados entran en un plan de acompañamiento psicológico desde su ingreso hasta su salida. Después se continúa con un soporte ambulatorio, pero ahí comienzan los problemas. Que no los van a tratar en la subred norte, sino en otros sitios... Ahí se pierde ese acercamiento que ya se logró con el paciente. Es complicado.

Hablemos del proceso de autoaceptación del paciente, de empezar a quererse de nuevo.

Es un proceso supremamente difícil. Desde que llega el paciente comienza el trabajo por parte de psicología y el equipo de salud mental. Tienen que prepararla para que entienda que su cara, sus facciones, ya no son las mismas, que se va a ver en un espejo y no va a ser exactamente lo que era antes. Es un proceso de mucho cuidado, que requiere todo el profesionalismo,  porque tampoco se trata de que se convierta en una noticia caótica que pueda destruir al paciente. Toca poco a poco. Cuando se opera y comienza a verse al espejo, también tiene que existir acompañamiento. De hecho, muchos pacientes, cuando terminan, están muy interesados en seguir en su tratamiento, sobre todo los que quedaron muy quemados. La gran mayoría, alrededor del 80% de los pacientes, terminan muy bien porque no son quemaduras tan destructivas. Pero hay un porcentaje más pequeño  de quemaduras –las de electricidad, las de ácido y las de llama que son muy profundas– que requieren muchos tratamientos reconstructivos, durante muchos años. Una persona puede estar toda la vida en tratamientos reconstructivos, y los primeros cinco años son una tras otra. Esos primeros momentos son muy complicados para el paciente, que no está trabajando. Si el accidente no fue laboral, es caótico, porqué cómo se las arregla la persona sin trabajar. Muchos abandonan el tratamiento porque tienen que ir a trabajar’.

Usted habla de muchos pacientes que quieren recuperarse, pero también habrá personas que se sienten derrotadas…

Claro, hay un porcentaje que se siente completamente deprimido, frustrado... Se desintegra toda su estructura mental y personal porque son rechazados por los hijos, la familia o los amigos, y quieren morirse. Llegan a pensar en suicidio. Por eso es necesario el  acompañamiento psicológico todo el tiempo. Psicología sabe muy bien cuáles son esos pacientes en riesgo y les presta especial atención,  pero ese acompañamiento se pierde cuando dejan de tener su tratamiento aquí en el hospital y los mandan para otros lados. 

Es que tiene que ser muy duro no reconocerse…

¡Eso es terrible! Nosotros hemos tenido pacientes, mujeres, con niños, de un año o dos, que no se dejan alzar de su mamá, porque dicen que no es su mamá, piensan que es un monstruo’. Entonces la mamá quiere morirse. Pero al mismo tiempo, ellos son motor para salir adelante y hacer todo lo posible por recuperarse.

Tal vez el caso más representativo de ese proceso de recuperación y empoderamiento es el de Natalia Ponce. ¿Cómo llegó usted a ser su cirujano?

Cuando Natalia tuvo su quemadura, ella ingresó aquí al hospital y otros especialistas comenzaron a hacer la cirugía. Como era tan, tan extensa la quemadura, con el cambio de horarios terminé haciéndola yo. Después, la familia pidió que yo fuera su cirujano. El proceso para mí fue un poco estresante porque el caso de Natalia es muy difícil. Representaba un reto muy importante, sobre todo porque Natalia estaba en ojos de todo el mundo. Era el caso mediático, y eso a mí me estresaba, porque si no quedaba bien, cómo iba a ser la mirada hacia uno. Pero cuando hay una excelente relación médico-paciente y médico-familia las cosas evolucionan superbien, y eso fue lo que pasó. Natalia es una mujer espectacular, supremamente iluminada. A pesar de todo ese dolor, ella, desde el principio, quería salir adelante. Tuvo momentos difíciles de depresión y de tirar la toalla, pero su familia y todo ese amor que le entregaron –que para mí es muy importante– le dieron a ella el impulso para salir adelante. Y ella, así mismo, le da a uno fuerzas para que las cosas sigan y sigan. A veces, el resultado no era exitoso y tocaba volverlo a hacer, pero sus ganas de salir adelante se contagiaban. Todo ese positivismo se contagia. Yo creo que eso fue muy, muy importante para salir adelante. Con el tiempo, después de muchas cirugías, comenzamos a ser más amigos y podíamos discutir si hacíamos esto o aquello. Cuando estaba un poco mejor, Natalia comenzó a pensar en hacer una fundación: “Yo quiero ayudar, yo quiero que esto no le pase a nadie más, tenemos que luchar contra esto”. Por eso es que yo admiro mucho a Natalia: en una situación todavía dolorosa, ya estaba pensando en qué hacer para que su historia no se repitiera.

 
 

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2019-08-10T15:10:18-05:00

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2019-08-10T15:16:49-05:00

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Sergio Ávila.

Vida Social

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