La mujer detrás de la demanda más grande del mundo

Nathalie Lozano, una abogada colombo francesa representa a casi 10.000 mujeres de 43 países, que recibieron implantes mamarios PIP, unas prótesis defectuosas que se rompen con facilidad y producen daños en el organismo.

Foto: Daniel Álvarez

En el mundo existen 500.000 víctimas de la empresa Poly Implant Prothèse (PIP), una organización francesa que vendió implantes mamarios defectuosos durante 12 años. En el 2010, la Agencia de Salud de Francia hizo una visita sorpresa a los fabricantes de estas prótesis y descubrió que usaban una silicona industrial adulterada, perjudicial para el cuerpo humano. 

La Corte francesa reconoció la responsabilidad de los fabricantes, que ese mismo año entraron en quiebra, y de la compañía alemana Tüv Rheinland, que durante todo ese tiempo certificó que el proceso de manufactura era adecuado. Además, los jueces determinaron que las afectadas debían ser indemnizadas.

La noticia alcanzó las oficinas de la firma Lozano Blanco & Asociados, y Nathalie Lozano decidió liderar la demanda de las víctimas colombianas. Arrancó con un grupo de 1.600 mujeres. Más tarde volvió a Europa con otras 6.200, esta vez de diferentes nacionalidades. Ahora ha reunido 2.500 más, pero aspira que esa lista se extienda, ya que el plazo para que ellas reciban una compensación se vence el 30 de abril de este año.   

De las 500.000 víctimas registradas, solo 22.000 han interpuesto una demanda. Muchas mujeres no saben que llevan en su cuerpo implantes PIP, otras no se han enterado de que tienen derecho a una indemnización, y algunas prefieren no hacer el proceso porque están convencidas de que es dispendioso y costoso, aunque no lo es. 

¿Exactamente, qué efectos físicos generan los implantes PIP?
El primer gran problema es que las tasas de ruptura son altísimas, porque la cobertura del implante es de mala calidad. De las mujeres que nosotros representamos, el 44% ya ha presentado ruptura y esas son tasas escandalosas para prótesis mamarias. Lo segundo es que están hechos de un gel riesgoso, cuyos efectos para el cuerpo humano aún hoy no conocemos del todo. Este tipo de gel, incluso si no hay ruptura, puede transpirar y soltar sustancias dentro del organismo que pueden generar diferentes patologías: irritación, dolor permanente, inflamación, formación de tumores… 

¿Y cuáles son los efectos psicológicos y emocionales?
Para las mujeres es dificilísimo convivir con el hecho de saber que tienen dentro un cuerpo extraño que explota con facilidad y que cuando explota suelta una sustancia que migra por todo el cuerpo y produce efectos que todavía no se conocen del todo. Las mujeres que no han tenido ruptura se la pasan esperando cuándo va a ocurrir. Tienen angustias tan básicas y tan cotidianas como que les preocupa que haya mucha gente en TransMilenio, porque no saben si podría haber presión en la prótesis. Y cuando hay ruptura, la ansiedad aumenta, especialmente si la mujer no tiene los recursos para retirarla.

¿Siempre es evidente que ha habido una ruptura? 
Pueden pasar años sin que las mujeres noten que hay una ruptura. A veces el gel se filtra poco a poco. 

¿Quitarse los implantes es suficiente para recuperarse?
Cuando las prótesis mamarias de calidad se rompen, el gel sale en bloque. En las PIP, no. Estas se desintegran y empiezan a migrar por todo el cuerpo. Hay casos de mujeres que entran a cirugía para un retiro y duran 5, 6 y 7 horas, mientras el médico limpia todos los órganos cercanos. Hay otras en las que el gel ha migrado a lugares donde no se puede retirar y hay que dejarlo ahí, de por vida, mientras ellas sufren de dolor e inflamación. 

¿Cómo son las indemnizaciones a las que ellas tienen derecho?
Todas reciben, por igual, una base inicial de 3.000 euros, para exámenes médicos y cosas urgentes. Luego, un experto analiza caso por caso y dice a qué tiene derecho cada una. Con pruebas adicionales pueden llegar a los 8.000 o 10.000 euros. 

¿Por qué termina usted como abanderada de esta causa?
Nosotros trabajábamos en defensa al consumidor y vimos que estaba pasando esto. Como yo soy colombo francesa, me quedaba mucho más fácil investigar, conseguir abogados allá, hacer el seguimiento... 

¿Por qué es una firma colombiana la primera en inscribir un grupo de demandantes en Francia?
Porque somos entregados y dedicados al trabajo. Las cosas no nos parecen imposibles. No nos limitamos a ver qué podíamos hacer en Colombia, encontramos que se podía demandar en Francia.   

Como mujer, ¿cómo se ha sentido en este proceso?
Es superemocionante. Y como abogada, ha sido un reto increíble. Hubo mucho machismo y muchas dificultades iniciales… Ha sido muy duro, pero también gratificante. Cuando llegamos a Francia, la contraparte se burlaba. Nos decían: “1.500 mujeres colombianas deben ser de mentira, muestre a ver esos papeles”. Una incredulidad absoluta. Pero nos fuimos ganando el respeto. 

¿Qué tipo de machismo hubo? 
El machismo se ve primero en la manera como se aproximan a las mujeres que tienen prótesis: “Quién las manda”, “Por qué son tan vanidosas”, “Eso les pasa por no aceptarse como son”. Luego lo encontramos en el medio de los abogados: hacerme respetar como una abogada colombiana en Francia fue durísimo. No aceptaban mis opiniones jurídicas. Esto estuvo a punto de caer, por eso. 

¿Cómo ve que el resto de abogados de estas mujeres en el mundo sean hombres?
Eso es muy raro. No dudo que hacen bien su trabajo, pero si yo fuera una víctima no me dejaría representar por un hombre en este caso. Yo, como mujer, realmente entiendo que están sufriendo y asumo una posición más empática .

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