Las lecciones para aplicar en la cama que nos da Nacho Vidal

El tamaño del español es envidiable, pero dejo de lamentarme cuando le pregunto a las mujeres si disfrutan de un pene que mide 25 centímetros.

Nacho Vidal y la actriz porno colombiana Amaranta Hank/Foto tomada de '@AmarantaHank'

25 o más centímetros tiene en la entrepierna. Verlo en acción dan ganas de cambiar de video por uno donde el pene sea más familiar.

Mejor irse por la senda de la resignación para tener mejor análisis. Sé que nunca voy a acostarme con la cantidad de chicas que han pasado por Nacho, si me dedicara al porno no podría llegar siquiera al 10% de su listado. Aunque tuviera una enorme, por más que me entrenara el hombre que inspira esta columna, sería complicado soportar veinte minutos de acción. En reportajes he leído que grabar una cinta porno es menos erótico que machucarte un dedo con una puerta. Cámaras atrás y adelante y gemidos actuados es para unos elegidos que tienen el cuero y la valentía de salir en pelota.

No obstante, algo se puede aprender de la ficción pornográfica. La primera es que, por más que no seamos 25 cm, a la mujer la podemos satisfacer con varias poses, pues ellas disfrutan más la fricción que la penetración.

Siguiente enseñanza: es delicioso el sexo sin condón, pero si no hay protocolos como en la industria del porno, me meto la mano al bolsillo y compro condones (sí, en plural). Esto lo digo más allá del rumor sobre el presunto VIH que padece el actor. Las enfermedades están a la mano y no quiero tenermelas que ver con una y menos contagiar a mi pareja.

Otra lección de Nacho Vidal, más esperanzadora que las otras, es que una chica no necesita una protuberancia monstruosa para sentir placer. En la vida real, un pene grande y ancho puede ser incómodo y doloroso, a menos que estés departiendo con Amaranta Hank.

Por último, ojalá pueda arañar el “Efecto Nacho Vidal”. Es decir, al final de mi existencia espero decir “estuve con mujeres de todas las razas, de todas las bellezas, crespas, lisas, gordas, flacas, locales y extranjeras”.

Morir habiendo probador varios humores (varias pieles) es la idea más romántica y cercana a Ignacio Vidal que me propongo alcanzar, por supuesto que con amantes que accedan voluntariamente. Sin acosar, sin pagar y en lo posible sin licor en la cabeza, para que el rendimiento esté a la altura del momento.