Mujeres en el FICCI

Lina Botero: “Para Fernando Botero pintar es como comer helado de chocolate”

El documental BOTERO se estrenó en la edición número 59 del FICCI con la presencia de su hija, quien trabajó de la mano del director canadiense Don Millar, para lograr una pieza cinematográfica nos acercará, como nunca antes, a la historia del artista más importante del país.

Foto: Oleg Covian.

El director Don Millar revela la vida y obra de Fernando Botero a través de una obra cinematográfica rodada a lo largo de 19 meses en 10 ciudades del mundo, que nos da la oportunidad de conocer los pasos y trazos que lo llevaron a convertirse en el mayor artista colombiano de todos los tiempos, y acercarnos a la faceta íntima y familiar del ser humano que se esconde detrás de la obra. 

Su hija, Lina Botero, productora ejecutiva y consejera creativa del documental, le contó a Cromos sobre la experiencia de capturar a través del cine, la que ella considera la verdadera esencia de su papá. 

La película se presentará en Colombia del 11 al 19 de abril, en las salas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Ibagué, Villavicencio, Manizales, Armenia, Popayán, Pereira y Montería. Ver: Laura Tobón, protagonista de 'Los días de la ballena': “Esta película es calle en todos los sentidos”

¿De qué manera se concibió este documental?

Fue a raíz de la exposición itinerante de mi papá que se llevó a cabo en el 2015 en China y que fue un éxito absoluto. Tuvimos muchos invitados de todas partes del mundo entre ellos un amigo canadiense de muchos años que se llama Don Millar que quedó realmente muy impactado con la acogida que tuvo mi papá en un ambiente y una cultura tan diferente a la nuestra. Así que al mes de terminada la exposición, Don vino a México y nos dijo que estaba interesado en hacer un documental sobre mi papá y que quería que además, lo hiciéramos de la mano. A mis hermanos y a mi eso nos interesó porque sentíamos que a pesar de que se han hecho muchas películas y muy importantes sobre la vida y obra de mi papá, ninguna había logrado captar la esencia de lo que es su trabajo, sus convicciones artísticas y a él como ser humano. Nos entusiasmamos porque era también una oportunidad para recoger el archivo cinematográfico que se había hecho a lo largo de estos años. Estamos muy contentos con el resultado.

Siendo Fernando Botero un hombre tan reservado en muchos aspectos, ¿cómo reaccionó cuando le propusieron hacer este documental?

Su primera reacciòn no fue buena. Le pareció una pérdida de tiempo, algo absurdo. Mi papá como todo buen artista prefiere expresarse a través de su obra y tiene cierto grado de pudor en cuanto a la parte personal. Así que fue un trabajo de convencimiento. Una vez aceptó él nos colaboró muchísimo en todo momento y quedó absolutamente feliz con la película.

Y, ¿cómo lograron que finalmente pudiera abrirse como lo hizo delante de las cámaras?

Yo sé que mi papá cuando está con sus hijos se abre muchísimo, entonces pensé en recrear un ambiente en el cual se pudiera olvidar por un instante de las cámaras y tuviéramos una de esas conversaciones en familia. Nos sentamos alrededor de una mesa y simplemente hablamos como siempre lo hacemos. Eso ayudó a que hablara de manera muy espontánea y nos contara todas esas historias que aparecen en el documental Fue maravilloso.

En la película se aventuran a abrir una bodega que Botero había prácticamente olvidado. ¿Cómo fue reencontrarse con el tesoro que ahí se escondía?

Fue muy emocionante porque fue una bodega que mi papá obtuvo cuando vivía en Nueva York y no había vuelto a poner los pies ahí. Fue fantástico encontrar todo ese material que corresponde a las primeras etapas de su trabajo; cuando está en esa búsqueda de la técnica, cuando está investigando. Pudimos ver los comentarios y las notas que él se escribía en los bocetos para alentarse a seguir trabajando y a encontrar su camino. Muy interesante. 

¿El maestro había hablado anteriormente de manera tan abierta sobre la historia de la pérdida de su hijo, Pedrito?

Es un tema que él difícilmente trata. Siempre es una herida abierta para todos nosotros. Yo personalmente cada vez que en la película me preguntaban sobre ese tema, comenzaba a llorar inmediatamente. No lo pude controlar. Al final dije que no me tocaran el tema y bueno, mi papá lo hizo aunque sé que fue algo muy difícil para él. 

¿Cómo es el día a día del maestro Botero actualmente?

Él trabaja todos los días, incluyendo sábados y domingos, como siempre lo ha hecho. Llega a su estudio tipo 10:30 u 11:00 de la mañana, almuerza solo para no interrumpir su flujo creativo y se va a descansar a eso de las 8:00 de la noche. Y es que nada le produce más placer que eso. Dice que para él pintar es como comer helado de chocolate. 

¿Cuál es la obra favorita de tu papá?

Es totalmente imposible decirlo. Hay tantas, tantas obras. Es que precisamente lo que tiene mi papá es que es un artista que ha manejado una diversidad enorme de técnicas. Es impresionante ver su maestría con el óleo, el dibujo, la acuarela, la tinta china, el carboncillo, la escultura. Es emocionante ver la delicadeza del trazo.

¿Te enseñó algunas de esas técnicas?

No. Yo creo que nosotros le hemos aprendido a mi papá en muchos sentidos pero en ese no. Cuando éramos pequeños lo intentaba. A los tres nos tenía tres caballetes, tres cajas de pintura, tres butacos y nos ponía a pintar. Pero a raíz de una exposición que hizo en Nueva York, una de sus primeras exposiciones, en donde tuvo una crítica aterradora que realmente lo destruyó, nuestro caballetes y pinturas desaparecieron. Yo creo que él pensó que era un camino tan duro el que había escogido en la vida, que no quería eso para sus hijos; que si nosotros algún día escogíamos ese rumbo, iba a ser porque era realmente nuestra vocación. 

Pero todos tienen una conexión con el mundo del arte...

Sí, los tres conformamos un equipo en torno a él. Juan Carlos es escritor, escribió un libro muy importante sobre mi papá; Fernando, a pesar de tener muchos otros negocios, está muy activo sobre todo en la China, Filipinas y Singapur con la obra de mi papá que tiene un mercado muy grande ahí. Y yo, trabajo muy cerca a él en muchos proyectos. Para mi es un placer infinito poder contribuir con un grano de arena a su obra. 


¿Cuál consideras que es el legado que deja Fernando Botero a las siguientes generaciones de artistas colombianos?

El legado es la importancia de mantenerse uno fiel a sus convicciones porque lo único que diferencia a un artista de otro es la forma tan especial que tiene de expresarse, de decir las cosas, y el verdadero camino para lograr que lo que dice sea realmente personal es defender lo que cree a pesar de las dificultades que eso pueda suponer en la vida.

 

Pintura al óleo del documental de Don Millar

El director canadiense hizo un diario detallado de algunos de los momentos claves del rodaje con el artista antioqueño. Están son algunas de esas anotaciones al margen que enriquecen lo que no se verá en la pantalla grande.


Mayo 2017 – Roma:

“Fue una lucha reunir a nuestro equipo en Roma, la primera parada de la que sería una maratón por carretera. Sin embargo, lo conseguimos… Fue mi oportunidad de ver de cerca por primera vez algunas de las cosas más improbables que había escuchado sobre Botero. Descubrí que, como a muchas familias, a los Boteros les encanta pasar el rato juntos, excepto que este día lo hicieron rodeados por el caos de una gran exposición organizada. Antes del espectáculo, vi el entusiasmo juvenil que el maestro le imprime a su trabajo, mientras decía cosas como “¡Mira este verde que tengo que usar!” Necesitábamos capturar esta energía y entusiasmo… (después de inaugurar la exposición y cortar) la cinta, se dirigió hacia el interior, donde fue acosado y sometido a selfie tras selfie tras selfie. Fue allí donde supe que uno de los cuentos populares que había escuchado era, de hecho, cierto: se quedó cinco o diez minutos y se dirigió a una destartalada oficina para disfrutar de un whisky o dos con algunos colombianos visitantes”.

Mayo 2017 – París:

“Viajé a Paris a planear el documental con Lina. No lo sabía entonces, pero esos dos días de trabajo resultaron críticos para nuestro éxito. Lina había recolectado 20 piezas de video: un par de décadas en cintas de VHS y DVDs de noticias, películas y otros que habían sumado polvo en un estudio del maestro en el que durante años no había trabajado.  “Los cargamos en bolsas de lona y nos dirigimos a través de un tráfico miserable, con un taxista aún más miserable, a un estudio de digitalización suburbano. Deseé haber llevado una cámara a este lugar viejo y en mal estado mientras Lina fotografiaba obsesivamente cada parte del contenido y le recordaba al gerente escéptico una y otra vez (y más) lo importante que era realmente este material. Yo no lo sabía en ese momento, ¡pero ella tenía toda la razón! Este contenido, junto con otro similar en Nueva York, proporcionó la mayoría de nuestro material de archivo”.

Julio 2017 – Florencia y Pietrasanta:

“Lo más destacado para mí fue la instalación donde Botero almacena cientos de modelos de yeso para sus estatuas... Deambulé por el lugar en un estado de ensueño. Simplemente no podía creer nuestra buena fortuna. Yesos blancos, paredes blancas y Lina en un traje pantalón blanco. Si hubiera un lugar mejor para contar la historia de la transición de Botero a la escultura, simplemente no podría haberlo imaginado”.

Octubre 2017 – Nueva York:

“Lina y Juan Carlos nos invitaron a unirnos a ellos en Nueva York mientras preparaban un inventario de las obras de Botero en su estudio de Nueva York y en una bodega. Tuve problemas para dormir la noche anterior. Luego vi con asombro cómo hijo e hija abrían carpetas que contenían material en bruto que su papá había cerrado literalmente en 1960 o 1961. Piénsalo: un padre de treinta años hace dibujos, bocetos y notas, los guarda ¡y sus hijos mayores lo descubren más de 50 años después, con las cámaras rodando! Fue un momento increíblemente emotivo para ellos, y también para nuestro equipo y para mí”.

Octubre 2017 – Nueva York:

“Me encanta filmar en Nueva York porque las personas tienen opiniones firmes y no son tímidas al compartirlas. La doctora Rosalind Krauss es una de las voces académicas más importantes del mundo sobre arte contemporáneo y nuestro equipo la había visto destrozando el arte de Botero en la década de 1990. La rastreamos para ver si algo había cambiado; la respuesta fue enfáticamente “no”. En la película, sus opiniones son duras, pero en persona no podría haber sido más amigable; incluso trajo una presentación de PowerPoint sobre el escultor Richard Serra para educarme sobre “un verdadero artista”. (Por otro lado) habíamos intentado ubicar al galerista italiano Sandro Manzo sin éxito. Lo llamé y me dijo que podía hacer la entrevista, pero solo en ese momento. Reveló una historia divertida tras otra, frente a una hermosa pintura al óleo de 400 años y habló sobre el lugar de Botero en la historia. Casi nos lo perdimos”.

Abril 2018 – Colombia:

“Un día duró una expedición para encontrar la casa de la infancia de Botero en el Barrio Boston de Medellín. La dirección que buscamos resultó ser una clínica veterinaria. Estaba cerrada. Finalmente, nos dimos por vencidos y volvimos al autobús con nuestros guardaespaldas. Dos horas sin nada que mostrar excepto una mirada interesante en una parte de la clase trabajadora de la ciudad. Aunque no encontramos la casa de Botero, Medellín es un lugar donde puedes encontrar su presencia en muchos rincones, incluso en el periódico El Colombiano, donde fuimos recompensados ​​con bocetos que dibujó Botero a sus 18 años para ayudar a su familia a llegar a fin de mes. También en Medellín descubrimos un hermoso mural horizontal pintado por Botero en la década de 1950, escondido en el segundo piso de un edificio en ruinas, rodeado de vidrios rotos, a pocas cuadras de un archivo de recortes de prensa meticulosamente mantenidos y fotografías que documentan la estrecha conexión del maestro con su ciudad natal, incluso cuando alcanzó la fama”.

Julio 2018 – Botero reacciona a BOTERO:

“El maestro Botero no vio la cinta sino hasta finales de julio, cuando Lina se lo envió a Sophia en una memoria. Sabedor de lo perfeccionista que es, estábamos nerviosos como el infierno. El día se volvió dos y luego tres y no supimos nada. Mantenía los dedos lejos de WhatsApp y de la tentación de chequear los seguimientos. Por fin recibí un correo electrónico de “Fernando Botero” lleno de cumplidos y pensamientos amables. Pensé que era Fernando, el hijo, y no entendí por qué me decía tantas cosas. Hasta que entendí quién era”. 

 

Recorrido Internacional del documental:

Festival Internacional de Cine de Morelia: selección oficial 2018.

Festival Internacional de Cine Palm Springs 2019.

Nominado premio Schlesinger: Mejor director Documental.

Festival Internacional de Cine de Miami 2019, selección oficial.

Festival Internacional de Cine de Montreal Artfifa.
 

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Redacción Cromos

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