Los ángeles de Goyo: su mamá Nelfa y su hija Saba

Funcionan como una manada inseparable, inspirada por la cadencia de la música del Pacífico y el amor incondicional.

Goyo y sus dos ángeles: Nalfa, su mamá, y Saba, su hija
Goyo, Nelfa y Saba, tres fuerzas inseparables. Fotos: David Schwarz.

- 1 -

Nelfa Perea revive el día en que nació su hija Gloria. Basta una pregunta para que en cuestión de segundos viaje en el tiempo. Sus ojos se ubican en el 12 de julio de 1982. Está acompañada por su esposo, su madre y sus hermanos. Trabaja en el hospital de Condoto y ahora es su turno de sudar y apretar las sienes, por eso no se siente extraña ni nerviosa en la sala de parto. 

Está ansiosa. Afuera sus familiares y amigos hacen una fiesta. Esperan para ver a “la niña hermosa, con un pelo y una piel únicos”, como ella la describe. Ahí, envuelta en una cobija, reponiéndose del llanto, se encuentra la chiquita de párpados hinchados por todos esos meses en el vientre. Nelfa la contempla con una concentración capaz de doblar cucharas. Sus pupilas cafés titilan como si les pegara una brisa. Es la fuerza del amor de la madre primeriza.  Acostada, estirando el cuello para verla mejor, se propone que sea así por el resto de la vida. “¡Qué bebé más hermosa!”, piensa, a pesar del cansancio, mientras su esposo y los suyos aplauden y cantan a ritmo de chirimías. 

- 2 -

Hasta el techo es la canción más maternal de la agrupación Chocquibtown. A simple vista retrata el amor que siente una persona por otra. No parece que hable de un sentimiento filial ni mucho menos del nacimiento de un bebé, hasta que escuchas a Goyo decir que se inspiró en la mujer que es portadora de un nacimiento. En sus versos palpitan los meses de gestación, el miedo y la confianza, a pesar de la incertidumbre. 

En su doble fondo, en la capacidad de tener múltiples interpretaciones, está el encanto de Hasta el techo. Es uno de los clásicos en los conciertos. Los que seguimos la banda desde Somos Pacífico la esperamos tras un rap o un trap. “Es una canción que declara muchas formas de amor, como el de una madre y el de una pareja. Muestra la plenitud que se alcanza cuando estás enamorado sintiendo cualquier tipo de amor”, afirma la cantautora. 

Se puede decir que Saba Valencia Martínez nació con una canción bajo el brazo. Hace seis años, su mamá, al verla por primera vez, pensó en Dios y en la maravilla de la creación. “Antes de tenerte no estaba muriéndome, pero ahora estoy viviendo y de qué manera. Tenerte entre mis brazos es mi vida entera.  Valió la pena el tiempo que duré buscándote –le canta Goyo–.  Yo vivo amándote, mirándote, deseándote. Pensándote, soñándote, adorándote. Tu amor me lleva hasta el techo y no puedo bajar. Como un misterio, da miedo. Pero yo no me voy a asustar”. 

El día que vino Saba, hace seis años, Nelfa estaba en una sala de espera, atenta al nacimiento de su nieta. “Cuando el médico Mauricio nos la presentó, yo estaba afuera con la mamá de Tostao. Era ver a Goyo el día que nació. Sus mismos ojos, sus mismos pies, su pelo. Después se empezó a parecer al papá”, dice orgullosa, esbozando la misma cara de felicidad.

 
 

- 3 -

A los 4 años Goyo ya sabía leer. Por su cercanía a los libros no tuvo necesidad de hacer kínder. Una profesora la mandó directo a primero de primaria. Las palabras de su tía, la directora del María Montessori, viajan del pasado para irrumpir en el presente. Están ella y Nelfa en uno de los pasillos del colegio, poniéndose de acuerdo. “Si da la talla, se queda, si no la da, regresa a su kínder”. 

Para Goyo, la lectura y la escritura fueron herramientas poderosas, pero el canto fue lo que le cambió la vida. 
Desde pequeña supo que podía hacerlo como su mamá. “En las comparsas yo era la voz líder. Un día le dije ‘Goyo, usted va cantar una canción que se llama Ritmo tambó y flores’, de Celia Cruz con la Sonora Matancera. La puse adelante, le hice su falda de guarachera. La vi cantar y bailar delante de todo el mundo, sin pena, sin temor a equivocarse. En ese momento supe que la niña iba a ser grande”.

- 4 -

La sesión de fotos se interrumpe por el llanto de Saba, que de salto en salto se topa inesperadamente con la madera de uno de los bordes de la cama, escondida bajo la sábana. El ‘¡pum!’ del impacto va seguido de un  chichón que es controlado con caricias y hielo, aplicados por su mamá y su abuela. El dolor y las lágrimas envuelven a la estrella de la tarde, que posaba como si esta fuera una de muchas portadas. Su espontaneidad  facilita el trabajo del fotógrafo, que espera a que se calme en brazos de sus familiares. Su buena onda y su bonita energía aparecen de nuevo y para quedarse. Tras una explicación corta, en la que Goyo le dice que se trató de un accidente, Saba retoma su papel de modelo. 

El golpe en su frente es un hecho lejano. Las tres continúan posando frente a la cámara, arropadas, en su jurisdicción femenina, con la que se abrigan bien duro.

 
 

- 5 -

La escritora Chimamanda Ngozi Adichie escribió quince sugerencias a Ijeawele, una mujer que acababa de ser mamá. Cada una está explicada en el libro Cómo educar en el feminismo, publicado por la editorial Random House. En una de las páginas se lee lo siguiente: “Recuerdo que de niña me decían que me agachara ‘como es debido para barrer, como una niña’. Con lo que querían decir que barrer es femenino. Ojalá me hubieran dicho: ‘Agáchate y barre como es debido, porque así limpiarás mejor el suelo’. Y desearía que a mis hermanos les hubieran dicho lo mismo”.

También anota: “Otra conocida, una estadounidense que vivía en el noroeste del Pacífico, me contó que cuando llevó a su hijo de un año a un grupo de juegos infantiles, donde las madres acompañaban a sus bebés, se fijó en que las madres de las niñas eran muy controladoras, constantemente les decían a sus hijas ‘no toques eso’ o ‘para, quieta y sé buena’, y se fijó también en que las madres de los niños los animaban a explorar más y no los coartaban tanto y casi nunca les decían ‘sé bueno’. Su teoría es que los padres, inconscientemente, empiezan muy temprano a enseñarles a las niñas cómo deben ser, que las niñas reciben más normas y menos espacio, y los niños más espacio y menos normas”.

Una más: “Explícale (a tu hija) que algunas personas son homosexuales y otras no. Un niño tiene dos papás o dos mamás porque a veces es así. Explícale que algunas personas acuden a la mezquita y otras a la iglesia, y otras a diferentes sitios para orar y otras no oran, porque ese es el camino de algunas personas. A ti te gusta el aceite de palma, pero a otros no, dile. ‘¿Por qué?’, te preguntará. ‘No lo sé. El mundo es así’, respóndele”.

¿Saba fue su primera experiencia maternal?
El primer acercamiento fue mi sobrina Valentina, que es la hija de mi hermano Slow, que va a cumplir 15 años. Nosotros estuvimos a cargo de ella. 

¿Cómo administra su tiempo con su hija cuando se van de gira?
Me voy con el corazón arrugado. Un día la manager de Natalia Lafourcade me vio triste y me dijo algo muy valioso: “Nunca te vayas a sentir culpable, porque ella va agradecer los esfuerzos que hiciste para sacar tus sueños adelante. No le hables con culpa. Cuéntale cómo te va, pero no sientas que estás cometiendo un error”. Su mensaje fue revelador, desde entonces no me da tan duro separarme de Saba.

¿Su reconocimiento y su hija se llevan bien? ¿Cómo la aterriza? 
Con mi esposo le explicamos por qué nos paran para pedirnos fotos, por qué la gente nos muestra afecto. Un día, caminando con ella por la calle, Saba empezó a decir: “Mi mamá es cantante, mi mamá es Goyo”. Lo decía para que la gente nos mirara. Me tocó sentarla para explicarle que hay mamás que son profesoras, hay mamás médicas, mecánicas, pintoras, artistas. “¿Y tú eres psicóloga?”, me interrumpió.  “Sí, también lo soy”, respondí. “Estudié la carrera en la universidad”. “Así como yo estudio piano en el colegio, ¿tú estudiaste música en la universidad?”, preguntó. Le dije que aprendí sola a cantar y a escribir canciones.

¿Cuál es su canción favorita de Chocquibtown?
A ella le encanta Somos los pietros, la quiere poner a toda hora. Entra en actitud de inmediato, le fascina el video. Le encanta Condoto, ve que todas mis tías la cantan, es con la que nos levantamos en la casa. 

Somos los pietros es un homenaje a la afrocolombianidad, un rap que enaltece la cultura negra de Colombia. Saba nació en Bogotá. ¿Cómo hace para transmitirle su herencia chocoana?
El Chocó lo vive con nosotros, con la influencia de mi mamá y mis tías. Mi casa es Chocó. Igual yo le hablo de mi formación, le pongo música, porque las letras son gráficas para ilustrar cualquier cosa. Hay días en que me pide ir a Condoto. Es que Saba es muy curiosa, es buena para preguntar. Me ha dicho  “ay, mamá, o sea que tú vivías cerca del río e hiciste la escuela allá”.  En Chocó su abuela se la lleva para el río y le muestra cómo se lava la ropa. 

¿Saba ha sufrido racismo?
Un día me sorprendió con “¿cierto, mamá, que yo soy cafecita?”. Sus inquietudes las aprovecho para decirle que es afrocolombiana, con raíces africanas, de ahí que Tostao y yo hayamos enfatizado en la elección de su jardín. Nos parece importante que celebren el día de la afrocolombianidad. Saba se va con su turbante, su ropa colorida, a ella le he hablado del tema a pesar de que está niña.

¿Le han dicho algo despectivo sus compañeros de colegio?
Algunos comentarios sobre su pelo, porque es crespo, diferente al de sus amigas. No le han dicho nada por su color de piel.

¿Es posible empoderar a las mujeres que tienen el pelo crespo si su interlocutora lo tiene alisado?
Critico a los que me dicen que no puedo usar extensiones. Me gustó que haya venido Chimamanda Ngozi al Hay Festival de Cartagena. En su charla habló sobre feminidad, que no tiene nada que ver con identidad. Crecí viendo a Celia Cruz poniéndose pelucas, turbantes.  Crecí viendo a mi mamá vistiéndose y luciendo como ella quería. Esa actitud no va en contravía de sus raíces.

¿Qué piensa de la frase “las niñas se visten de rosado, los niños de azul?
No relaciono la feminidad con un color. En mi entorno laboral hay personas de todos los estilos, con diferentes preferencias. A Saba no le oculto nada, me pregunta y le respondo sin prejuicios, le digo que no todos somos iguales. 
        
¿Se considera feminista?
Soy consciente de nuestra historia como mujeres, que apenas hace unos años nos dejaron votar. Hay varios textos que yo recomiendo, como El vuelo heroico de las mujeres, de Jenny de la Torre. En mi familia siempre me vieron muy contestataria, crecí oyendo: “a Goyo le gustan esas cosas locas”. Mis libros de cabecera son Todos deberíamos ser feministas, Cómo educar en el feminismo y El peligro de la historia única, escritos por Chimamanda.  

¿Qué le enseña a su hija, que haya aprendido de su mamá?
A mi hija le enseño a ser ordenada y puntual. Admiro a mi mamá porque si le dicen a las 6:00, ella está lista a las 4:00. Es muy estricta y cumplida, ella lo sacó de la obsesión que tiene por la limpieza, era muy jodida con la ropa impecable, era exagerada.

¿Qué opina del reguetón que cosifica a la mujer?
Hay maneras de componer una letra para que tenga doble sentido, que sea tan explícita tiene sus consecuencias. Me gusta Bad Bunny, pero hay canciones que no pongo delante de mi hija. 

Usted inició en el rap y después supo consagrarse en otros géneros musicales. ¿Fue difícil ser mujer rapera?
“Gracias mujeres, que me dan la berraquera, porque no es fácil ser negra y rapera; gracias a mi familia que apoya el talento, por toda esa herencia que dejaron mis ancestros”, canto en la canción Mi música. Para mí el rap es brutal, dentro de mi comunidad no era fácil cantarlo, algunos me decían que me dedicara a la salsa o al bolero. Soy fan de Lauren Hill, ella me motivó a vestirme como quería: con pantalón ancho y zapatillas. En Buenaventura se respira el lenguaje del rap, en esa ciudad encontré una identificación con los afros. 

¿En qué anda Chocquibtown?
Estos días andamos componiendo, andamos haciendo canciones, queremos lanzar un álbum este año. Tenemos confirmada una gira por Estados Unidos. Pa olvidarte es disco de platino en España, disco de oro en México. Tenemos el reto de entrar en el circuito latino en Norteamérica. Este álbum que estamos haciendo nos regresará al Chocó, tiene mucho que ver con la chirimía. Estamos en el tema investigativo más allá de lo vivencial.

 
 

 

853419

2019-05-02T16:40:03-05:00

article

2019-05-04T14:00:32-05:00

nroldan_250929

cromos

Carlos Torres Tangarife

Vida Social

Los ángeles de Goyo: su mamá Nelfa y su hija Saba

51

14370

14421