Luz Gabriela Arango Gaviria, una luz para el feminismo

Fue pionera en los estudios de género en Colombia. Su proyecto ha contribuido a dar visibilidad a las mujeres y promover su participación.

Por: María Alejandra Medina.

 

El estudio de Luz Gabriela Arango Gaviria, en su casa, estaba ubicado en el área pensada para los trabajadores del servicio doméstico. Para sus amigos, como la antropóloga Donny Meertens, que Arango empleara ese espacio estaba cargado de sentido.

 

Al preguntar por la profesora Luz Gabriela –‘Luzga’, la llamaban los más cercanos–, quien falleció el pasado 8 de octubre, una de las palabras que más salen a relucir es “pionera”: una pionera de los estudios de género, una comprometida con la historia de las mujeres y el trabajo. Una feminista auténtica. 

 

De su formación

 

Nació en Medellín el mismo año en que las mujeres salieron a votar por primera vez en Colombia. Se graduó como socióloga de la Universidad Paul Valéry, Montpellier III, en Francia. En ese mismo país obtuvo sus títulos de maestría y doctorado, con el servicio doméstico y las mujeres obreras, como temas de investigación. 

 

En Colombia fue cofundadora de la Escuela de Estudios de Género (EEG) de la Universidad Nacional, que, desde la academia, ha buscado visibilizar la participación de las mujeres en la historia y el desarrollo de Colombia. También ha dado cuenta y analizado las desigualdades sociales, basadas en el género y la sexualidad. 

 

Para Mara Viveros, actual directora de la EEG, colega y gran amiga de Arango, una de las claves para mantener vivo el legado de Luz Gabriela hacia el futuro es precisamente seguir consolidando y fortaleciendo la Escuela de Estudios de Género.

 

De su trabajo

 

Los aportes del trabajo de toda una vida, tan juicioso y dedicado como el de Arango, sin duda, son difíciles de abarcar o de resumir. Sin embargo, Viveros destaca obras como Mujer, religión e industria: “Fue un libro fundamental porque cambió la manera de entender el lugar de las mujeres en el mundo laboral”. 

 

Junto con Viveros, Arango evidenció desigualdades como la cantidad de horas que al día pueden dedicar los hombres a sus carreras –hasta 20–, en comparación con las mujeres. “Veíamos cómo las mujeres, que no podían abandonar sus responsabilidades familiares, tenían muchas dificultades para ascender”, dice la directora de la EEG. Y agrega: “Si bien las mujeres están asumiendo actividades que antes eran pensadas como masculinas, viceversa no pasa (sobre todo, con las labores domésticas y del cuidado)”.

 

En sus investigaciones se interesó por las identidades y por las resistencias, poniendo en discusión asuntos de género, clase y raza, cuestionando lo que, para efectos del poder, la sociedad tradicionalmente ha visto como natural. 

 

Para ello, habló, por ejemplo, de la juventud, de las universidades –en las que habitan prejuicios, como ese que asegura que la ingeniería es una carrera que se les facilita a los hombres– y hasta de las dinámicas en las peluquerías. 

 

Un homenaje

 

La noticia de la muerte de la profesora Arango generó reacciones de colegas, rectores de la universidad y organizaciones, entre otros. Desde ONU Mujeres Colombia, de la que forman parte antiguos estudiantes de Arango, resaltaron: “su incansable deseo por seguir comprendiendo y profundizando en las causas estructurales de la desigualdad de género en el país y en el mundo”.

 

De su tiempo como alumna de Arango, Marcela Sánchez, directora de la organización Colombia Diversa, recuerda a una “mujer muy seria en su trabajo, comprensiva, pero a la vez directa y muy profesional. Nunca la vi descomponerse en una discusión. Creo que tenía tanto saber por compartir que no necesitaba un método pedagógico distinto al que usaba: la discusión académica con seriedad, y a la vez tan amorosa”.

 

El pasado 21 de octubre, la EEG preparó un homenaje para la profesora Arango. El auditorio se llenó de mujeres y hombres de todas las edades –niños y niñas por nacer, incluso–. Hubo flores, lágrimas, música, dibujos para la profesora, palabras y aplausos. Todo para manifestar, para devolver, algo del amor y el respeto que alumnos y colegas siempre sentirán por una maestra inolvidable. 

 

Su ética, dijeron allí, hará falta en un país tan agrietado, desde los más altos estamentos, como Colombia en la actualidad. Sus lecciones, también se echarán de menos “en estos momentos en que se banaliza tanto sobre el concepto de género”, dice Marcela Sánchez. 

 

Una confesión

 

Luz Gabriela Arango fue feminista, madre, amante de la naturaleza, apasionada sembradora de árboles y una maestra en todo el sentido de la palabra. 
La verdad, no sé si le habría gustado este artículo. Con toda la disposición, respondía las preguntas que se le formulaban, sin embargo, muchos la recordarán como una mujer discreta, sin interés de figurar o de llevarse el protagonismo. 

 

Aun así, fue inevitable caer en la tentación de hablar de su legado, con la esperanza de darlo a conocer a más personas, y  de que la lectora o el lector se aproxime a alguna de las enseñanzas que Luz Gabriela Arango dejó en una cantidad incontable de estudiantes, colegas, activistas o simplemente en mujeres y hombres que creen y trabajan por una sociedad más equitativa. 

 

 

Fotos: cortesía.