‘Ni con el pétalo de una rosa’, un festival para las mujeres poderosas

Entre el 19 y el 25 de noviembre regresa este festival internacional cuyo eco llega cada vez más lejos.

“Marco Antonio, mátame, pero no me dejes”, dice una actriz en alguna telenovela mexicana. Y usted lee la frase y le suena. No sabe cuándo la oyó, pero le parece conocida. Tal vez la lleva guardada desde la infancia, de esas temporadas de vacaciones en las que quedaba atrapado viendo María, la del barrio  o Padres e hijos. Desde entonces, esos estereotipos del amor y la feminidad se fueron formando en su cabeza y se alimentaron de muchas otras expresiones que nada tienen que ver con la verdad: 'el matrimonio es para toda la vida', 'las mujeres vinieron al mundo para ser madres', 'la ropa sucia se lava en casa' o 'a las chicas les gustan los chicos malos'. Y, entonces, los chicos, que eran buenos, se volvieron malos para conquistar. Y con la ropa sucia se escondieron cifras espeluznantes. Cada 15 segundos una mujer es víctima de violencia en Colombia. Entre los 15 y los 45 es más probable que una mujer muera por un acto violento que por una enfermedad. 

 

De todo esto habla Alejandra Borrero en presentaciones que lleva por todo el país, como parte del proyecto ‘Ni con el pétalo de una rosa’, que lidera hace diez años y que surgió porque la violencia contra la mujer se convirtió en un problema de salud pública. No lo dice ella, sino el Ministerio de Salud. E incluso la justicia, que en el 2015 expidió la Ley Rosa Elvira Cely, que reconoció el feminicidio como un delito autónomo. Borrero se para frente a la gente y les habla de cosas que a todos les suenan conocidas, porque el problema que tenemos es cultural, viene de hace siglos y lo hemos replicado incluso en la televisión, que se encarga de reproducir ideas equivocadas de lo que es el amor, las relaciones y la posición de la mujer en la sociedad. “Alejandra le pide disculpas al público por la novelas pendejas en las que trabajó y rompe imaginarios equivocados –nos explica Tatiana Zabala, directora ejecutiva del Festival ‘Ni con el pétalo de una rosa’–. Explica que amar no es poseer, que querer no es sufrir, que tener hijos no es sacrificarse, que las mujeres pueden trabajar en lo que quieran y luchar por sus sueños”. 

 

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Estas presentaciones son, ante todo, divertidas, porque la idea es que la gente se conecte y algo le quede. Esa es la razón por la que un proyecto como este es liderado por Casa E, una institución cultural: el arte abre espacios de diálogo y cala mucho más hondo en las personas. “El arte comunica mensajes de otra manera –añade Zabala–. Trabaja desde la emoción, sensibiliza, impacta, genera shock y, de esta manera, plantea la posibilidad de lograr transformaciones reales. Ese es uno de los logros más importantes de estos diez años, hemos llegado a públicos muy diversos. Que una familia hable de esto a la hora del almuerzo ya es un triunfo”. 

 

Cada año, una aventura

 

Este proyecto artístico camina durante todo el año. Presentaciones a lo largo y ancho del país, obras de teatro, actividades pedagógicas, exposiciones, conciertos. Casa E, Alejandra Borrero y su equipo nunca paran. Y todo el trabajo que se realiza durante esos 365 días se cierra con el Festival Internacional ‘Ni con el pétalo de una rosa’. Este año, el evento tiene como base a las mujeres poderosas, que no son solo esas que se nos vienen a la  cabeza de primerazo: las empresarias que encabezan organizaciones importantísimas. No, para Casa E, todas son poderosas. Las que trabajan todo el día y llegan en las noches a jugar con sus hijos. Las que decidieron dejar su carrera para dedicarse a su familia. Las que se llenaron de coraje para dejar de ser víctimas. Las que crean, las que luchan, las que inspiran, las que resisten. Las que se reconocen heroínas y las que no. Las que madrugan y las que trasnochan. Las que se sienten tranquilas dentro del molde y las que prefieren romperlo. Las que superan y las que avanzan.

 

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“Cuando empezamos a trabajar al comienzo de este año nos dimos cuenta de que teníamos que ir más allá de la violencia en sí misma, de las leyes y de la denuncia –asegura Zabala–. Teníamos que fortalecer el empoderamiento y el trabajo preventivo. Hay que cambiar cosas desde la raíz para así evitar el maltrato. Tenemos que lograr que las mujeres realmente se sientan poderosas, tenemos que trabajar para que alcancen la independencia económica, tenemos que eliminar las brechas salariales entre un sexo y otro, tenemos que crear historias de mujeres para admirar…”. Esta búsqueda es el centro del Festival de este año. 

 

Todo empezará con una ciclovía, el domingo 19 de noviembre. Quieren que todo el mundo sepa su mensaje. Que transite por las calles, que pase de una persona a la otra, que se grite en los parques, que se baile en los centros comerciales… Por eso, todo arranca con 2.800 personas que invitan a la reflexión a punta de pedalazos. “El domingo es el día de la semana de más violencia para las mujeres y necesitamos que eso se acabe –explica Zabala–. Por eso escogimos ese día para sacar el problema a la calle y convertirlo en un asunto de todos. Usamos la ciclovía para hacerlo visible, para unirnos, para que participen niños, niñas, hombres y abuelitas”. Es una celebración y, a la vez, un llamado a la acción.  

 

Desde ese día y por una semana, habrá actividades que tendrán a las mujeres como tema central. Obras, microdanza, improvisación, charlas, conciertos y performances colectivos se tomarán Casa E y Bogotá. Hay que liberar la agenda para asistir a todo lo que se pueda. Le recomendamos, en especial, programarse para el 25 de noviembre, un día en el que todas aquellas que se sientan mujeres se tomarán el centro comercial Gran Estación a punta de baile. “Las mujeres tenemos culpas, miedos y responsabilidades que nos limitan, que acaban con nuestro amor propio y con nuestro tiempo –dice Zabala–. Solemos sacrificar nuestras cosas por otros. Por eso ideamos este performance, para que sea un espacio en el que la mujer limpie sus culpas, se libere, haga respetar su tiempo y su poder creador”. Un video circulará por las redes para que todas las mujeres que quieran participar se aprendan los pasos y lleguen ese sábado a hacerse sentir. Entre más mujeres, mejor. Si le interesa ir, no lo dude, porque, como escribía Clarissa Pinkola, en Mujeres que corren con los lobos –obra que sirvió de inspiración para este performance–: “A veces no hay palabras para alentar la valentía. A veces debes simplemente saltar”.

 

Fotos: cortesía. 

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