“No creo que por mi edad o mi género me nieguen oportunidades”: Gladys Beatriz Vélez

Esta vallecaucana tiene 25 años y es investigadora y astrofísica del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts. Su curiosidad le ha permitido explorar el universo desde su telescopio y ascender con firmeza y agilidad en el mundo académico.

Gladys Beatriz astrofisica colombiana en el MIT
Las mujeres en MIT. De 117 profesores de Física, 11 son mujeres. En los últimos cinco años, MIT ha encabezado una iniciativa en la diversidad de género en cada una de sus carreras.Foto: Cortesía Paulo Tonn

Hablar con Gladys Beatriz genera calma. Así se expresa cuando habla y cuando escribe: con gran respeto hacia los demás. Su interés por conocer a la persona que está al otro lado del teléfono permite que la conversación sea cálida y amable. 

Con la seguridad que da la pasión por un oficio, empieza por contarme sobre aquello que la impulsó a donde está hoy: “Mi hermana mayor me presentó las estrellas”. La noche en la que lo hizo, le señaló ‘Los Tres Reyes Magos’, los luceros más luminosos del cielo. Para Gladys Beatriz eran una alegoría a esos lazos inquebrantables que la unen a sus hermanas. “Nunca nos separaremos porque las estrellas son para siempre”, pensaba mientras las observaba. Al tiempo, una serie de cuestionamientos atravesó su cabeza: “¿Por qué la vida humana no es para siempre? ¿De qué están hechas las estrellas? ¿Con qué fin están ahí?”

“Esa noche se despertó en mi alma algo que había permanecido inactivo, echó raíces en mi interior y encendió una sed insaciable por el conocimiento. Cada vez que veía esos ‘reyes’ en el cielo tenía otra pregunta que agregar a mi cuaderno. Cuando las páginas se llenaron, comencé a darme cuenta de que nunca se había tratado de mí. Estaba aquí para continuar el camino que los gigantes habían empezado”, confiesa Vélez con humildad.

Con ese deseo fue construyendo su camino hacia la astrofísica, en un país que la acogió desde su niñez. Cuando tenía seis años, su abuela materna, quien vivía en Estados Unidos, visitó Colombia para conocer a sus nietas y a su regreso se las llevó consigo. Hace 19 años llegó Cambridge, pero en sus vagos recuerdos de infancia guarda el sonido alegre y campestre de la casa donde creció en el Zarzal, Valle. 

El cambio no fue fácil. Mientras aprendía un nuevo idioma, tuvo varios inconvenientes en el colegio. Regresaba a casa con el fracaso y la frustración en los hombros. Le era inevitable sentirse atrapada en un lugar al que no pertenecía. En esos días grises, la lectura y su curiosidad fueron su salvación.

A los 11 años, un hecho puntual le permitió definir el rumbo de su vida. Su profesora de Biología entregó en clase un artículo sobre la ‘teoría de las supercuerdas y las dimensiones extra’, que había salido en una revista de astronomía. Sintió fascinación por esa lectura. Días después, transmitieron en las noticias un panel realizado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en el que hablaban sobre la misma teoría. “Fue impactante, porque me di cuenta que estaban explorando temas que yo había estado preguntándome. Fue tan fuerte, que en ese momento decidí ser física, sentí que había encontrado mi lugar”, recuerda.

 
 

“Creo que el valor de alguien se mide por sus acciones. Puedo decir que mis acciones me definen y es lo único que necesito”. / Foto: Calen Bonyun.

No hubo espera. Todavía en el colegio, hizo una pasantía en la Nasa, en un programa al cual llegó recomendada por el gobernador del estado en el que vivía. Hizo trabajo de campo, leyó artículos y organizó eventos en su ciudad, en colaboración con astrónomos locales. Una de esas actividades consistió en invitar a la ciudad entera a observar la noche estrellada con telescopios. Su deseo siempre estuvo arraigado en compartir su amor por las estrellas. 

De ahí pasó a la Universidad de Columbia para estudiar Astrofísica en el Barnard College, un lugar donde solo estudian mujeres. “Tuve la buena fortuna de rodearme solo de mujeres, así que no hablábamos de esa distinción de género, había una solidaridad bien asentada, simplemente éramos un grupo de personas con la misma meta y nos apoyábamos las unas con las otras”. 

El gusto por la academia se quedó en sus venas. Al finalizar la carrera aplicó a MIT y pasó. 

Hoy, su trabajo consiste en desarrollar los métodos más eficaces para enseñar física experimental a los alumnos de primer y segundo año. “Una de las cosas que me han gustado del MIT es que no hay mucha burocracia. Nada más tienes que proponer una idea y encontrar el apoyo, así sea de colegas, pero no necesitas que nadie apruebe tu trabajo”, comenta Vélez. Además, lidera la colaboración entre el Departamento de Física y el Departamento de Ciencias Atmosféricas y Planetarias, que tiene como propósito desarrollar e integrar proyectos que aborden la creciente preocupación en torno al cambio climático, así como asegurar una educación en ciencias del clima para los alumnos, que no existía antes. 

Su reto diario es personal: tiene un problema con la palabra ‘No’. Solamente la usa para decir que no cree en ella. Esto hace que tenga que trabajar para mantener la cordura entre tantas responsabilidades. Para ella, la salud mental no debe considerarse una debilidad y debería desestigmatizarse. 

En su tiempo libre le gusta leer, oír música y practicar tiro con arco, que es su espacio de  meditación. Sueña con que la astrofísica haga parte de la vida de cada individuo: “Aunque la ciencia puede parecer distante, tienes que saber que todo depende de ti. No dejes que las órdenes culturales opaquen tu luz, porque estás hecho para cosas gigantes. Si alguien dice lo contrario, demuéstrale la verdad. Vas a tener que hacer muchos sacrificios y ese es el verdadero logro. Debes ser firme en tus pasos y tener tu corazón abierto al mundo y a la vida”.