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Margarita Ortega / 31 Jul 2015 - 2:02 p. m.

"Nos urge una búsqueda que nazca del alma", Margarita Ortega

Más que una oración, me acompaña una actitud: la gratitud. Desde que abro los ojos en la mañana hasta cuando vuelvo a dormir, dar gracias me hace sentir en unión con el milagro de la vida.

Margarita Ortega

"Nos urge una búsqueda que nazca del alma", Margarita Ortega
"Nos urge una búsqueda que nazca del alma", Margarita Ortega
"Nos urge una búsqueda que nazca del alma", Margarita Ortega

Dependiendo de lo que se entienda por fe, mi experiencia ha sido un camino de muchas preguntas y, por fortuna, de una maravillosa respuesta que es la vida misma en su expresión más diáfana y simple: un todo en el que el amor es la premisa.

Más que la fe, el significado en mi vida de una búsqueda espiritual es lo que me conduce a estar en todos y cada uno de los hechos, momentos, espacios, y milagros del día a día. 

No creo que sea necesario empaquetarnos en un devocionario lleno de teorías para comprender con el alma los reveladores caminos de nuestro paso por este escenario que es la vida y nuestra travesía como seres espirituales.

Provengo de una familia católica, por lo tanto me acompañan imágenes y recuerdos de esa formación familiar, y de algunos maestros de luz que he ido conociendo con el paso de los años. 

 

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“Tengo una devoción especial por Dios en toda su esencia. Y estoy convencida de que el ejercicio de la vida espiritual no se desliga de nuestra cotidianidad”.

 

Se necesita saber y comprender que como seres espirituales que somos, haciendo un recorrido a partir de la materia para trascender como parte de un todo creado por la sabiduría del amor. Nos urge una búsqueda que  nazca del alma y se eleve al humilde sentido del saber que somos pequeños y que hay una gran inteligencia. Una divina presencia, sea cual sea el nombre que le demos o el camino por el que a él lleguemos, que nos cuida, nos abraza, nos enseña y siempre quiere lo mejor por y para nosotros.  

Escogimos un camino de aprendizaje en el que debemos ser nosotros, cada uno, quienes tengamos la iniciativa de ahondar en esa búsqueda y en el deseo de encontrar respuestas íntimas y personales que impacten de forma positiva en nuestra labor de servicio y participación en comunidad. 

 Tengo una devoción especial por Dios en toda su esencia. Y estoy convencida de que la vida espiritual no se desliga de nuestra cotidianidad, por lo menos no de la mía y en ello trabajo sin descanso. Cada cosa que hago, digo o pienso sucede con el amor y en el regazo de mi búsqueda. La meditación en movimiento, en continua vivencia es una experiencia que intento aplicar en mi vida diaria, no creo que la labor espiritual se remita a un instante o a un ritual específico, se vive día a día. 

 Estas vivencias las comparto en familia con el ejemplo, con nuestra actitud hacia la vida, en la manera de confrontar y enfrentar los retos de cada día. En el encuentro con todo lo que nos rodea. El amor que debe inspirarnos cada pequeña cosa que nos sucede y que hace parte de lo que somos y experimentamos minuto a minuto. 

Todo esto, cada respiración, debe ser la forma de compartir nuestra búsqueda y trabajo espiritual con los demás.

Espero que las vivencias y expresiones de mi vida espiritual me lleven más allá de este plano material. 

 

Foto: Juan José Horta.

 
 

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