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Carlos Torres / 17 Sep 2015 - 3:25 p. m.

¿Qué pasó en la casa de don Carlos mientras se tomaban el Palacio de Justicia?

Hoy llega a las salas de cine del país, Siempreviva. Una clásico del teatro colombiano que trasciende a la gran pantalla.

Carlos Torres

¿Qué pasó en la casa de don Carlos mientras se tomaban el Palacio de Justicia?
¿Qué pasó en la casa de don Carlos mientras se tomaban el Palacio de Justicia?
¿Qué pasó en la casa de don Carlos mientras se tomaban el Palacio de Justicia?

Ecos de botas en la calle. Salió del colegio León XIII. Iba con dos amigos, cerca del Palacio de Justicia. Bajaba a coger bus en la décima, porque vivía en el sur, y ocurrió lo del Palacio y lo de las botas. Los ecos eran del calzado de militares. Unos eran los soldados del Batallón Guardia Presidencial, esos que se paraban con un arma y unos proveedores que apenas utilizaban en el entrenamiento de polígono, parecían de adorno. “¿A qué le iban a disparar, si no tenían idea de hacerlo?”, se pregunta hoy Klych López, el muchacho que tenía 14 años cuando el M-19 tomó por asalto las instalaciones del Palacio de Justicia. “Me acuerdo de verlos corriendo para arriba y para abajo, junto a otros batallones”.

Ahí en el pasado está el niño con el corte totuma, al lado de dos amigos, atónito. La gente corría desesperadamente. Nunca la salida del León XIII había sido así. Las autoridades acordonaron la zona. Cuando los ecos de las botas fueron tiros de fusil y de tanques, Klych ya estaba en casa, viendo la tragedia por televisión. En casa, su familia estaba frente al televisor. Otros seguían a oídas por radio. Vivían en el barrio El Sosiego. En los medios se les daba rol a los protagonistas. Los buenos, los malos, las víctimas. Las circunstancias eran confusas. E inolvidables. “El país estaba a favor del Gobierno. La gente se enteraba de que un grupo de guerrilleros tomaron unos rehenes y disparaban de adentro para afuera. Los colombianos estaban identificados con la retoma. En ese entonces no se era consciente de ese proceso”, explica Klych.

 

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El vallecaucano Klych López se lanza con su ópera prima, Siempreviva, una arriesgada adaptación del clásico del teatro colombiano escrito por Miguel Torres. Se estrena el 1 de octubre.

 

Al día siguiente no hubo clase en el colegio. Klych intentó agarrarse de sus recuerdos para escribir un guion. Tenía una duda: “¿Cómo armo este zaperoco sin tomar partido? Era lo más difícil”.  

Si se aferraba al pasado, sonaría  parcializado, con una Colombia a favor de “defender la democracia” a como diera lugar. Del proyecto de película desistió, pero los ecos de las botas continuaban en su cabeza. Entre el material periodístico y ficcional sobre aquel 6 y 7 de noviembre de 1985, estaba La Siempreviva, una pieza teatral escrita por Miguel Torres. Su adaptación al cine iba a hacerla realidad Carlos Mayolo, con la producción de Clara María Ochoa. Algo sucedió en el camino y no se concretó.

“La iban a rodar hace veinte años. Clara María y Mayolo eran muy amigos, hasta alcanzaron a revisar el texto de Miguel Torres. ¿Quién sabe que habrá pasado?”. Dicen que los muertos tienen una vida delgadita. Nadie se muere completamente, como los desaparecidos. Algo de esta naturaleza tuvo la adaptación de La Siempreviva. ¿Cómo no iba a llevarse a cabo, siendo un clásico colombiano que podía tener su versión en cine? En ocasiones, los rompecabezas se arman solos. La productora Clara María no se aguantó las ganas y Klych, que había estado a unos metros, algo quería hacer con su memoria del Palacio. 

 

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Cinta de detalles. La película narra lo que ocurre en el país políticamente hablando, pero no es sobre el holocausto, dice el director. (Archivo CROMOS)

 

Siempreviva es una historia satélite del Holocausto. Una casa enorme en La Candelaria con familias como contexto principal y, detrás de ella, los ecos de botas. “En ella se ven micromundos. Es cada detalle de lo que ocurre en el país políticamente hablando. Es importante decir que esta no es una pieza sobre el Palacio de Justicia, sino sobre la cotidianidad. Es la lucha del colombiano, cómo hacemos para sobrevivir la siguiente semana, para pagar el arriendo, para ir a cine”, sostiene.

Las vidas de un frío prestamista (Enrique Carriazo), la de la dueña de la casa embargada (Laura García), la de un inútil a quien la juventud le pasa por encima (Alejandro Aguilar), la de una abogada en ciernes (Andrea Gómez) y la de una pareja en quiebra (Andrés Parra y Laura Ramos) se ven afectadas por los enfrentamientos entre el ejército y la guerrilla. En la película todo ocurre dentro de la casa y fue grabada en plano secuencia (una técnica de rodaje que consiste en la realización de una toma sin cortes durante un tiempo largo). Los ruidos de la guerra se sienten, porque están a pocas cuadras. En el primer día, la guerra se lleva a la abogada, la única universitaria graduada en un estrato condenado a la pobreza y el dolor. Su desaparición reduce las diferencias en la vecindad, les cambia la cara a todos.

 

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El director, nacido en Cartago, nunca se sintió cautivado por Andrés Caicedo y su Caliwood. Sus influencias artísticas vienen del lado de la Bogotá musical de los 90, con el grupo Pantera.

 
“En esta película me sentí como domador sin jaula al frente de muchos tigres. Sin látigo, lanza, ni nada, jugamos a entendernos. Un buen actor es salvaje, propone demasiado, discute un texto y defiende hasta el final su postura. A mí como director me gusta eso”, concluye Klych. “Durante la grabación estuve atravesado por mi vivencia de aquel 6 y 7 de noviembre del 1985”. El director de Ciudad Crónica y Collar de perlas todavía está masticando su primer largometraje, ya lo ha visto bastante, unos días le encanta más que otros. Es la clásica relación amor-odio del artista con su obra, por eso dicen que están condenados a masticarla, así como él y el resto de colombianos todavía mastica la toma. 

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Palabra de director

- “La relación del director con el plano secuencia es una relación de amor tormentoso. Puedes tener cuatro minutos increíbles y pum, se cae una luz o hay un tropiezo”.

- “Cuento historias con la intención de que la gente las vea. No tiene sentido escribir y escribir y guardar todo en un cajón”.

- “Escribir tiene su encanto y más cuando uno tiene que hacer lo que escribe. Te pone en una responsabilidad mayor. Escribir y luego hacer es chévere. Sobre todo, cuando los personajes le van diciendo a uno un montón de cosas que uno no se esperaba. Ellos van hablando solitos”.

 

 

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El elenco de Siempreviva está conformado por Alejandro Aguilar (Humberto), Andrea Gómez (Julieta), Laura Ramos (Victoria), Laura García (Lucía), Enrique Carriazo (Carlos), Andrés Parra (Sergio) y Fernando Arévalo (doctor Espitia). 

 

 

Fotos: Cortesía Siempreviva y Juan José Horta.

 

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