Stephen Hawking, una mente que nunca dejó de volar

En un cuerpo que cada vez se paralizaba más, su cerebro estuvo más vivo que nunca. El científico inglés falleció a los 76 años.

Lo único que le molestaba de hablar a través de un sintetizador es que le daba un acento estadounidense que escondía su encanto inglés. De resto, le tuvo sin cuidado si se comunicaba por señas o por computador, con intérprete o parpadeando.

 

Nació el 8 de enero de 1942 en Oxford, Inglaterra y con 14 años ya estudiaba Física en el University College de Londres, de donde se graduó con honores en Ciencias Naturales. Por eso no sorprende que uno de los grandes descubrimientos científicos de la primera mitad del siglo XX, relacionado con el origen del universo, tenga su firma. Exponer que la teoría de la Relatividad que involucra tiempo y espacio tuvo su origen en el Big Bang y en los agujeros negros, uniendo así la teoría de la Einstein con la física cuántica, incluyó su nombre en la lista de científicos más reconocidos del mundo.

 

Claro que a él las adulaciones no le interesaban. “Cuando saben de mis estudios y me ven en una silla de ruedas, tienden a vanagloriarme y llegan a compararme con Einstein, lo que es simplemente ridículo –afirmó en una entrevista para la cadena BBC–. Eso demuestra que no conocen ni el trabajo de él ni el mío”. Por esta razón aceptó la invitación que el canal Discovery le hizo en el 2010, para crear un programa científico ambicioso y entretenido, en el que tuviera la oportunidad de enseñar sus conocimientos.

 

Su genialidad fue más allá de sus estudios en matemática aplicada y física teórica. Además de alcanzar la excelencia en el campo académico y profesional -su obra 'Breve historia del tiempo' ha vendido más de 25 millones de copias en todo el mundo. Stephen Hawking se convirtió por derecho propio en un icono de la cultura popular, así como en todo un ejemplo de superación y lucha contra las adversidades, al romper todos los pronósticos en su ardua batalla contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

 

Con solo 21 años de edad, al científico británico -catedrático de la Universidad de Cambridge- se le diagnosticó tan destructiva enfermedad y en su momento se estimaba que no viviría más de dos años. Sin embargo, y a pesar de que sus capacidades motoras se fueron deteriorando progresivamente, hasta el punto de acabar confinado de por vida a una silla de ruedas y de necesitar un sintetizador para poder comunicarse verbalmente, eso no le impidió desarrollar una carrera de referencia en su ámbito y, además, hacer divertidos cameos en series como 'Los Simpson' y 'The Big Bang Theory'.

 

A pesar de depender de una silla eléctrica para moverse, y de un sintetizador programado para comunicarse, su carisma y vitalidad fueron tan contagiosas que cuando describió a los extraterrestres como herbívoros de dos piernas, amarillos y con forma de lagarto, en el primer episodio de su programa, fue difícil no creer en lo que dijo.

 

Según Hawking, profesor de Física gravitacional de la Universidad de Cambridge, una cosa es hablar de vida extraterrestre y otra muy diferente pensar que hay vida inteligente en el espacio. “Sólo tenemos que mirarnos a nosotros mismos para ver cómo la vida inteligente fuera de nuestro planeta podría desarrollarse hacia algo que no querríamos ver”. Por eso la posibilidad de hacer contacto con los llamados “alienígenas” no es tan probable ni mágico como lo muestran las películas.

 

Lo mismo sucede con el viaje en el tiempo. De acuerdo con sus estudios, el hombre sólo podría transportarse hacia el futuro si construye naves espaciales capaces de desplazarse al 98% de la velocidad de la luz. En dos días, uno de ida y otro de regreso, habrían transcurrido dos años aproximadamente en la Tierra. Brian Cox, físico de partículas de la Universidad de Manchester, apoyó esta teoría, aunque hubo quienes dijeron que Hawking no fue sino un soñador.

 

Padre de tres hijos, ganador de la Medalla Copley (el mayor reconocimiento al trabajo científico) en 2006 y honrado con 12 doctorados honoris causa, Hawking fue también un buen líder de familia. Cuando no estaba dando conferencias o enseñando teoría cosmológica, se dedicaba a actividades típicas de cualquier padre de familia. Por eso no era raro verlo en un concierto de Depeche Mode acompañando a su hijo mayor, Tim, o en primera fila de las carreras de Fórmula 1 con sus otros hijos.

 

Foto: Getty.