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hace 19 horas

Susana Martínez: “a las mujeres nos educaron diciéndonos ‘no’ a todo, mientras que a los hombres ‘sí, tú puedes hacerlo’”

La caleña radicada en Nueva York es cofundadora y directora ejecutiva de CoreWoman. En el 2018 estuvo en Colombia como conferencista de TEDxBogotáMujeres.

Regla de oro. Cuando se comienza un emprendimiento es muy fácil que consuma la vida de una persona, de modo que es necesario tener reglas con alta prioridad y cumplirlas.Foto: Cortesía.

Pasión, responsabilidad social y curiosidad son los tres adjetivos que definen a Susana Martínez, a la hora de emprender un nuevo proyecto con su empresa CoreWoman. La fundó porque se despertó en ella la necesidad de compartir con la gente su conocimiento e investigación. Quería contribuir al desarrollo y empoderamiento de la mujer. Su pasión por la igualdad de género y los temas sociales los carga desde los catorce años, cuando, inspirada por Simone de Beauvoir, escribió poemas y prosas sobre el segundo sexo y la equidad.

Influenciada por su abuelo "comunista de escritorio", como ella misma lo define, y su madre, que la empoderó y la hizo ver que el cielo no tenía límites, salió con su alma nómada de Cali a Francia. Se radicó en Estrasburgo y estudió, en la Universidad Sciences-Po, en París, Ciencias Políticas,  Economía e Historia. Esta carrera le abrió las puertas del mundo de la investigación, con el que se encontró unos meses después en São Paulo, Brasil, mientras hacía un intercambio. Al regresar a Francia, su ambición por el estudio no se detuvo y realizó una maestría en Políticas Públicas, que en esta oportunidad la llevó a vivir en Singapur y en Nueva York, ciudad en la que está radicada desde hace tres años.

En la Gran Manzana se animó a hacer un doctorado en economía aplicada a la educación, en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y con este se animó a trabajar con fuerza y de lleno en los temas de género. Justamente en una de sus crisis emocionales, que según ella sufre cada tres meses, decidió crear su empresa. En esta se dedica a aportarles a las mujeres la autoconfianza necesaria para romper con las brechas sociales, económicas, familiares y laborales con las que muchas nos encontramos hoy en día.

P: ¿Qué ventajas y desventajas tenemos las mujeres en el entorno laboral?

R: Ventajas: somos muy buenas para manejar equipos, tenemos un don para leer a las personas. Cuando tomamos decisiones en la política, lo hacemos más ayudando a otras mujeres, cuidando  el medio ambiente, a los niños. Vemos cosas que, por experiencia propia, los hombres no ven.

Desventajas: si estamos en una zona de confort y nos ofrecen un ascenso, posiblemente nos vamos a sentir amenazadas. En ocasiones dejamos de aplicar a ascensor para no salir del lugar en el que estamos. También está la falta de negociación, hay un libro que se llama Women don't ask, que muestra la brecha de negociación entre hombres y mujeres. Sí las mujeres no pedimos un aumento de salario, un ascenso, un viaje de trabajo, vamos a perder ofertas laborales, dentro y fuera de la empresa. Un estudio en EE. UU. dice que en el primer trabajo los hombres ganan un  30% más que las mujeres, porque ellos hacen una contraoferta y las mujeres no. A lo largo del ciclo de la vida, después de 40 años de trabajo, los hombres ganan un millón de dólares más, por esta primera brecha de negociación. También entra la necesidad de afiliación, a las mujeres nos gusta que nos quieran. Generar un buen ambiente laboral es posible cuando hay uno o una líder de equipo que tenga procesos que transformen y afecten para bien. Cuando sucede lo contrario, cuando las decisiones afectan más a unos que a otros, surgen conflictos que entorpecen el desarrollo.

P: ¿Por qué las mujeres no sabemos negociar?

R: ¿Has escuchado el dicho: “calladita te ves más bonita”? En parte viene de ahí. Yo lo viví mucho con mis tías, me decían: "eres muy mandoncita, cómo estás creidita". Sucede que a una niña que le dicen ese tipo de cosas desde pequeña crece esperando que alguien maravillosamente diga: "tú eres buenísima en lo que haces, ven yo te doy este ascenso". Eso pasa solo en el 10% de los casos. Nos quedamos esperando que alguien nos de nuestras aspiraciones, cuando en realidad debemos todo lo contrario. Debemos aprender a visualizarnos, no esperar a que alguien lo haga por nosotras.

P: ¿Cuáles son las claves para romper el techo de cristal?

R: Una de las principales es la visualización de las capacidades, las personas que están en cargos de gerencia media han pasado muchas barreras y creen que son capaces. En los talleres que hacemos nos hemos encontrado con la gran brecha entre las mujeres que están ahí y las que quieren pasar de ahí, pero no lo hacen porque no saben pedir oportunidades, ascensos y visualizarse. ¿Cómo hacerlo? Deben apropiarse por la presentación que hicieron, de las ideas, de la creación del proyecto, deben hablar en público con soltura, mostrarse como líderes, eso las va a hacer mucho más promovibles. También deben saber pedir oportunidades. Hay dos lados de la moneda, uno es el de la oportunidad y el otro es por lo que la organización la deje hacer. Usted puede tener todo lo necesario para brillar, pero si la organización es cerrada, machista, no va a pasar nada y lo mejor es renunciar. En ese caso hay que trabajar con las empresas, cambiar la cultura para que ese liderazgo femenino se valore como debe ser.

P: ¿Por qué hay más hombres que mujeres en cargos de poder?

R: La historia de las mujeres en el mercado laboral en Colombia es de aproximadamente 40 años. Poco a poco hemos venido entrando en este mundo y, como somos nuevas, no conocemos muy bien lo siguiente: las empresas deben ofrecernos la economía de cuidado y la maternidad. Uno no puede dejar de lado el hecho de que la mayoría de las mujeres son madres y no quieren llegar a un cargo de liderazgo porque esto implica dejar a los hijos por varias horas con una persona externa.

Las empresas no creen que una mujer con hijos pueda asumir grandes responsabilidades. Aquí entra el tema de oferta y demanda, porque la mujer no quiere o porque la empresa cree que no es capaz. Ahora, hay ciertas áreas y escenarios que le pertenecen a las mujeres, como la publicidad, el mercadeo, el periodismo, pero hay otras que no, como la tecnología y la ingeniería, tradicionalmente lideradas por hombres. Tenemos que anular los sesgos inconscientes en las  personas encargadas de la contratación, para que vean las ventajas económicas de tener más mujeres en el poder.

Susana Martinez1
Alma viajera.
A sus 37 años ha vivido en Francia, Brasil, Singapur y Estados Unidos. Habla cuatro idiomas: francés, portugués, inglés y español.

P: Se habla mucho de empoderamiento ¿Cómo podemos desarrollarlo? ¿Hay claves para hacerlo?

R: Acabo de escribir un libro llamado Misión de empoderamiento. El empoderamiento hay que verlo como un proceso, no es como que yo me empodero de un día para otro y ya. Cada vez que salimos de nuestra zona de confort hay un nuevo proceso de empoderamiento. Está divido en dos áreas. Una son los recursos y la otra es la agencia. Los recursos son la educación, la experiencia y el capital. Si los hay se puede ayudar a una mujer a ser emprendedora. La agencia son las competencias blandas; es decir, debe existir una capacidad para cumplir los objetivos que se tienen. Para hacerlo se necesita tomar acciones. Hay que entender en qué parte puede estar el problema que no permite que se dé el primer paso. En trabajos que hemos realizado con mujeres base de la pirámide, vimos que tienen tres problemas: no definen el objetivo, no se creen capaces y no toman acciones.

Por otro lado, existen personas un poco más calificadas que saben del emprendimiento, pero tienen muchos miedos. Para poder comenzar se debe trabajar en la autoconfianza. Es peligroso hablar de empoderamiento sin saber qué es. Creo que mucho de lo que en el mercado se habla es más motivación, hay mucha gente que la brinda y es súper importante, pero no es necesariamente empoderamiento.

P: A veces se siente que es un tema netamente de empresarias y ejecutivas. ¿Qué mensaje les daría a las mujeres que piensan eso?

R: Yo uso la frase “si tienes miedo, hazlo con miedo”. La aplico mucho, yo le digo que sí a todo, pero antes de hacerlo me muero del susto. Es fácil decirlo, pero si una mujer está en un entorno de mujeres y se empiezan a tocar estos temas, va a empezar a entender que tener todos estos sentimientos es normal. Hablar sobre los mismos miedos, temores, fracasos y triunfos ayuda mucho más.

Eso sí, relacionarse con expertos que trabajen la perspectiva femenina en el empoderamiento es muy valioso, porque los desafíos son diferentes. A las mujeres nos educaron diferente, nos dijeron ‘no’ a todo, mientras que a los hombres les dieron un ‘sí, tú puedes’.

P: ¿A qué se dedica CoreWoman?

R: Es una organización en dónde trabajamos por el empoderamiento de la mujer y las empresarias. Está dividida en tres áreas: la primera en la que trabajamos es en la investigación aplicada, pero una que se pueda leer y le sirva a cualquier persona con un lenguaje asequible, no académico. En la segunda hacemos fortalecimiento institucional, organizacional para empresas, ONG, fundaciones privadas o del gobierno que trabajan en pro de las mujeres y de las niñas. Estas son organizaciones que ya están haciendo un muy buen trabajo, pero con nuestro apoyo técnico pueden mejorar más. La tercera está enfocada a programas y talleres de empoderamiento, dirigidos a mujeres de cualquier nivel socioeconómico para reforzar la autoconfianza, el mercadeo personal, la crítica interna, la comunicación asertiva, la negociación, entre otras, para la gestión de las desigualdades de género en las empresas y los sesgos inconscientes; todos estos con una metodología diseñada para descubrir la radiografía del problema, basada en estudios de economía y comportamiento, lingüística, comunicaciones y administración.

Hay que entender las brechas de género que existen desde tres perspectivas: primero, por problemas estructurales, como que los buses sean caros, que no haya iluminación pública y eso genere miedo a salir a trabajar temprano, dejar salir a los hijos, entre otras. Segundo, por las empresas y el  poder que discriminan a las mujeres porque son jóvenes, negras, pobres, morenas, con bajos niveles educativos y de ciertos barrios. Esto se denomina 'lado de la demanda'. Y el tercero es del lado de la oferta, por la forma en la que han socializado a las mujeres, existen comportamientos que también afectan las oportunidades laborales y educativas. No es culpa nuestra, es consecuencia de la crianza de nuestros papás, familiares y del colegio. Todos esos mensajes de la sociedad hacen que nosotras adoptemos ciertos comportamientos que se reflejan en la vida adulta. Por eso dejamos de tomar riesgos, tenemos miedos, tomamos otras decisiones  para que otras personas nos quieran, y no pensando en nuestro bienestar. También llega un momento en el que solamente pensamos en la maternidad y dejamos escapar oportunidades de crecimiento profesional, porque, de pronto, en cinco años, somos madres.

P: En los últimos años se ha registrado un crecimiento entre un 15% y un 25% de mujeres que están emprendiendo en el país. ¿A qué que se debe este avance?

R: Las mujeres empiezan un negocio por necesidad, para manejar su tiempo, sobre todo por sus hijos, para tener más flexibilidad y para tener una entrada fija de negocio, muchas veces siendo complementaria al ingreso del hombre. Esto no es una historia positiva, sucede gracias a un mercado laboral muy poco flexible con las mamás que las está obligando a independizarse. Ser  emprendedor es muy duro. El gran desafío del emprendimiento de las mujeres no es que esté registrado positivamente, es una tendencia global que crece más y más. Lo que es importante es entender su crecimiento en término de empleos, ingresos y ventas, ese es el gran desafío, para   que más emprendimientos puedan crecer.