"Todas somos Eva": Ana María Gómez, directora de Eva Boulevard

Eva Boulevard, la feria dedicada a ser un trampolín para las emprendedoras, vuelve al Parque 93, en Bogotá, del 5 al 8 de septiembre y luego del 12 al 15.

Todas somos Eva
Los compradores de hoy buscan nuevas experiencias en familia, como las que ofrece Eva.Foto: Cortesía.

Una madrugada, cuando el mundo comenzaba a ser mundo, la laguna de Iguaque se llenó de flores de colores y de sus aguas revueltas emergió una mujer con un niño en los brazos. Esbelta, morena, imponente. Caminó hasta la orilla con paso resuelto y se quedó a vivir en la tierra. Era Bachué, la primera mujer de la cosmogonía muisca. 

En la mitología nórdica, la primera mujer salió de un árbol, de un olmo al que los dioses entregaron un espíritu. Se llamó Embla y tuvo siempre la luz de la inteligencia y el fuego de los sentimientos. Para los griegos fue Pandora, hecha en arcilla por Hefesto y dotada con gracia, sensualidad, dominio de las artes y algo de maldad. Para los mayas fue una hecha de barro, maíz amarillo y maíz rojo. Y para los católicos, fue Eva, salida de una costilla de Adán y destinada a ser su compañera. 

“Todas somos Eva”, dice Ana María Gómez, directora de Eva Boulevard, una feria dedicada a las mujeres, que desde hace tres años sirve de plataforma creativa a emprendedores colombianos. “Todas nos debemos a la primera que habitó el mundo”. Dos veces al año, el Parque 93, en Bogotá, se llena de pequeñas boutiques rosadas, con faroles en el techo y marquesinas sobre las puertas. Se llena de música, de voces, de historias. De marcas que venden joyas, prendas hechas a mano, objetos decorativos, comidas y productos cosméticos. 

Son cerca de 250 emprendimientos que hablan de empoderamiento femenino. El 95% de sus expositores son mujeres y el 100% de sus productos están destinados al bienestar de la mujer. Es también una experiencia distinta para sus compradores.

La plataforma Eva Talk and Music es un lugar de eventos, conciertos, charlas y conferencias. Y es, sobre todo, una iniciativa con sentido social. Está unida a causas como la de la Fundación Natalia Ponce de León, que lucha por los derechos de las mujeres que han sido víctimas de ataques con ácido. 

“Con Eva estamos apostándole a la creación de una dinámica de libre comercio que ayude a diluir la brecha de género”, dice Gómez. En septiembre de este año, la feria llega a su sexta edición y espera más de 45.000 visitantes. Tendrá lugar durante los dos primeros fines de semana del mes, del 5 al 8 y del 12 al 15 de septiembre, y estará dedicada a celebrar el amor y la amistad: Eva Love Edition. Entre sus expositores habrá artistas, diseñadores, artesanos y chefs. Banana Bread, Liliam Medina Joyas, y Ocho y Cinco, por nombrar algunos. 

Banana Bread

—Todo empezó porque mi hermana odia el banano y siempre está a dieta–cuenta Isabel Robledo, una de las creadoras de Banana Bread–. En uno de mis cumpleaños horneó una torta como regalo y para no antojarse la hizo de banano. 
Para entonces, Isabel estudiaba Administración de empresas y Eugenia, su hermana, Diseño Industrial. Ninguna de las dos tenía entre sus planes una marca de tortas, dedicarse a venderlas o volverse pastelera. “Le quedó deliciosa –recuerda Isabel–.

Me comí el molde completo”. Copió la receta y comenzó a prepararla por su cuenta, al principio para matar el tedio de los domingos y, luego, para vender entre sus compañeros de universidad. 

Los compradores fueron cada vez más y poco a poco se encargaron de que ampliara su menú: tamaños más grandes para las reuniones familiares, versiones saludables sin mantequilla y sin azúcar, opciones veganas libres de productos de origen animal. “Todas nuestras creaciones son espontáneas –cuenta Isabel–. Por ejemplo, hace poco estuvimos en Montería y probamos un postre de cocada que nos encantó. Pedimos la receta y cuando volvimos a Bogotá lo convertimos en torta”. 

La lista de sabores ya es larga: tradicional, con chips de chocolate, con frutos rojos, saludable, libre de gluten y algunos especiales que solo venden por temporadas. Desde el principio, las tareas estuvieron claras: Isabel se encargaría de las recetas y la administración, y Eugenia del diseño y las redes sociales. Por cuatro años usaron la cocina de su casa, Instagram como método publicitario y WhatsApp como forma de distribución, pero hace algunas semanas inauguraron su primera tienda en Bogotá y esperan expandirse a otras ciudades. 

—Lo más divertido es que a Eugenia todavía no le gusta el banano. No se come un pedazo ni por error–cuenta Isabel. 

 
 

Ocho y Cinco

—La verdad es que yo no me estoy inventando el hilo negro–dice Adriana Penagos, creadora de Ocho y Cinco, una marca de ropa y accesorios que vende kimonos, pañuelos y pareos–. Cogí varios pañuelos que tenía en mi casa, los junté formando un cuadrado grandísimo y dije: “¡Wow, funciona!”.

Adriana nació en Bucaramanga y desde muy niña creyó que su sueño era ser comunicadora social. Ya adulta, cuando tuvo que probarse frente a una cámara, descubrió que, quizá, ese no era el camino. “Me dije: ay, no, esto es demasiado formal para mí”. Se concentró, entonces, en la rama organizacional de su carrera y llegó a Televisa para trabajar en publicidad. Le fue bien, pero seguía necesitando algo más. 

Había crecido en una familia de emprendedores y llevaba ese espíritu en las venas. De sus viajes traía vestidos de fiesta que ponía en alquiler y que más tarde optó por vender. Fue así como surgió la idea de crear una marca propia. “Siempre me gustaron los kimonos y, como en Colombia no se conseguían, empecé a pensar en desarrollarlos yo”, cuenta. 

Lo primero fue buscar ayuda, alguien que fuera su lápiz y pusiera en papel todas sus ideas. Lo segundo, probar. Lanzó su primera colección sin mayores conocimientos de moldería, patronaje o diseño, y fue un éxito. La gente compró hasta el último de sus kimonos y, desde entonces, Adriana tuvo claro el siguiente paso: profesionalizar su marca. 

—Mis kimonos son totalmente diferentes–explica–. Son cortos y no tienen nada que ver con esas prendas pesadas y llenas de apliques. Además, son únicos. Yo compro la tela blanca y la sublimo con mis propios estampados.  

Liliam Medina Joyas

—A nuestra última colección la inspiran las hojas secas, la tierra árida, el sol abrazador y las formas oxidadas por el tiempo –explica Liliam Medina, creadora de la marca de joyas que lleva su nombre–. Se llama Sequía y habla de cómo hay belleza implícita en todo lo que nos rodea.

Desde que estaba en octavo semestre de Ingeniería Industrial, Liliam tuvo claro a qué quería dedicarse el resto de su vida. Sin embargo, le pesaron más los años de esfuerzo, las noches sin dormir y los días enteros estudiando en la biblioteca. Optó por terminar la carrera y tras un corto receso fuera del país comenzó a estudiar joyería. Como aún no existían lugares formales para especializarse, lo hizo en los talleres de distintos artesanos: Francisco Piñeros, Nuria Carulla y Giovanni Tovar. 

Su marca existe hace 14 años y lleva tres trabajando junto a su esposo, Mauricio Crisoni, quien, sin ser joyero, ha encontrado formas distintas de desarrollar el oficio, procesos alternos a las formas tradicionales, que no exigen conocimientos específicos: unir sin soldar, cortar sin calar con segueta. “A veces, sus caminos son mejores que los míos –dice Liliam–. “Esa visión suya sumada a mis conocimientos les da a nuestros productos un valor único”. 

Todas sus colecciones están inspiradas en la naturaleza y llevan nombres que las describen: Pétalos, Brisa Marina, Coral. Nacen de su propia experiencia con la selva húmeda del Magdalena y de un intento por plasmarla de forma sensible en cada una de sus joyas. Este año inauguró la pasarela de Bogotá Fashion Week.
 

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Laura Galindo M. / @LauraGalindoM

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