“Trabajar en el campo es un privilegio”: Yaneth Reina

Un recorrido por la finca productiva de una mujer campesina del municipio de Mesetas, en el sur del Meta, y por la esperanza de seguir viviendo en un territorio de paz.

Yaneth Reina. Foto: Fondo Europeo para la Paz

Ella dice que no vive en una finca sino en una mansión. La mansión se llama San Diego. Está ubicada en la vereda La Argentina, municipio de Mesetas, departamento del Meta; a más de tres horas, por carretera, desde Villavicencio. Dice que son doce hectáreas y media donde siembra maracuyá, tiene un par de cerdos y una que otra vaca pero que cuando la compró (su mansión) no era más que un potrero abierto. Dice que los dueños anteriores le dieron la facilidad de pagar y ella no dudó en aceptar. Era 2015 y tuvo que empezar de cero.

Ver: "En Mesetas estamos haciendo la paz en la tierra": Cielo Olave, líder social

Ella se llama Yaneth Reina. No podría tener otro apellido. No uno que se ajuste a su mansión en la que vive con sus dos hijos, su esposo y sus padres. Ella nos invita, nos dice “sigan a mi oficina principal” y lo que vemos son ollas brillantes y pulidas, un fogón de leña, y como lanza órdenes por doquier, “prendan el molino electrico”, “traigan unos limones” y se pone a exprimirlos verdes y jugosos; mientras lo hace ella conversa:

“Mire esas son las ventajas de vivir en el campo. Usted tiene sed y coge un pedazo de panela y trae unos limones y listo. ¿Ir a comprar un limón? Eso es muy triste. A mí eso me parece una tragedia”.

Ella cuenta, “yo me siento muy orgullosa de ser campesina y no es una carga trabajar en la casa y en el campo. Yo soy la que coordina la finca. Ellos me preguntan ¿qué hacemos hoy? Yo les digo y lo hacemos. Yo me levanto a las 4:30.a.m. por el desayuno, a moler… La mañana es corta y si me pongo a guasear (hablar por Whastapp) me descuido y me coge la tarde y corra a prender el fogón de leña, después de mediodía a sembrar o a cargar palos”.

Reina nos saca de su oficina a recorrer la mansión: pasea el cultivo de maracuyá, la cochera donde hay una cerda y siete crías, un par de vacas lecheras a lo lejos, los corrales con unos treinta pollos que chillan y luego se detiene junto a un  estanque y dice que eso antes eran dos pozos pequeños, pero que hace poco contrató una máquina para que lo dejara así: “un estanque: listo para traer las cachamas” que le entregarán del proyecto productivo Mascapaz, del Fondo Europeo para la Paz.

Ver: Mujeres del Meta: antes y después de la guerra

“Mi sueño es vivir en un lugar que produzca, que las necesidades que tuvimos y aún tenemos se superen con los mismos recursos de la tierra. Donde mis hijos puedan superarse. Yo quisiera que mi hija trabajara en su propia finca desde su profesión, porque yo se lo digo y se lo repito: trabajar en el campo es un privilegio”.

Reina es una mujer en paz. Si hablamos de guerra se le pone un nudo en la garganta que no la deja hablar mucho. Le brillan los ojos y nos dice que la guerra agobia, atemoriza, que ella perdió familiares y amigos, que sabe que hay mucha gente diciendo que la paz es una mentira pero es porque nunca han estado ahí en la mitad de la ráfaga de los fusiles o con la zozobra de pisar una mina.

Ella dice: “la guerra nos quitó muchas cosas y aquí estamos tratando de recuperarlas”.

 

 

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Yulieth Mora/ @YuliethMora_

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