Un recorrido por la obra de Lucy Tejada

A 98 años del natalicio de la artista colombiana, sus obras constituyen un referente del arte contemporáneo del siglo pasado en el país.

Lucy TejadaArchivo Cromos

Pereira, 1920. El 9 de octubre nació la segunda de los 5 hijos de Ismenia y José, y tuvo por nombre: Lucy Tejada Sáenz o Lucy Tejada, como firmaría varios años después cada uno de sus cuadros. 

Su obra estuvo permeada por diversos procesos: inició su formación como pintora de la mano de su madre, y luego, de la mano de su hermano Hernando hasta que, en el 45, Alejandro Obregón la alentó a ingresar a la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá. (También puedes leer: Se conmemoran 98 años del natalicio de Lucy Tejada)

Empezó a exponer de manera individual en 1947 y desde eso nunca dejó de forjarse una carrera llena de reconocimientos enfocados siempre en la versatilidad de su obra y de su técnica (donde exploró con éxito la pintura al óleo, el dibujo, el mural y el grabado); y en haber sido una de las primeras artistas femeninas con una creación consistente, en un medio hasta entonces dominado por los hombres.

"Como artista siempre mi obra evolucionó de acuerdo con las circunstancias de cada exposición, cada una con una relación particular y diferente, narrado todo aquí, de acuerdo con el tema. Puedo afirmar que es ésta una parte significativa de la memoria de mi vida dedicada al arte", fueron sus palabras para el catálogo Gran Retrospectiva.

Lucy Tejada en cada uno de sus periodos pictóricos

Años 50

“Mis primeros óleos me definen como una artista figurativa que evoluciona hacia la geometría, pero la mayor parte de esta etapa tiene el encanto particular de la Guajira. Toda la magia del desierto y también los indígenas Wayúu, con sus costumbres ancestrales tan extrañas para alguien como yo que venía del interior del país. Las mujeres eran bellísimas con sus mantas y sus rostros pintados para protegerse de la agresividad del sol. Esa cultura me asombraba en todos los aspectos, incluso por su lengua. Verlos sobre ese paisaje era como ver una estampa".

 

Años 60

“La década de los sesenta fue rica en expresiones del arte en Cali gracias a los festivales de arte organizados por Fanny Mikey. Breve historia del viento comienza esta década con la exposición de 1961 en la Biblioteca Nacional, una de las más satisfactorias y placenteras, donde olvido la geometría y surge el gesto abierto. Una libertad emocionada domina las obras. Óleos sobre lienzo de hálito poético con colores grises y rosas, en cierta manera un homejaje a Obregón, donde encontramos gestos abstractos que afirman la euforia. La serie Insectos es la manera de expresar momentos de ira y de rebeldía que experimenté en una etapa de mi vida. Para mí, los aguijones, púas o chuzos tenían actitud dura y agresiva. Así surgieron estos seres basados en insectos de verdad, pero en realidad son ficciones, pues toda mi obra es imaginativa, no es copia de la naturaleza. Esa fue una etapa interesante que exploré con diversas técnicas. Posiblemente realicé óleos en gran formato y también variedad de dibujos y pequeñas tablas, demostrando con ello mi capacidad investigativa y temática".

 

Años 70

“Leí Cien años de Soledad. Al poco tiempo realicé mi interpretación de Macondo con dibujos en tinta china; de allí derivaron otras obras.  A las Manos de los Indios es una serie que realicé como homenaje a la raza indígena. La serie Oxígeno es un tema que alude al hacinamiento en que el hombre moderno vive, a la estrechez. En estos cuadros se revelan situaciones tristes, de niños encerrados en una especie de burbuja de metal, como una máquina, con lo cual quería representar una imagen de lo prisionero que se encuentra el hombre de las circuntancias que causa el progreso. Los Jardines Prohibidos son una etapa más bien corta y me resulta un tanto difícil de explicar. Quería plantear nuevamente un contraste con los niños, pero esta vez con la naturaleza. De nuevo experimenté con muchas técnicas, como  acuarelas, témperas y otros inventos míos, que me permitían tener diversos resultados. Esta década termina con la serie de las Islas Galápagos".

 

Años 80

“Partiendo de Máquina triste, un grabado de 1979, continuando con un dibujo de 1980 llamado Los que salen, inicio la serie Máquinas desventuradas. Allí, una locomotora de vapor triste y estática, que nunca viajará en su paisaje imposible con esas mujeres que salen de la realidad hacia una eternidad sin esperanzas. La serie Máquinas hace alusión a los desarrollos tecnológicos. La máquina era una representación de ese progreso, que entonces yo veía con cierta prevención. Este tema lo abordé usando muchas técnicas, las cuales enriquecían la obra, pues al aplicarlas, combinarlas o compararlas iba encontrando cosas nuevas e interesantes. Los elementos metálicos yo los representaba junto con animales que había visto en la Guajira o que se encontraban en las Islas Galápagos. Lo que hacía era crear un contraste entre los seres vivos con los elementos estáticos en metal".

 

Años 90

“En los años noventa encontramos una serie importante de óleos sobre lienzo. Son cuadros plácidos, retozones y surrealistas con animales y vegetación profunda y barroca como corresponde a nuestra naturaleza tropical con su exuberante biodiversidad. Cada uno con su propia motivación, como un cuadro imaginario. Los últimos cuadros son pequeñas ventanas de colores de las flores, con un sentimiento de complacencia y optimismo, de comprensión y tolerancia; allí se asoma un mínimo de esplendor de naturaleza, la eclosión floral que significa la sublimación de la planta que encierra su preciosa carga genética de supervivencia: las semillas vitales. La flor está con la mujer en su correspondiente encantamiento. La técnica consiste en acuarelas, tintas chinas de color sobre papel Arches y algunas se complementan con colores pastel en una técnica mixta. Los niños son la personificación del ser vivo y de mi propia vida, porque siempre me he considerado una especie de niña que está asombrada mirando un mundo que la tiene casi petrificada".

 

Obra gráfica

Lámina de metal

“El grabado es una técnica de la cual se antojan los pintores, porque es una manera de reproducción y de difusión de la obra. Yo tenía una forma particular de trabajarlo, usando planchas de zinc o cobre. La Real Academía de San Fernando era la sede de la escuela de grabado en Madrid. Allí realicé mis primeros grabados, puntas secas o grabando directamente en la plancha; grabados que pretendieron emular humildemente con los clásicos. La clase la dirigía el profesor Steve Boley quien nos ejercitaba para no ‘tirarnos’ las preciosas planchas de cobre; estas pruebas serían la base real de mis futuros grabados".

 

Lámina de acrílico

“Ya en Colombia recordé en alguna clase en la Academia de San Fernando la utilización de la plancha en lámina de acrílico, y por cuestión práctica y facilidad de manejo ideé un sistema más liviano y manejable; así llegué al grabado directo en esta lámina, inventando con dificultad los pasos intermedios. Creé diferentes maneras de darle textura usando líquidos y otros elementos con resultados variables, a veces interesantes, con métodos de incisiones o relieves. Realicé planchas de gran tamaño".

 

Serigrafía

“Durante los años sesenta el pintor Pedro Alcántara Herrán y María Eudoxia Arango crean la Corporación Prográfica, un taller para imprimir serigrafía. Es el auge de la obra gráfica. Comienzo a participar en carpetas donde nos reuníamos varios artistas, Enrique Grau, Alejandro Obregón, Pedro Nel Gómez y otros de renombre internacional con la idea de la democratización del arte al reproducirlo en tirajes limitados y así abaratar el precio de las obras. Posteriormente, con el impresor Jairo Agudelo realicé varias planchas".

 

Las imágenes fueron tomadas del blog Lucy Tejada. 

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