Por: Ricardo Bada
Yo soy como el picaflor

Del 'Testamento del Paisa'

Mi amiga Teresa Naranjo, paisa de Medellín, me hizo un extraordinario regalo por mi 80.º cumpleaños, y fue un libro titulado Testamento del Paisa. Es uno de los más divertidos que he leído en lo que va de milenio, y buena prueba dello (como decimos los clásicos) es el número de subrayados que le hice, y de los que di buena cuenta en mi blog, en estas mismas páginas:

«Testamento del Paisa» en mi diario

Sólo dejé afuera las que se referían a la relación del paisa con Bogotá.

Que entre Bogotá y Medellín hay pugna responde a una tradición arraigada en cada país. Basta con mencionar Lisboa y Oporto, Madrid y Barcelona, Roma y Milán, París y Marsella, Berlín y Hamburgo, o dentro de nuestra América Latina Río de Janeiro y São Paulo, Buenos Aires y Rosario. Y los prejuicios suelen repetirse con cansina contumacia.

Veamos qué podemos leer al respecto en Testamento del Paisa. Entre los Dichos hallamos este y su explicación: «Dar caramelo (o Dar caramelo bogotano): No decir que no, francamente, sino mantener la esperanza hasta que la “víctima” desista de sus propósitos con el sistema bogotano de “vuelva después”, “tal vez la semana entrante”, “aguárdeme, yo muevo unas palanquitas”, “en el próximo presupuesto”, etc., etc., etc...»

Otro dicho: “Caérsele a uno el carriel (o las alas)”: «Sentir gran desánimo. “Trabajando y trabajando: toda la platica de Antioquia se va pa Bogotá; no nos devuelven nada. ¡A uno se le caen las alas!”»

Entre los refranes estos dos: «Bogotano sincero, no ha nacido el primero». «Bogotano, ni grande, ni pequeño, ni mediano: En Bogotá hicieron el refrán “Antioqueño, ni grande ni pequeño”, que el poeta antioqueño León de Greiff varió en su estilo característico: “Antioquense, ni grande ni caldense”»

Tres prejuicios: «Trabaja más el retrato de un bogotano voltiado pa la pared». «Es más sincero que un bogotano hablando con la novia». «Trabaja más un bogotano en vacaciones».

Y el siguiente cuento breve: «Una vez cometieron una falta tres soldados: un bogotano, un costeño y un paisa. El general, muy bravo, dijo que le dieran cien palos en las costillas a cada uno. Cuando ya iban a cumplir el castigo, el general vio que podían matar a los hombres, y entonces dijo que cada uno podía pedir que le pusieran en las costillas alguna cosa. Empezaron con el bogotano y ese dijo que le pusieran un colchón. Después el costeño pidió que le pusieran encima diez esteras. Cuando le tocó el turno al antioqueño, dijo: “¡Pongan el bogotano encima y den bien duro!”»

Lógicamente hay bastante más tela para cortar, pero con los botones de muestra que van por delante creo que basta y sobra. 

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