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Miércoles 15 de octubre de 2008. La fecha, a simple vista, no dice nada y podría ser una más de un año en el que el frío intenso hizo recordar a la Bogotá de antaño. Pero ese día en la mañana, el invierno hizo un alto en el camino y los cerros tutelares se podían divisar con claridad.
De haberse presentado un despertar gris y nublado, el campeón mundial Mika Hakkinen quizás se hubiera llevado una imagen triste y carente de colorido de la ciudad. Pero ese día el sol brilló y el finlandés quedó maravillado con el verde de las montañas y la alegría de la gente.
No todos los días un bicampeón mundial de Fórmula Uno visita nuestro país. Y no todos los días, así sea por 20 minutos, se tiene la oportunidad de hablar con un hombre que a través de la velocidad marcó historia y que ocupa un lugar especial en los libros de la máxima categoría del automovilismo mundial.
Claro que ese tiempo resultó casi efímero y se consumió a la misma velocidad con la que Hakkinen conducía su McLaren en las diferentes pistas del mundo, pues la mayoría de los interrogantes se quedaron en el tintero.
La cita era en las oficinas de Diageo (representante de la firma Johnnie Walker), muy cerca del Parque de la 93, en donde en horas de la tarde el finlandés iba a firmar el acuerdo de consumo responsable de alcohol e iba a manejar el Caparo T1.
A las 10:40 de la mañana en punto se sintió la figura de un hombre alto, vestido de negro, quien rompió el hielo, con una sonrisa cálida, acompañada de la petición de un café colombiano.
Aunque reconoció que la ciudad le había parecido encantadora, Mika también habló sobre el caos del tránsito vehicular, pues su traslado del aeropuerto al hotel se había hecho largo y tedioso, y hasta por momentos desesperante para un hombre que goza del buen retiro en Monte Carlo.
Hablar sobre su carrera, hubiera resultado un desperdicio, pues simplemente él hubiera dicho que se inició en los karts, que poco a poco fue buscando su espacio y que gracias al título obtenido en la Fórmula 3 británica, en 1990, pudo llegar a la escudería Lotus en la temporada siguiente.
También que en 1993, después de haber iniciado el año como piloto de pruebas, terminó como dueño del asiento de Michael Andretti y compañero del brasileño Ayrton Senna en la escudería McLaren. Quizás se hubiera referido a su primera victoria en un Gran Premio en Jerez de la Frontera y de sus dos títulos mundiales.
Pero había que hablar sobre la razón de la visita y sobre su presente como embajador de Johnnie Walker y abanderado del consumo responsable en el mundo, algo que para él se ha convertido en algo especial, pues considera que su experiencia como conductor de Fórmula Uno, así como su imagen de campeón, pueden incidir en la conciencia de quienes tienen la osadía de combinar el volante con el licor.
El reloj es inexorable y los 20 minutos están por terminar. Mika Hakkinen es consciente de que su agenda es muy agitada, pero también de que había una pregunta obligada y era cómo había visto él la salida de Juan Pablo Montoya del equipo McLaren y de la Fórmula Uno. Su respuesta se puede resumir con facilidad: le faltó enfoque.
Y, por último, un consejo de un campeón para quienes desean llegar a la cima: “No se trata de un solo detalle, sino de todo un paquete. Es importante tener un mánager y una persona que no solamente lo maneje a uno en lo profesional, sino también en los negocios. Hay que tener la técnica correcta, un enfoque de ganador, los consejos adecuados, la mentalidad y la motivación para triunfar. Es todo un proceso y hay que rodearse de las personas apropiadas, destacarse en el trabajo y, lo más importante, no hablar tanto e ir al punto”.
Fue una charla corta pero suficiente para saber que detrás del bicampeón mundial se esconde una persona común y corriente, de grandes valores y con una sencillez envidiable, una persona que bien podría quedarse en el sillón de su casa a disfrutar de un merecido descanso, pero que ha preferido seguir rodando por el mundo con el objetivo de llevar un mensaje invaluable: el alcohol con la gasolina puede resultar una mezcla peligrosa y fatal.
Un piloto con mucho recorrido
Mika Hakkinen ha sido uno de los pilotos más importantes en la historia de la Fórmula Uno. Él, con sus éxitos en la segunda mitad de los 90, hizo que los autos de la escudería McLaren revivieran los años gloriosos de las ‘Flechas de Plata’, al coronarse como campeón mundial del ‘Gran Circo’ de la velocidad en las temporadas de 1998 y 1999.
Además de sus dos títulos, logró un total de 20 victorias, 51 podios, 26 poles y 25 vueltas más rápidas, resultados que lo llevaron a ser conocido como el ‘finlandés volador’.
Hakkinen, quien tiene 40 años, sigue participando en carreras promocionales en diferentes países y campeonatos de turismo en territorio europeo.