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Adrián Berbia agradece la solidaridad del plantel

La posible salida por bajo rendimiento del Júnior prendió un carnaval de especulaciones que terminó con la presencia del arquero en la práctica.

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Fabián M. Rozo Castiblanco
09 de febrero de 2010 - 10:00 p. m.
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Barranquilla ya es una fiesta y los ánimos en el interior de Atlético Júnior están que arden, no tanto por el verano infernal que sacude a la capital atlanticense ni la celebración de la ciudad en sí. La tensión tiene nombre y apellido: Adrián Berbia, el arquero que algunas versiones periodísticas, dirigenciales y hasta del mismo técnico Diego Umaña parecían enterrar como a Joselito el próximo martes.

Pero quien para muchos era ex futbolista rojiblanco desde el fin de semana, fue uno de los primeros en llegar ayer a la sede deportiva en Solinilla para entrenar normalmente en la reanudación de prácticas, porque el uruguayo le confirmó a El Espectador que “nadie del club me notificó nada y al tener contrato hasta diciembre, entrené con la misma dedicación y entrega que he tenido desde el primer día que llegué”.

Si bien desde el viernes pasado los máximos accionistas del equipo barranquillero se dieron a la tarea de contratar otro arquero para reemplazar a Berbia, responsabilizándolo así de la eliminación en la Libertadores, el factor económico terminó por hacerlos cambiar de parecer, ya que aparte de indemnizar al charrúa con una cifra cercana al medio millón de dólares, la repatriación de Farid Mondragón de Alemania o de Julián Viáfara de Brasil, únicas dos opciones contempladas, implicaba además como mínimo, el doble de esa cantidad.

Entonces apareció el comunicado oficial del Júnior en el que se informó que la reunión entre el entrenador y el meta, horas después de perder con Racing en Montevideo, “fue orientada a manifestarle al jugador su preocupación por el ambiente generado en Barranquilla respecto a sus recientes actuaciones y a manifestarle que sería mejor para él considerar la posibilidad de buscar un cambio”.

Pero él no está dispuesto a hacerlo porque asegura sentirse “cómodo por el buen trato que he recibido de los directivos, de los compañeros, a quienes les agradezco su voz solidaria, del cuerpo técnico y de la gente en sí porque todos los días voy al supermercado y no he recibido insulto alguno en la calle”.

Acepta eso sí que “a veces se dan buenos resultados y en otras tardes te resultan partidos desafortunados, pero es algo normal porque así como el que desperdicia una opción puede meterla en la siguiente, con los arqueros pasa lo mismo, se te puede ir una bola y luego evitar el gol”.

Así se lo expuso a Umaña en ese diálogo íntimo del que se dijeron muchas cosas, pero cuya conclusión según Berbia es que “existe una relación de respeto y de trabajo, nos conocemos desde antes cuando felizmente vivimos con América mi primer campeonato en Colombia y el suyo como entrenador”.

Por eso, sin querer justificar la reacción del entrenador, reconoce que “el fútbol, como el mundo actual, se ha vuelto ‘exitista’. Si ganás, servís, si no, te hacen a un lado, y pasa hasta en la tecnología, hoy comprás un computador y en dos semanas ya es viejo, así que uno como futbolista debe estar ajeno a eso y el tema es de trabajo y profesionalismo porque en los equipos grandes siempre hay presión y estoy acostumbrado a ella”.

Y lo afirma con argumentos: “Haber estado en clubes campeones de América y del mundo como Peñarol y Olimpia creo que sé lo que es, si salís campeón una vez puede ser suerte, dos hasta casualidad, pero si das ocho vueltas olímpicas quiere decir que no es cuestión del azar. Si fuera un tipo suertudo, frecuentaría los casinos y sería rico”.

El uruguayo advierte de paso que está dispuesto a pelearle el puesto a Didier Muñoz y Carlos Rodríguez, los otros dos arqueros, porque “en un grupo los 30 debemos sentirnos titulares y darle la complicación al técnico para que escoja a los 11”.

Berbia quiere volver a estar entre los elegidos y ganas le sobran, las mismas que “tenía de jugar la Copa porque ya había jugado seis Libertadores y hacía años que no la disputaba, por eso si a alguien le dolió esta eliminación fue a (Jorge) Casanova y a mí, ya que nadie más que nosotros como uruguayos queríamos traernos la clasificación”.

Pero a Barranquilla llegó vencido y señalado, aunque con una lección aprendida: “Así como no se disfruta tanto cuando se sale campeón, tampoco se debe sufrir por estas cosas. Infortunadamente el sabor amargo perdura más que el dulce, pero hay que mirar hacia adelante y no quedarse en lo que pasó”.

Por Fabián M. Rozo Castiblanco

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