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La búsqueda fue contrarreloj y después de analizar opciones, al final apareció el nombre de Gustavo Julio Alfaro, cuyo único nexo con Colombia en ese entonces era Andrés Pérez, a quien dirigía en Quilmes. “Todo fue tan rápido que ni le dimos tiempo a que lo pensara”, recuerda Javier Hernández Bonnet, que encontró en el entrenador a alguien más que un simple compañero de set.
Y es que el estreno resultó tan auspicioso, que luego integró el staff que cubrió el Mundial de Alemania, también la Copa América de Venezuela y ahora el torneo premundialista a Sudáfrica. Pero así como aumentaron los sellos en el pasaporte, también han crecido las expectativas del argentino, quien a través del comentario, aprende, “ya que exige mirar el fútbol desde otra óptica y tratar de ponerse en la cabeza de los dos técnicos que están planificando una estrategia y con las palabras más simples posibles, contar lo que está pasando y lo que puede llegar a suceder”.
Admite además que lo ve “mejor desde arriba, porque se contempla la amplitud de un montón de cosas que a ras de campo no se aprecian”. Más herramientas tiene para el análisis, aunque también el factor emocional juega en Alfaro, al punto que le “duelen las derrotas de Colombia, porque aprendí a querer e identificarme con su fútbol y su gente”.
Piensa además que llegó el momento de apretar dientes en la tricolor con “este ciclo de cuatro partidos que empezó con Uruguay y termina con Brasil, los cuales, si bien no son decisivos, sí marcan tendencias de dónde va a estar un equipo y para qué va a tener que luchar el próximo año, cuando se inicie la parte final de la clasificación”.
Por eso, el técnico de 46 años invita a “revisar las formas, porque se perdió un juego importante, pero no la eliminatoria y si las enseñanzas que dejó el revés del sábado se asimilan, no sólo le van a servir para jugar contra Chile sino para el resto, como el de Paraguay por ejemplo, que será un rival tan o más fuerte que los mismos uruguayos”.
De igual forma, confía en la reacción en el Nacional de Santiago, porque “Chile es uno cuando juega de local y otro de visitante, así que le está costando esa regularidad, la cual hoy sólo tiene Paraguay que junto con Brasil y Argentina, me parece que tienen lugar fijo en el Mundial”.
Él también quiere estar en Sudáfrica, pero no sabe si la dirección técnica se lo permita, ya que volverá a los banquillos, después de haber decidido dejarlos por un tiempo. “Se extraña bastante dirigir, pero uno debe ser paciente con los tiempos, hacía cinco años que no paraba y a veces hay que detenerse para tomar distancia, ver cuáles son los siguientes pasos a dar y, sobre todo, actualizarse”.
Ofertas no le han faltado para regresar e incluso varias de Colombia, pero el DT campeón con Arsenal de Sarandí en la Copa Suramericana 2007, considera “que no es el tiempo todavía de aceptar el desafío en el exterior, porque debo terminar de aprender y formarme, y el mejor lugar para hacerlo es el que conoces y en mi caso es el fútbol argentino”.
Por ahora, entonces, seguirá dando las charlas técnicas, pero no en un vestuario sino en un estudio, al que llegó por casualidad y con el tiempo le da vigencia, experiencia y más reconocimiento, incluso sin estar dirigiendo.