Alfonso Cañón: merecemos una alegría como esta

El mejor futbolista bogotano de la historia asegura que es hora de colgar la séptima estrella en el escudo cardenal.

Cuando Alfonso Cañón se retiró del fútbol, en 1981, no imaginó que pasaría tanto tiempo antes de celebrar un título como hincha. Por eso está ansioso, sabe que el próximo domingo podría hacerlo, aunque reconoce que vencer al Pasto no será una tarea fácil.

“Es el momento de brindarle una satisfacción a esa afición que está dolida y frustrada porque el año pasado y el antepasado se estuvo cerca de llegar a la final y de esa anhelada estrella. Los santafereños merecemos una alegría como esta”, dice el Maestrico, máximo goleador cardenal y sin ninguna duda el mejor futbolista bogotano de la historia.

“En Santa Fe hice todo lo que soñé. De niño me enamoré del rojo y blanco, quería jugar algún día con esos colores y en El Campín, y no sólo cumplí esos anhelos, sino que pude dar tres vueltas olímpicas. A este equipo lo llevo en el alma y hasta el último día de mi vida seré orgullosamente santafereño”, agrega.

Cañón dedutó en 1964 y fue campeón en 1966, 71 y 75. Después jugó en Bucaramanga (1977) y América, con el que logró el título en 1979. Regresó a Santa Fe y colgó los guayos a finales de 1981, luego de jugar 505 partidos y anotar 146 goles vestido de albirrojo. En total sumó 608 compromisos y 162 anotaciones en torneos de Dimayor. Estuvo en la selección Sub 20 de 1964 y en las de mayores que disputaron las Copa América de 1966 y 1975.

Pero no todo fue color de rosa en el paso de Cañón por el club. “También tuve tristezas, como dejar escapar el título en el 65 faltando tres minutos. Perdimos con Cali, que tenía una nómina extraordinaria. Le habíamos jugado de tú a tú, fue un partido lindo en El Campín y era para haberlo ganado”, recuerda con nostalgia antes de lamentar: “A veces las instituciones o los directivos no se comportan bien con uno y son desagradecidos en cierta forma. He trabajado varias veces con las divisiones menores del club, pero hace dos año me desvincularon”.

Con respecto al técnico Wilson Gutiérrez y al equipo que desde el miércoles jugará la final de la Liga Postobón contra el Pasto asevera que “tanto él como el grupo se ven muy maduros. Este equipo no es brillante, pero sí muy práctico. Ha sabido pegar en los momentos justos y se nota que está muy unido, algo que es fundamental en el fútbol”.

Siente orgullo cuando ingresa a la tribuna occidental de El Campín y la gente lo saluda o le pide un autógrafo, pero de corazón quiere que ahora otros ocupen su lugar. “Llevamos 37 años sin celebrar y no me importaría que estos muchachos pasen a ser los ídolos, los últimos campeones, como nos dicen. Lo que importa es que por fin llegue esa estrella que tanto necesitamos”, admite.