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El regreso de Jhon Arias al fútbol brasileño —hoy en Palmeiras— no debería leerse como un paso atrás en su carrera, sino como una decisión coherente con el momento que vive el fútbol de ese país. Después de probar en Europa, volver a Brasil no implica retroceso; al contrario, significa competir en una de las ligas más fuertes fuera del viejo continente y en un entorno que hoy ofrece estabilidad, protagonismo y ambición continental.
Durante años, el sueño sudamericano era simple: jugar bien aquí para salir cuanto antes hacia Europa. Brasil mismo funcionaba apenas como trampolín. Hoy el panorama cambió por completo. El Brasileirao se ha convertido en un destino real para futbolistas del continente, incluidos muchos colombianos.
Actualmente hay alrededor de treinta jugadores colombianos en Brasil y varios de ellos hacen parte habitual de convocatorias o del radar de la selección. No es casualidad. El campeonato ofrece ritmo competitivo alto, estadios llenos, viajes exigentes y presión de clubes grandes cada fin de semana. Un jugador que sobresale allí llega a selección listo para competir.
¿Y por qué Brasil puede retener talento? Porque los clubes cambiaron su estructura económica. Equipos como Flamengo, Palmeiras y Fluminense hoy operan con modelos empresariales más sólidos, con estadios renovados y estrategias comerciales agresivas. El dato ayuda a entender el fenómeno: los clubes de primera división brasileña superaron recientemente los 1.800 millones de dólares en ingresos anuales combinados, cifras impensables para Sudamérica hace apenas una década y comparables con varias ligas europeas de segundo escalón.
Evidentemente todavía hay distancia frente a campeonatos como la Premier League, La Liga o la Serie A, pero el Brasileirao ya discute espacio competitivo con torneos como la Bundesliga en cuanto a intensidad y capacidad de atraer figuras regionales. No por poder económico puro, sino por contexto deportivo.
Además, para un sudamericano jugar en Brasil implica adaptación cultural sencilla, cercanía familiar y exposición continental permanente gracias a la Libertadores y Sudamericana. Muchos futbolistas prefieren consolidarse allí antes de cruzar el Atlántico, y algunos incluso optan por quedarse porque encuentran estabilidad y protagonismo.
Por eso, el movimiento de Arias no sorprende. Brasil ofrece hoy un escenario competitivo y económico que permite crecer sin desaparecer del mapa. El fútbol brasileño dejó de ser simplemente exportador de talento: ahora también lo retiene.
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