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Pobreza suramericana, ¿culpa europea?

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Jorge Tovar
20 de junio de 2022 - 02:00 a. m.
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Decía hace unos meses Ricardo Gareca que la influencia europea no ha favorecido al jugador suramericano porque pierden habilidad, gambeta e inventiva. Jugar a dos toques, anotaba, genera apuro, no rapidez. También declaró que no tiene sentido trabajar táctica con los chicos, quienes deben ser formando técnicamente, la táctica es para los mayores. ¿Hasta dónde tiene razón?

La historia del fútbol es de aprendizajes transatlánticos. Si Uruguay sorprendió a Europa en los años 20 con una forma diferente de tratar el balón, Suramérica absorbió la influencia de entrenadores húngaros durante la primera mitad del siglo XX. Escribía la prensa española en 1952, cuando Millos derrotó al Real Madrid en sus bodas de oro: “Ganen o pierdan los Millonarios, numerosas jugadas durante el transcurso del match tendrán carácter de pura exhibición, de delicada orfebrería (…) No hay en este fútbol colombiano patadones ni despejes largos”.

Apenas unos años después, en 1958, un rival irlandés decía de los argentinos: “Era un equipo de hombres bajitos, gordos con barriga que estaban más pendientes de saludar a las aficionadas en la tribuna que del balón”. Si bien derrotaron a Irlanda, cayeron 6-1 ante Checoslovaquia, un resultado que cambió la historia del fútbol argentino.

La humillación argentina se unió a la eliminación brasileña del Mundial de 1966 para llevar al fútbol suramericano a perseguir la europeización por el camino equivocado. Nuestro fútbol se tornó agresivo, violento, donde el resultado era lo más importante y la preparación física debía primar. Brasil 70 fue un oasis fruto de unos salvajes que querían sentar a Pelé. Zagallo, con cinco dieces, construyó el arma ofensiva más eficaz que se haya visto.

Los 70 continuó la tendencia de los 60, hasta que llegó Brasil 1982, el más bello después del 70, la derrota más impactante, después del 50. El resurgir del fútbol lírico se frenó en seco. Más con la desabrida victoria brasileña de 1994.

En Europa, mientras, la fuerza dejaba campo a otro fútbol. Holanda 74 (estos con gran despliegue físico), y Francia 1982 demostraron que la lírica era un camino, que si bien no ganaba, era un camino a explorar. Fue el Barcelona de Cruyff en los 90, el de Guardiola después y la España de 2008-2012 quienes mostraron que la técnica y la táctica se podían fusionar para emanar belleza sin sacrificar resultados. Hasta los alemanes tomaron nota. Suramérica se estancó táctica y técnicamente desde que la sentencia Bosman del 95 se llevó a nuestros mejores futbolistas.

Gareca tiene parcialmente razón. Trabajar con material menor es difícil. Tácticamente no ayudó el fracaso de Bielsa en 2002. Encima, los cracks que juegan en Europa, lo demuestra nuestro fracaso en mundiales desde 2006, no logran integrar su aprendizaje con la idiosincrasia local. Pero a la larga es culpa nuestra. Nada hemos hecho para preparar entrenadores innovadores en Suramérica. Ninguna estrategia hemos diseñado para incentivar y mantener los procesos de formación. Solucionemos, no busquemos culpables en el más allá.

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