Publicidad

De parásitos con poder a clubes grandes

El fútbol profesional colombiano atraviesa su peor momento. Necesita innovar; es decir, hacer las cosas de una manera distinta para obtener resultados diferentes. Pero para eso se necesita voluntad para pensar en grande.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Antonio Casale
27 de julio de 2020 - 02:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Hay varios tipos de clubes. Están los grandes que se comportan como grandes. Gracias a ellos la empresa privada se interesa por participar; esto es, básicamente, patrocinar los torneos y comprar los derechos de televisión. Tienen divisiones menores sólidas y sedes que permiten el desarrollo integral de sus jugadores. Exportan futbolistas, pero también invierten en refuerzos, porque su interés es ganar torneos locales para ser protagonistas en certámenes internacionales.

Estos clubes, que se cuentan con los dedos de poco menos de la mitad de una mano, verán por un tiempo mermados sus ingresos por concepto de taquillas, único diferencial sobre los demás, porque de todos es sabido que lo que entra por televisión se divide prácticamente en partes iguales entre los 36 socios. Hoy están en verdadero riesgo de perder parte de su grandeza.

Después están los grandes que no se comportan como grandes. Son taquilleros, prenden televisores y atraen patrocinadores, pero su estructura está muy lejos de parecerse a la de los primeros. Por eso sus resultados, la mayoría de las veces, no son directamente proporcionales con su alcurnia. De estos hay unos cuatro.

Detrás de ellos están los equipos chicos que tienen estructuras serias. Invierten en su talento humano, tienen sedes que muchos grandes quisieran tener y construyen paso a paso su camino a la grandeza. De este grupo hacen parte otros dos o tres equipos.

El resto, la inmensa mayoría, son parásitos con poder. No tienen estructura deportiva ni social. No invierten en el desarrollo deportivo de las regiones que los acogen, pocos tienen escuelas de formación serias. Con la plata que les entra arman nóminas integradas por jugadores forasteros a préstamo por un año, firman contratos que rozan la ilegalidad y permanentemente los incumplen.

El problema es que cuando el dinero se les hace insuficiente, unen fuerzas y hacen valer su mayoría. En la Dimayor el voto de cada uno de los 36 clubes tiene el mismo peso. Es así como han nombrado y sacado al poco tiempo a los dos últimos presidentes. Los llevaron por buenos y los sacaron por malos. La pandemia no ha hecho otra cosa que ponerle negrilla a una crisis que se viene agudizando hace rato.

Los parásitos con poder tienen que entender que es hora de cambiar. Es la oportunidad para elegir a un presidente en la Dimayor que entienda de derechos de TV y patrocinios por encima de todo, que los lidere en su tránsito de parásitos a clubes de fútbol grandes y rentables. Eso sí, es clave para comenzar a innovar que entiendan que son pocos los verdaderamente grandes, los llamados a apalancar el cambio y por eso hay que protegerlos y darles las herramientas para hacerlo. Pero para eso se necesita voluntad. Ya veremos si la tienen.

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.