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Colombia va decididamente hacia la tercera ola del coronavirus. Presos de las urgencias económicas, tanto el Gobierno central como los mandatarios locales se enfocaron en la denominada reactivación económica. La de corto plazo. La de largo plazo ignoró que la Semana Santa reactivará los casos y, según el comportamiento de las UCI, serán necesario nuevos confinamientos. Ahora, sin embargo, hay una nueva arma: las vacunas.
El plan nacional de vacunación se montó en cinco fases, donde el Estado tendría el monopolio de la compra y distribución de las vacunas. Con el proceso funcionando razonablemente bien, se empiezan a levantar las voces para que la adquisición de vacunas no sea monopolio estatal. El sector privado quiere contribuir. Con más trabas de las que quiero comprender, poco a poco el Gobierno va cediendo. La fase 1 vacunó a la primera línea de defensa: los funcionarios del sector salud que lucharon de frente contra el virus. También se incluyó a los mayores de ochenta años, una población susceptible al virus. La fase 2, que acaba de entrar a operar, completará la vacunación del resto del sector salud y los mayores de 60.
Sin encasillarlos en una fase 3, cubiertas esas poblaciones de alto riesgo, considero que los deportistas deberían ser los siguientes en la fila. Quizá no el Estado, pero sí deberían ser “sus” empresas, las federaciones y equipos quienes ofrezcan las vacunas a sus deportistas (y cuerpo técnico). Recientemente Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, anunció que China había accedido a proveer de vacunas a cualquier participante olímpico y paraolímpico de los Juegos de Tokio. Aunque algo oscuro todavía el proceso, esto sin duda hace parte de la política de la vacuna que ha surgido con la pandemia. China cubre así cualquier posibilidad de que haya algún problema con los juegos olímpicos, a celebrarse en Beijing el próximo año. A escala internacional, ya hay una sensibilidad especial hacia el deportista.
En el caso colombiano, las razones para darles prioridad pasan por razones sanitarias. Los deportistas viajan mucho, es parte intrínseca de su trabajo. En un contexto donde surgen nuevas cepas del coronavirus con más frecuencia de la que desearíamos, es fundamental proteger a los deportistas para minimizar sus riesgos de contagio.
Por otro lado, los deportistas colombianos son la cara de Colombia. Las campeonas de nado sincronizado en el suramericano, el América finalista en la Copa Libertadores son ejemplos del buen nombre que pasean los deportistas por el mundo. La inversión pública y privada que se hace en ellos se puede desperdiciar por un contagio que, dado que trabajan en grupo continuamente, puede afectar a varios miembros simultáneamente.
La vacunación de nuestros deportistas, cuya primera motivación es sanitaria, es una oportunidad de apoyar a un grupo único de personas que en estos tiempos de crisis tienen el potencial de hacernos olvidar por momentos las angustias y tristezas del último año.
