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Mientras equipos colombianos preparan maletas para viajar a la Copa Sudamericana surge la pregunta, parodiando a aquel inolvidable actor mexicano, Héctor Suárez, ¿qué nos pasa? Y es cierto, porque algo pasa con los equipos colombianos, que parecen inclinados a desdeñar la Copa Libertadores, que nació en 1960. Por muchos años asistíamos al dominio de la misma por parte de Independiente de Argentina, Peñarol de Uruguay y Olimpia de Paraguay. Era la época donde se recurría a unas temporadas internacionales amistosas, con presencia de equipos brasileños, argentinos y selecciones de la llamada Cortina de Hierro. Se disputaban en dos períodos a principios de año, como ocurría con la Feria de la Caña en Cali y Manizales, o en julio.
La Copa Libertadores realmente la comenzamos a apreciar en los 70, y durante unos 30 años, como lo constató el colega Luis Arturo Henao. Los equipos nuestros en ese período se arrimaron a ocho finales, a 13 semifinales y hasta un título con Nacional, en 1989. De a poco se fue perdiendo el gusto por el torneo o se vio reflejada la incapacidad técnica y económica para ser protagonistas.
Realmente, ¿qué nos pasa? Creo que cuando un equipo, llámese como se llame, gana un torneo y consigue el derecho de admisión para la Libertadores debe necesariamente hacer un esfuerzo para reforzar el plantel y cubrir las posiciones que flaquean. Y lo puede hacer porque su sola presencia significa una interesante remuneración, y ni hablar de las posibilidades de jugadores para ser observados y mejorar su modus vivendi. Ocurre que los equipos se equivocan muchas veces porque confunden cantidad con calidad. Traen cantidad de nuevos jugadores, creyendo con ello potenciar el rendimiento del mismo equipo. Y no resulta así. Además, no perfilan los objetivos ni comprometen a los jugadores y al mismo cuerpo técnico. Invocan aquello tan conformista de competir por competir. No, el fútbol para crecer requiere establecer unas condiciones y un compromiso para llegar a lo más alto de la tabla.
Lo que nos pasa es la carencia manifiesta de ambición en todos los estamentos de un club. Si continuamos con esa política de no pignorar o hipotecar los activos, corriendo riesgos, seguiremos sintiendo frustraciones e impotencia. De los tres equipos en Copa en esta fase, Júnior recibió premio de consolación para estar en la Sudamericana, que es inferior a la Libertadores.
Al América le faltaron goles. Y el Medellín se acordó muy tarde de ganar. Por eso nos tocó jugar la otra Copa, y allí al menos que uno o dos de los cinco invitados nuestros puedan ofrecer otra cara más comprometida y competitiva.
