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Nunca había oído hablar de Iván Ferreiro, un cantante español que la emprendió contra el deporte en una entrevista reciente para la revista Esquire de España. Si lo entrevista Esquire es porque su trayectoria merece reconocimiento, pensé. Antes de escribir esta columna intenté escuchar algo de su música, pero no pude llegar a la segunda canción.
“…me toca los huevos, para mal, Rafa Nadal. El ejemplo de mierda que da yendo a jugar un partido hecho polvo. Y todo el mundo dice: ¡Qué buen ejemplo para los niños! Pues creo que es un ejemplo de mierda. Hemos tardado muchos años en conseguir que cuando nos encontremos mal no tengamos que ir a trabajar, para que este millonario, para tener una medalla, nos diga que fue con el pie roto. Pero desgraciadamente todo el deporte da un ejemplo de mierda”. Después se despacha contra el Mundial de Argentina. Dice que se jugó bajo una dictadura en Catar, como si la música no hubiera instrumento fundamental de las dictaduras de izquierda que han hecho lo mismo, o como si la corrupción reinante en la industria de las disqueras a través de la payola (pagar dinero ilegalmente para sonar en la radio) no hubiera sido nefasta para miles de músicos que intentaron salir adelante.
Mientras tanto Rafael Nadal anunció que esta semana no podrá estar en el torneo de Madrid, ya se ha perdido la mitad de la temporada de tierra batida y no se sabe si llegará a Roland Garros en óptimas condiciones. Lo que sí se sabe es que Nadal no se ha apagado. Sigue como el primer día superándose a sí mismo. Llegará el final, pero siempre se recordará por ser el trabajador incansable que es.
Podemos coincidir en que los deportistas de élite abusan cada vez más de su cuerpo en aras de batir récords. Es común ver a jóvenes promesas con lesiones crónicas. Es cierto que el afán desmedido por ganar los lleva al límite. Todos los extremos son perjudiciales. Sin embargo, si me dan a elegir entre el que se queda en la casa, al más mínimo catarro pegado a Twitter y termina como este cantante, vetando a quienes han conquistado montañas a punta de trabajo, resiliencia y amor por su oficio, me quedo con el ejemplo que da el segundo.
Dice Andrés Calamaro que el fútbol es maravilloso, aunque no es totalmente libre como la música. Tiene razón, pero una cosa es música y otra ruido.
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