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Andrés Marocco
28 de octubre de 2020 - 02:00 a. m.
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Se está volviendo costumbre que los equipos colombianos no pasen la fase de grupos de la Copa Libertadores, el certamen más importante de estas latitudes. Si bien es cierto que no hemos sido potencia a lo largo de los años, no se es consecuente con el momento que se vive la selección y el prestigio ganado por la cantidad de jugadores que actúan en las principales ligas del orbe. Es imposible no hablar de este tema por estos días.

Identifico tres factores para explicar lo que pasa. No todos tienen soluciones inmediatas. El primero, que además es el más complejo, tiene que ver con lo obvio. El peso colombiano está muy por debajo del dólar, lo que no permite que nuestra Liga sea atractiva para las estrellas de la región. No competimos en sueldos ni siquiera con Ecuador. No hay manera de reforzarse con futbolistas tipo A, como sí lo hacen brasileños y argentinos, ni con tipo B, que incluso están más cerca ir a Perú.

La emigración temprana e indiscriminada de talentos jóvenes que han convertido nuestra Liga como ya lo hemos mencionado en esta columna meses atrás en la tercera que más exporta de la zona es otra causa. Se van sin acabar de formarse y sin aportar su calidad y muchos vuelven muy pronto arrastrando piernas y frustraciones. Sin contar que se marchan muy baratos, por ser apenas promesas inciertas, es decir, el producto al no estar completamente hecho también deja menos dinero a los equipos que los venden, si es que ya eran dueños de su contrato.

Muchas veces ni siquiera entra la plata a instituciones profesionales, sino a las familias como es normal y a empresarios que aprovechan los vacíos de estructura. El tercer factor, para mí, es el sistema de campeonato que para los dirigentes es el mejor posible. El torneo tiene un fixture que incita a la comodidad de los equipos grandes que generalmente son los que nos representan en instancias internacionales.

Basta con revisar cada año cómo inician la competencia doméstica a paso lento, porque saben que les alcanza con acelerar en la recta final para clasificar entre los ocho, pues da lo mismo que salir primero en el Todos contra Todos. En este caso tan particular se puede llegar de último a las semifinales y conseguir la estrella. Los protege además un mecanismo de descenso que rara vez permite que caigan a la B. En medio de la baja exigencia se les atraviesa la Libertadores y terminan pagando con gran sufrimiento para sortear la fase de grupos. Nacional, que en 2016 alzó la Copa, pasó a la siguiente ronda en 2018.

Los demás no lo han logrado. Es absolutamente vergonzoso. No estamos pidiendo vueltas olímpicas, pero por lo menos actuaciones dignas. Llevamos cuatro años debajo de Bolivia y solamente encima de Perú y Venezuela en clasificaciones a octavos de final. ¡Inaudito!

Lo primero que se debe implementar es una auditoría de parte de la Dimayor a los recaudos por derechos de televisión para garantizar que esos dineros se invierta en el fortalecimiento de las fuerzas básicas, construcción de sedes propias y crecimiento de las instituciones. Y desde allí fijar una primera piedra para el futuro del FPC. Se necesitan mejores y verdaderos clubes, ¿alguien lo duda?

Andrés Marocco

Por Andrés Marocco

Periodista javeriano. Radioactiva, 88.9, 40 Principales, Caracol Radio. Dementes Deportivas, Telepolémica, Pelotas. Hoy en ESPN. Bumangués, del leopardo.

 

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