Por: Hernán Peláez Restrepo

Árbitros hinchas

Hace muchos años llegaron a nuestro fútbol jugadores que con el tiempo, y luego del retiro, ingresaban a las filas arbitrales: Alfredo Cuezzo, el gallego Jesús Lires López, entre otros. Este último, campeón con Santa Fe en 1948 y ya con el pito como oficio, era “traicionado” por el fantasma de ser jugador aún . Por eso se cuenta que al momento de un cobro de tiro libre le susurraba al jugador cosas como, “la barrera dejó hueco por el poste derecho, dale por ahí”. En el fondo no era hincha, sino futbolista al fin y al cabo. También se vieron casos de felicitaciones a jugadores de parte de los jueces por una jugada con talento o un gol de chilena.

No necesariamente estos casos correspondían al amor por los colores del equipo. Era más bien una respuesta a un momento de buen fútbol. Siempre oí una expresión en vestuarios, tanto de jugadores como técnicos, que hacía alusión a esto: “el árbitro inclinó la cancha”. Con esas palabras querían denotar las continuas interrupciones de juego en el medio campo justificadas y adornadas con la tarjeta amarilla.

Ese parar el partido con la disculpa de una falta, quizás no tan grave, ha cortado el ritmo de juego, lo enfría si se quiere, y lo sigue haciendo con el pasar de los años. Por eso muchos árbitros, no propiamente en Suramérica, aplican la norma de ventaja para que el fútbol tenga su dinamismo nato.

Árbitros internacionales son señalados directamente como seguidores de un equipo de alguna selección en especial. Por ejemplo, a Óscar Julián Ruiz siempre lo asociaron con Brasil y ahora a Wilmar Roldán lo ven como amigo de equipos argentinos. Seguramente esas observaciones resulten injustas, pero están ahí.

Eso sí, en favor de los árbitros, debo decir que ellos, como los periodistas, debemos ser hinchas del fútbol. Sea bien jugado o no, gustar de este deporte es esencial para que unos dirijan con ganas y los otros comuniquen con pasión lo que sucede. Así es que se disfruta del oficio. Y esas son condiciones mínimas para cumplir con la tarea porque sería ilógico que alguien se haga llamar experto en algo sin quererlo a fondo.

Ese amor y entusiasmo por el fútbol quedó comprobado el jueves pasado con la afición bogotana que acompañó a Ronaldinho en su despedida en El Campín. Fue la nostalgia del adiós a un grande, a un futbolista que divertía y contagiaba con su estilo.

Ojalá todo lo anterior sirva para que en la reunión de mañana la Federación Colombiana de Fútbol y la Dimayor dejen la soberbia y hablen en buenos términos con los jugadores. Uno o varios puntos pueden ser concertados. Lo único que les pedimos es que no vayan a frustrar a la masa futbolera que paga por ver fútbol. Es solo eso, nada más.

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2019-10-19T21:00:00-05:00

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