La bendición del último minuto

Cuando finalizaba el tiempo de alargue, Croacia se puso en ventaja,
pero segundos después se dejó empatar. Los turcos ganaron en penaltis.

Apenas 90 segundos de emoción y dramatismo fueron suficientes para que el partido Croacia-Turquía pasara a la historia. Los croatas seguramente tardarán muchos años en reponerse del duro golpe de la eliminación, mientras los turcos recordarán por siempre cómo lograron su paso a las semifinales de la Eurocopa, cuando toda parecía estar perdido.

Porque después de 118 minutos de cautela, especulación y poco fútbol ofensivo, un error del arquero Rustu Recber le permitió a Ivan Klasnic marcar el gol de la ventaja para Croacia. Pero casi de inmediato, cuando ya los fanáticos turcos comenzaban a salir del estadio, llegó la igualdad, por intermedio de Semih Senturk.

Otra vez, como ante Suiza y República Checa, en el último minuto los turcos marcaban gol y seguían con vida en un torneo. Pero el drama siguió un par de minutos más, pues los dos seleccionados tuvieron que definir por cobros desde el punto penalti el paso a la semifinal contra Alemania.

El árbitro italiano Roberto Rosseti determinó que en la portería norte, en donde estaban los turcos, se realizaría la serie, como presagio de la celebración, en un estadio con 50 mil personas, la mitad de ellas vestidas de rojo. Y desde el primer cobro se definió todo, pues el croata Luka Modric, uno de los mejores jugadores del torneo, ni siquiera remató al arco. Los turcos, en cambio, fueron efectivos desde los 11 metros, hasta que Mladen Petric también erró y le dio el triunfo a Turquía.

De inmediato comenzó la celebración turca en el estadio Ernst Happel, el más bonito, grande y cómodo de la competencia, al que increíblemente los hinchas se las arreglaron para ingresar pólvora, a pesar de las estrictas medidas de seguridad. Pero afuera la fiesta fue mucho más grande, pues salieron turcos de todos lados y armaron caravanas de carros y motos, que ahora tomarán rumbo hacia Basilea, en donde el miércoles enfrentarán a Alemania.

El partido fue discreto. Desde el primer minuto los equipos se preocuparon más por defender que por atacar. Parecía que se hubieran puesto de acuerdo para definir todo por penaltis, irse con la frente en alto y quedar bien con sus numerosas hinchadas, favorecidas porque los dos países quedan a un par de horas en tren de la bellísima Viena.

Pero con la emoción de los últimos minutos y la que siempre se siente en los penaltis, se justificó el costo de las boletas, que en la reventa estaba en 500 francos suizos, 800 mil pesos.

Turquía, otra vez en su minuto, el último, rescató un empate y siguió vivo. Croacia, con su polémico técnico Slaven Bilic, se va con la satisfacción de habar logrado tres victorias y haber cotizado a sus jugadores, ahora pretendidos por clubes europeos.