Atlético Nacional, el rey de la Libertadores

El equipo antioqueño, dirigido magistralmente por Reinaldo Rueda, fue elegido por El Espectador como el Equipo del Año y el ganador del Juego Limpio Guillermo Cano por el homenaje en su estadio al equipo brasileño Chapecoense.

Atlético Nacional celebra el título de la Copa Libertadores de América. / AFP
Atlético Nacional celebra el título de la Copa Libertadores de América. / AFP

El 2016 fue para Atlético Nacional un año de ensueño. No sólo brilló en la Copa Libertadores, que ganó de manera más que merecida, demostrando desde el primer partido, en Buenos Aires, contra Huracán, hasta el último, contra Independiente del Valle, en Medellín, que fue el mejor equipo del torneo y que superó en juego a todos sus rivales de manera contundente.

En todo el continente se habló de la forma de jugar de los dirigidos de Reinaldo Rueda. Conquistaron el trofeo más importante de fútbol suramericano de forma extraordinaria. Su segunda Copa Libertadores llegó en el momento en que, por su gestión administrativa y deportiva, se había convertido en el equipo más importante del país en los últimos años y un ejemplo a seguir de cómo se hacen las cosas dentro y fuera del terreno de juego.

“Un equipo que no esté bien gestionado desde la parte directiva no obtendrá resultados deportivos”, es una de las frases más repetidas en el mundo del deporte. Y eso hace a la perfección el conjunto antioqueño. Liderados dentro del campo por Franco Armani, Farid Díaz, Macnelly Torres y Miguel Borja, entre otros, han conformado uno de los planteles más gloriosos de la historia del verde de la montaña. El trabajo serio, responsable y dedicado trajo sus frutos para la gran hinchada verdolaga, que demuestra orgullosa el amor a su equipo en cada partido de local o visitante.

Pero la grandeza de Nacional este año no sólo se podrá medir por sus logros deportivos, sino que, en un acto de nobleza, se ganó el cariño de gran parte del mundo y de todos los amantes del fútbol, enmarcado lastimosamente en una tragedia monumental.

La desgracia del equipo brasileño Chapecoense dejó de luto al planeta futbolístico entero. La pérdida de la gran mayoría de su plantel profesional cuando viajaban a la ciudad de Medellín a jugar el partido más importante de su vida hizo que la solidaridad y la unión fueran los gestos más importantes en ese triste momento.

Y en eso Atlético Nacional también se ganó con todos los méritos un reconocimiento más importante y valioso que cualquier reconocimiento deportivo. Un estadio Atanasio Girardot lleno para despedir a sus rivales de la Copa Sudamericana, todos los asistentes vestidos de blanco y cantando a favor de la vida y unión entre dos clubes, dos países que aman el fútbol por encima de las rivalidades en la cancha, constituyeron uno de los hechos deportivos y solidarios que más emocionaron durante 2016 y que sin duda quedarán marcados para la eternidad.

Con letras de oro quedará grabado el gesto de entregarle la Copa de la otra mitad de la gloria al conjunto brasileño. Se dejó de lado la ambición de cualquier equipo deportivo y extendió su mano a sus colegas cuando más lo necesitaron. Es por eso que desde ahora y para siempre el Chapecoense y Atlético Nacional serán hermanos para la eternidad. Brasil y Colombia se unieron en medio de una tragedia, para nunca más volverse a separar. El fútbol, el deporte y Nacional lo hicieron posible.

Cuando se llega a lo máximo, lo único que queda es seguir subiendo escalones y dejar el nombre lo más alto posible, y el verde tiene la receta para lograrlo de aquí a muchos años, más allá de que en este semestre se quedó sin el título de la Liga y fue eliminado del Mundial de Clubes. Esfuerzo, trabajo, dedicación, talento, solidaridad y amor propio son los ingredientes que tiene Nacional para seguir dejando una huella difícil (pero necesaria) de seguir. Este 2016 será un año para recordar por los amantes de este deporte, pero sobre todo por los hinchas de verdad. Se pueden sentir orgullosos de amar sus colores.

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