¿Por qué Schumacher no pudo volver a la F-1?

El alemán no pasó los exámenes médicos por una lesión en el cuello, zona en la que los músculos son los que más se exigen al conducir un monoplaza.

Después de que Michael Schumacher y su motocicleta Honda CBR 1000 RR Fireblade rodaran por el piso en el circuito de Cartagena, en España, el 11 de febrero en una sesión de entrenamientos, no se habló de ninguna lesión de consideración. “No es nada, estoy bien”, escribió el mismo piloto en su página de internet.

Sin embargo, en su retorno al volante de un Fórmula Uno en Mugello, Italia, el pasado 31 de julio, se dio cuenta de las verdaderas repercusiones de su percance sobre dos ruedas. El dolor en el cuello, del cual se quejó por más de dos meses tras su caída, regresó cuando se puso a los mandos del Ferrari.

Los exámenes luego confirmaron las secuelas que dejó su aparatosa revolcada. Según Johannes Peil, médico personal de Schumacher hace nueve años, el alemán sufrió una fractura en la base del cráneo y producto de esto, una lesión en la arteria vertebral izquierda. Ha sido el accidente más serio de su carrera, según Peil, pues inclusive llegó a perder el conocimiento momentáneamente.

Los músculos del cuello son, sin duda, los que más se exigen al conducir un Fórmula Uno y un dolor en esa zona sería insoportable durante un Gran Premio. “No conozco de ningún otro deporte que exija tanto los músculos del cuello”, dice el doctor Riccardo Ceccarelli, quien por años ha trabajado en la preparación física de pilotos. “La cabeza del piloto con el casco pesa unos seis kilos. A eso, súmele cuatro veces la fuerza de la gravedad, que es lo que se experimenta en una curva rápida a alta velocidad, y el resultado es que el cuello tiene que soportar un peso equivalente a unos 24 Kilos aproximadamente”, añade.

Fuera de la lesión, aunque Schumacher había perdido parte de su condición física, frente al timón seguía siendo tan rápido como siempre. De hecho en una reciente competencia de karts en Lonato, Italia, contra Felipe Massa, Robert Kubica y Timo Glock entre otros, fue el más rápido.

Aunque inicialmente estaba pesando unos seis kilos más que cuando se retiró en 2006, no estaba nada mal y trabajaba en perder rápidamente ese peso adicional. La Ferrari F60, que iba a conducir hoy en Valencia, está equipada con el sistema Kers, una ayuda electrónica que si bien mejora el desempeño, tiene como desventaja que agrega peso al auto.

Los pilotos de Ferrari este año han debido más que nunca mantener su peso corporal en el mínimo aceptable para poder usar dicho dispositivo. Kimi Raikkonen, por ejemplo, pesa ocho kilos menos que Schumacher, es decir, que allí el alemán habría cedido terreno ante su compañero de equipo.

Por la exigencia muscular, sin embargo, cuello aparte, no hay razón para pensar que un joven de 22 años como Sebastian Vettel pueda tener ventaja sobre un cuarentón como Schumacher, quien se ha mantenido siempre bien físicamente.

“Después de los 40 años todas las funciones se ven afectadas, sobre todo la fuerza y la potencia musculares”, explica Ceccarelli. “No es coincidencia que la edad media de los velocistas sea menor que la de los maratonistas. Pero la Fórmula Uno de hoy requiere un menor esfuerzo muscular que en el pasado. Hay dirección asistida, por ejemplo, y la fatiga en los brazos es modesta”, explica.

Mentalmente la exigencia es máxima y los altos niveles de concentración necesarios para ir vuelta tras vuelta encadenando curvas y siguiendo referencias a altísimas velocidades, hacen que, sumado al desgaste físico, se genere un aumento en la frecuencia cardíaca.

David Coulthard, quien se retiró el año pasado de la F-1, tenía en reposo unas 40 pulsaciones por minuto, algo comparable a otros atletas de alto nivel. Durante un Gran Premio, que puede durar hasta dos horas, un piloto mantiene en promedio entre 160 y 170 pulsaciones, si bien en la partida llega cerca de su límite.

“Sería un error pensar que un piloto más viejo pueda sólo rendir durante la vuelta de calificación, en la cual la concentración es máxima, y luego perder el ritmo en carrera. Yo creería que es todo lo contrario”, dice Ceccarelli sobre lo que se habría podido esperar de Schumacher.

En lo reglamentario, si bien la FIA requiere una serie de exámenes para otorgar la superlicencia, como en el fútbol son los equipos los que normalmente realizan pruebas físicas y mentales a sus pilotos. Contractualmente no hay exigencias específicas de parte de éstos, si bien se pide del piloto un “estado físico suficiente para correr un Gran Premio”, como rezaba uno de los contratos que en su momento firmó Juan Pablo Montoya.

En un deporte en el que todo se mide a la milésima de segundo, el estar a tope físicamente es tan importante como tener el mejor auto. No se pueden dar ningún tipo de ventajas y por eso hoy en día los pilotos de la máxima categoría son físicamente atletas de alto nivel.