La difícil tarea de terminar el Dakar

A falta de dos etapas para el final del rally más duro del planeta, cerca de la mitad de los participantes han abandonado; coches y 'quads', los que más se han plantado.

El piloto argentino Orlando Terranova durante la décima etapa del Rally Dakar. Foto: EFE

Dentro del Dakar hay tantas carreras como personas. Algunas participan de las mismas batallas, mientras que otras se clasifican en función de lo que el piloto que va sobre cada máquina entiende por competición. Así, mientras Coma y Gonçalves mantienen una bonita lucha por el liderato en motos, hay quien descorchará la misma botella de champán que el ganador del título, sólo por el hecho de llegar hasta Buenos Aires. Punto final de una prueba devastadora, que pocos llegan a completar.

A falta de dos días para la conclusión del rally más duro del mundo, cerca de la mitad de los inscritos ya lo han abandonado. De los 405 participantes que partieron desde Buenos Aires hasta Villa Carlos Paz en la primera etapa, 181 ya se han marchado (el 44,7%). Una cifra que desgranada por etapas describe la dureza de muchas de ellas y pone en valor las complicaciones acumuladas por muchos supervivientes que aguantaron lo indecible hasta decir basta. El primero en enfrentarse a la desgracia fue Nani Roma, al comienzo de la primera especial, apenas rebasado el kilómetro tres, cuando la bomba de aceite de su Mini se rompió dejándole sin opciones al título. Lo sucedido aquel día fue a la postre el inicio de un tormento que ha acabado con su descalificación esta mañana después de sufrir un accidente ayer, y de saltarse tres way points para poder llegar a meta. Una lista desgraciada de la que, sin embargo, ha conseguido librarse Coma, a pesar de que la mouse de la rueda trasera de su KTM estuvo a punto de desintegrar el neumático y dejarle tirado a falta de 30 kilómetros para el final de la segunda etapa. Afortunadamente el piloto de Aviá se libró de acompañar a Roma y hasta el momento no ha vuelto a padecer ninguna situación que lo haya acercado de nuevo a la malograda lista de desgracias.

No hubo peor jornada para las motos que la del octavo día. Allí, de regreso de la lluviosa Bolivia hasta Iquique, en la templada Chile, fue donde 18 motoristas dijeron basta. El frío, que generó problemas de hipotermia a más de una cuarentena de pilotos, unido a los desperfectos mecánicos producidos por la sal, dieron al traste con las aspiraciones de muchos motoristas. Entre ellos Joan Barreda, líder de la general, que tuvo que regresar remolcado por un compañero de Honda porque su moto no quería rodar, evitando el abandono pero quedando descolgado de la lucha por el título.

Para los coches las cosas se pusieron feas mucho antes. En la segunda etapa, la que poseía la especial más larga de todo el Dakar, de 518 kilómetros, 33 de ellos firmaron su sentencia. Al día siguiente no pudieron continuar. Hasta ese día duró por ejemplo la gesta de Albert Bosch, Agustí Payá y su coche eléctrico, que con problemas en la dirección además del retraso acumulado por el inmenso tiempo requerido en el cambio de baterías marcaron el final de su aventura. Hoy, 68 de los 139 coches se encuentran fuera del Dakar, junto a 72 de las 156 motos que iniciaron la carrera. Peor les está yendo a los quads, ya que en estos momentos menos de la mitad de los 44 que partieron siguen en carrera (19).

Y es que del premio final que supone cruzar la meta participan muchos menos de los que optan al título. De ahí que la dificultad de terminar, se equipare, en ocasiones, a la grandeza de ganar el título.