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El nuevo piloto de la familia Montoya

Juan Pablo había mantenido a su hijo Sebastián alejado de la prensa colombiana, pero ahora lo presenta con lujo de detalles y anuncia que en 2020 dará el salto del kartismo al automovilismo. Competirá en la Fórmula 4 de Italia, con el equipo Prema. El objetivo es llegar a la F-1. Charla íntima con el piloto bogotano.

Los Montoya, padre e hijo, grabando un comercial de Pony Malta Vital. / Cortesía
Juan Pablo Montoya y su hijo Sebastián junto al británico Frank Williams, fundador de la escudería Williams de la F1.Cortesía

Cuando el reloj marcaba las 4:30 de la tarde del martes 15 de julio de 1997 en Oxford (Inglaterra), en una tarde fría acompañada por un fuerte viento, la puerta de la oficina principal de la escudería británica Williams de Fórmula Uno, situada en el segundo piso, se abrió de par en par y dejó advertir la figura de Frank Williams, quien vestía camisa azul y saco del mismo color y se encontraba detrás de un escritorio en forma de media luna, dándole la espalda a un gran ventanal. Segundos después ingresó al recinto un joven de tez morena y vivaces ojos negros, ataviado con una corbata con la que parecía sentirse incómodo.

Era Juan Pablo Montoya, quien en ese entonces tenía 21 años de edad y había sido citado por Jonathan Williams, el elegido por su padre para seguir las actuaciones del piloto colombiano en la Vauxhall Lotus, la Fórmula 3 y la Fórmula 3.000, categorías en las que había mostrado su deseo de gloria, alcanzando grandes victorias y realizando carreras espectaculares que daban cuenta de su talento.

¿Habla usted inglés?, le preguntó Frank al bogotano, quien respondió con un simple “sí”. Ya después se rompió el hielo y el británico lo interrogó sobre las categorías en las que había competido en Europa y sus aspiraciones en el automovilismo. Obviamente Juan Pablo no desaprovechó la oportunidad y respondió con seguridad que su sueño y el de su padre, quien prefirió esperarlo en el parqueadero, era ser algún día piloto de Fórmula Uno.

Desde ese día han pasado 22 años y se han contado muchas historias, pero el destino los volvió a reunir en la antesala del Gran Premio de Inglaterra de 2019, con un protagonista adicional, Sebastián Montoya, el hijo de Juan Pablo y Connie Freydell, quien el año entrante dejará la escuela del kartismo para dar el salto al automovilismo europeo, específicamente en la Fórmula 4 de Italia, con el equipo Prema.

“Fue algo muy chistoso. Lo vi el viernes y me lo encontré en la grilla y nos reímos mucho. Yo quería que Sebastián visitara las instalaciones de Williams y McLaren y en la mañana fuimos a ver a Frank, quien estaba con su hijo Jonathan, que era el encargado de seguir a los pilotos jóvenes como yo. Y Frank lo que me dijo fue que ‘la primera vez que usted vino acá se presentó de corbata y ahora viene a saludarme en jeans, en camiseta y en tenis (risas)’. La verdad, tenemos muy buena relación y fue muy grato regresar a la fábrica, pues todavía hay gente con la que yo compartí trabajando. Me tratan muy bien y son especiales conmigo”.

¿Y Sebastián? “Para él fue muy bueno, pero no puedo contar lo que le dijo y le preguntó Frank… Pero lo cierto es que fue muy especial y sé que él me tiene mucho cariño y fue como reunirnos con un familiar”. A veces el que calla otorga.

Cuando se habla de padres e hijos muchas cosas se repiten. Y en el caso de Juan Pablo y Sebastián comparten algo en común y es el contar, cada uno en su momento, con el apoyo de Pony Malta, conocida por muchos como la bebida de campeones. “La verdad se da en el momento justo y usted, que estuvo conmigo, entendió todos los pasos y vio lo que sufrimos, sabe que el apoyo del grupo y de Pony Malta fue crucial para haber llegado hasta donde llegamos. Y ahora este patrocinio de Pony Malta Vital se da como caído del cielo, justo cuando Sebastián va a dar el salto del kartismo al automovilismo”.

Juan Pablo, más que nadie, conoce el difícil recorrido hacia la Fórmula Uno y tiene toda la autoridad para hablar con fundamentos de lo que se requiere para tocar las puertas de la gran carpa. “El dinero siempre se va a necesitar para llegar a los equipos adecuados y así tener buenas oportunidades de ganar, eso es crucial. Pero adicional a lo anterior hoy es fundamental la preparación mental, el trabajo en la parte física y en el simulador. Y le digo la verdad: hoy Sebastián, a los catorce años, puede hacer cosas que yo a los veinte no podía. Es de ese nivel la diferencia, pues él toma la telemetría, la mira y puede explicar en dónde está rápido, dónde está lento, pero lo más importante el por qué”.

Si bien los tiempos han cambiado, nadie puede desconocer que parte del éxito de la carrera profesional de Juan Pablo se debe a Pablo Montoya, quien a su manera lo pulió y lo fue encaminando por el sendero correcto. Y Juan Pablo reconoce que “Sebastián tiene una gran combinación, pues maneja con la suavidad de mi papá, lo que se necesita en Europa, pero también tiene la agresividad mía para pasar y meterse y no comerle a nada ni a nadie. Tiene un muy buen balance, pues además de la agresividad, hemos trabajado con él la parte mental y la técnica, cómo manejar una carrera, entender cómo se están gastando las llantas y cómo se está comportando el chasis, entre otras cosas. Hoy en día uno está preparando un científico. En mi época era maneje y mire a ver qué puede hacer”.

Eso sí, no se puede olvidar que Pablo movió las fichas como un maestro de ajedrez y tomó decisiones acertadas, como dar los primeros pasos internacionales en Estados Unidos y México, en la Barber Saab y Fórmula N, respectivamente, para después ir escalón tras escalón en Europa, haciendo el curso completo y lógico en ese entonces; es decir la Vauxhall Lotus de Inglaterra, la Fórmula 3 y la Fórmula 3.000.

Como Juan Pablo, Sebastián viene de los karts, de “la boca del lobo”, como lo afirma su progenitor. “Yo le he dicho que lo que él ha hecho en los karts ni yo ni nadie lo ha podido hacer en Colombia. Cuando yo corría el hecho de que un colombiano entrara a la final de un campeonato europeo o un mundial era algo impresionante. Hoy para nosotros entrar a la final ya no es un tema de conversación, pues si no se entra es porque se presentó una estrellada, se dañó el motor o por cosas diferentes, pero no por velocidad. Ahora, con Sebastián, estamos entre los diez primeros del mundo de karts, y no en la categoría Júnior sino en la Sénior. Estamos en un gran nivel, pero eso es normal, porque es su trabajo y tiene que ser su enfoque; eso se lo meto en la cabeza. Le doy durísimo cuando no hace bien las vainas. Por eso hemos trabajado con psicólogos deportivos y coaching, y él sabe su responsabilidad, aunque a veces se le olvida. Cuando yo me emberraco con Sebastián no lo hago como el papá sino como el coach y tiene claro que nuestra relación familiar al momento de entrar a la pista se acabó. Yo también le ayudo a otros tres jóvenes pilotos y soy igual con ellos, porque las cosas son como son”.

¿Y será que también le heredó el mal genio? “Quien lo conoce fuera de la pista seguro dirá ‘ese chino no debe ser gran piloto, porque es muy buena persona. En la pista es como el papá, pero fuera de ella tiene algo buenísimo, que yo nunca tuve, y es ser buena gente. Cuando a mí la gente me ve de lejos no piensa ‘uy qué man tan querido’, en cambio con Sebastián es diferente, porque es una persona que le cae muy bien a todo el mundo”.

En el país, hay que decirlo, no se conoce mucho sobre el recorrido de Sebastián en el kartismo y es porque “yo lo he guardado mucho de la prensa colombiana y no quería crecerlo a punta de prensa o hacer como otros padres que llevan a sus hijos a correr carreras chiquitas y después dicen que son campeones de esto y de lo otro. Hay que correr las de verdad, con gente de verdad y ahí sí ver qué es lo que se puede hacer. Si uno la quiere fácil, se puede ir a correr a la Fórmula 4 francesa o la española o mirar hacia Estados Unidos, pero si se busca el camino difícil es ir a la F-4 italiana y hacer algunas carreras de la alemana y para allá vamos con el equipo Prema en 2020. Hay que estar donde toca estar y eso mi papá lo tenía muy claro y yo también en este momento. Obviamente está en manos de él lo que desee hacer, pero en las de nosotros está el apoyarlo para lograr el objetivo, que es la Fórmula Uno”.

Suena extraño, en consecuencia, que uno de los críticos de la máxima categoría del automovilismo mundial en su momento, y en la que todavía tenía mucho por dar, pero que abandonó de manera intempestiva para irse a la Nascar estadounidense, ahora vea las cosas de otra manera. “La Fórmula Uno ha cambiado mucho y le doy un ejemplo: hoy tengo más acceso a pases para mi familia y para mis amigos como expiloto que cuando era piloto activo. Se ha abierto muchísimo la categoría y han entendido que hay que acercarse a los fans y tener más acceso a la gente. Ha cambiado para bien. La verdad, Sebastián lo tiene claro y piensa en la Fórmula Uno. Inicialmente yo no creía en eso, pero es lo que quiere en la actualidad: ser campeón mundial. Estamos empezando y vamos en triciclo, pero por ahí pasaron Hamilton, Senna y Montoya. Ser mi hijo le puede abrir puertas, pero al mismo tiempo le pone una presión porque todos esperan ver un nuevo Montoya”.

Como todo padre habla bien de su hijo, pero le da más valor a las palabras de los demás. “La gente que ha trabajado conmigo y quienes ahora lo hacen con él me dicen que realmente es muy bueno, que hace ver las cosas fáciles en la pista. Yo lo estoy poniendo en este momento en las partes en donde lo van a formar como el mejor piloto posible y le van a dar el mejor nivel, pero de ahí en adelante es decisión de él y obviamente hay que tener en cuenta las oportunidades que se le aparezcan en el camino”.

¿Sueña con verlo campeón mundial, algo que usted no pudo conseguir? “Lo que la gente no entiende es que yo nunca corrí por los títulos. Tuve la oportunidad de pelear el campeonato del mundo, pero no se dieron las cosas, porque se me dañaba el carro, por accidentes o por lo que se quiera. Fueron muchas cosas las que pasaron para que no se diera el título, pero estaban fuera de mi control. Esas son las carreras. Sebastián tiene una ventaja, pues aparte de todos los contactos y las puertas que yo pueda abrirle, cuenta con mi experiencia y yo, mejor que nadie, le puedo decir por qué están sucediendo las cosas”.

Será que en esa corta charla con Frank Williams, que Juan Pablo no quiso compartir, ya se tocó la primera puerta. Los años son los que tienen la respuesta.

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2019-08-03T22:16:31-05:00

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Juan Carlos Salgado J. / Editor Revista Autos

Automovilismo

El nuevo piloto de la familia Montoya

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