"Que me silben es un lujazo"

El alemán Sebastian Vettel, quien este fin de semana ganó su cuarta corona de la Fórmula Uno, habla de sus temores y muestra otra faceta diferente a cuando está dentro de su Red Bull.

El piloto de Red Bull Sebastian Vettel señala el número de títulos de Fórmula Uno que suma en su palmarés. / AFP

El alemán Sebastian Vettel, de 26 años y de la escudería Red Bull, agrandó este fin de semana su leyenda, al convertirse en el tercer piloto que enlaza cuatro mundiales seguidos junto con el argentino Juan Manuel Fangio y su compatriota Michael Schumacher.

A falta de tres carreras, Vettel es con 36 triunfos el cuarto corredor en número de victorias tras leyendas como Michael Schumacher (91), Alain Prost (51) y Ayrton Senna (41), y es el tercero que más poles acumula (43), por detrás de Schumi (68) y del brasileño (65). Podría igualar este campeonato las 13 victorias en una sola temporada logradas por Schumacher en 2004.

¿Recuerda la última vez que fue a comprar algo y le pareció demasiado caro?

¡Buff! (se lleva las manos a la cara). No me acuerdo, déjeme pensar. Regalar bolsos no es buena idea, siempre me equivoco y las mujeres, al menos la mía, cambian de opinión muy rápidamente. Puede que la última cosa cara que he comprado sea una herramienta para el jardín. Así que no se meta conmigo.

¿Sabe cuánto dinero tiene?

Claro que sí, al menos una idea aproximada. Cualquier chico de 26 años lo sabe.

¿Y se encarga usted mismo de sus finanzas?

Sí, lo controlo y lo muevo, porque por sí mismo no va a crecer. No me obsesiono en invertir para ganar más, pero tampoco quiero perder, y si lo dejo en el banco y me olvido, pierdo seguro. El dinero no se multiplica por sí mismo.

¿Quiere tener hijos?

Es que los hijos cuestan mucho dinero (se ríe). Aún hay tiempo para eso. Una de las cosas que más agradezco de la educación que recibí es el tiempo que mis padres pasaron conmigo. Eso es lo más valioso que le puedes ofrecer a tu hijo y en estos momentos no estaría en condiciones de hacerlo.

Dice usted que nunca plantea la temporada pensando en el título.

Es que no veo otra forma de afrontarlo, prefiero pensar en las victorias de forma independiente. Cuando el domingo estás en la parrilla, mi objetivo inmediato es imponerme en ese gran premio. Es evidente que un mundial tiene más peso, pero la sensación al cruzar la meta de primero es fantástica. Puedes ser campeón haciendo una carrera de mierda y terminando el séptimo o que ocurra todo lo contrario, como me pasó a mí en 2010 (Abu Dabi), donde me lo llevé todo de golpe. Es difícil de explicar, pero cuando vences un domingo, inmediatamente piensas en el siguiente. En cambio, cuando consigues el título, es como darte de frente contra una pared, tanto si ganas como si no.

La primera vez que se subió a un monoplaza de F-1 pensó que aquello era demasiado para usted. ¿Cuándo fue la última vez que pasó miedo en el carro?

Lo del primer día fue una cuestión de cojones, pero debido a que no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar. No creo que miedo sea la mejor manera de definir lo que siento, porque ahora soy consciente de la potencia que tiene el carro, de lo rápido que puede ir en recta, en curva. En cambio, en aquel primer entrenamiento tanta fuerza me pilló por sorpresa, por eso me asusté.

Ha sido abucheado en más de una ocasión. ¿Cómo lo lleva?

Que te silben no es agradable, porque todo el mundo desea que le quieran. No me concentro en gustarle a la gente, pero evidentemente sienta mejor el feedback positivo que el negativo. Es bueno poner este tipo de cosas en perspectiva y pensar que no toda la grada silba, que también los hay que aplauden. Que de cada 100 personas, puede que sólo 10 estén pitándome, aunque luego toda la atención se centre en esos 10. Al final, lo más importante es ser feliz con uno mismo y actuar en función de lo crees que es correcto, sabiendo que habrá gente a la que les gustará y otros a los que no. Cuando vas a un estadio de fútbol ocurre lo mismo. Imagínate que vas al Camp Nou el día del clásico contra el Madrid y Cristiano marca el gol del año. Pues habrá aficionados culés que se levantarán para felicitarle, aunque seguramente la mayoría no lo haga porque querrá que gane el Barça, es normal y aquí pasa lo mismo. Si eres seguidor de Ferrari o de McLaren y gana Red Bull, pues no te gusta porque llevas otra camiseta.

Sin embargo, los hinchas de Red Bull no abuchean a Fernando Alonso, por poner un ejemplo. ¿Eso no le da qué pensar?

No pienso en ello, la verdad. De entrada, porque dadas las circunstancias que me silben es un lujazo para mí. A la mayoría no le gusta que siempre gane el mismo y en los últimos años he tenido la suerte de lograr muchos éxitos. Al final, lo único que debe mantenerse siempre es el respeto, incluso por Cristiano cuando marca en el Camp Nou. Si Fernando ganara las próximas 13 carreras, los aficionados de Red Bull también le abuchearían a él.

Sus resultados mejoraron mucho a partir de mitad de temporada, ¿por qué?

Fue la combinación de todo. El equipo demostró tener el espíritu y la fuerza adecuada y, obviamente, he sido rápido en la pista. En las últimas carreras hemos estado concentrados, pero en la primera parte del curso trabajamos mucho y finalmente entendimos el auto y cómo calibrarlo adecuadamente en función de cada circuito. Eso nos ha permitido afinar de cara a las cronometradas. Estas cosas marcan la diferencia.