Nico Rosberg se coronó campeón de la Fórmula 1

El piloto alemán logró su primer título en la máxima categoría tras finalizar en la segunda posición en el Gran Premio de Abu Dabi.

Nico Rosberg logró su primer título en la F1. Foto: EFE

Nico Rosberg no ganó en Yas Marina. No le alcanzó. Hamilton dominó de principio a fin. Pero eso no fue impedimento para que festejara en Abu Dabi. Para que brincara, le diera un beso a su auto y festejara. Se coronó campeón de la Fórmula Uno. Emuló lo hecho por su padre, Keke Rosberg, en 1982. “Gracias por todo, nunca olvidaré esto”, gritó emocionado una vez cruzó la línea de meta con su compatriota, Sebastian Vettel respirándole en la nuca. Se convirtió en el tercer alemán en la historia en salir campeón de la máxima categoría del automovilismo. 

El piloto de Mercedes nunca se desesperó. Mantuvo controlada sus emociones. Sabía que si terminaba detrás de Hamilton se quedaba con el título y aunque a lo largo de la carrera tuvo la presión de los Red Bull de Max Verstappen y Daniel Ricciardo, el alemán no padeció para mantener la segunda posición. El único que lo hizo correr al final fue Vettel, quien tuvo un gran final. Pasó del sexto al tercer puesto, dejando atrás a Kimi Raikkonen y a los dos Red Bull. Lo suficiente para terminar en el último escalón del podio. Pero Rosberg siempre apeló a la calma y eso trajo sus frutos. (Conozca los campeones desde el 2000)

Con un grito y vueltas sobre su eje, el alemán celebró su primer título. "Fue muy intenso todo, esas últimas dos vueltas fueron muy complicadas, con Sebastian Vettel detrás, creo que todo va a salir con el pasar de los días", afirmó Rosberg durante la rueda de prensa después de la competencia. Sus ojos dejaban ver la emoción, aún estaba incrédulo, un título soñado para el piloto de Mercedes.

Dicen que los hitos que se consiguen en el deporte deben medirse en función de la calidad de los adversarios, y es precisamente eso lo que le otorga a este título un valor tremendo, incontestable. La combinación que forman Lewis Hamilton y su Mercedes llevaba paseándose los dos últimos años y parecía que no iba a haber dos sin tres. El británico, por carácter y ambición, se convirtió en punta de lanza de la escudería de Brackley (Gran Bretaña), mientras que su vecino de taller, mucho más discreto en todos los sentidos, se limitó a aguantar y esperar.

Su momento llegó este año, en el que aprovechó la inercia del último tramo del anterior para encadenar cuatro victorias seguidas. A partir de entonces, Rosberg supo resistir el contraataques de su rival cuando este contestó con fuerza –seis triunfos en siete grandes premios entre Mónaco y Alemania–, para después asestarle la puntilla y prepararse el terreno para depender de sí mismo. Llegados a ese punto, de nada sirvió el último empujón de Hamilton, que ni siquiera llevándose las últimas cuatro carreras pudo celebrar su cuarto Mundial, por más que a fin de cuentas acumule una victoria más (10) que su amigo de la infancia (nueve).

En Yas Marina, el chico de Tewin lo hizo todo bien. Fue el más rápido cada vez que salió a la pista, se llevó la pole el sábado y la carrera el domingo, tirando de la única estrategia que tenía a su alcance para tratar de obrar el milagro: se puso al frente del pelotón desde el arranque y ralentizó el ritmo tanto como pudo para que los dos Red Bull y Sebastian Vettel se echaran encima de Rosberg, que circuló el segundo la mayor parte del tiempo hasta cruzar la bandera e cuadros y ponerse a volar junto a los suyos. El de Wiesbaden volvió a demostrar cuánto ha crecido en este 2016 a todos los niveles. El nuevo campeón fue agresivo cuando tuvo que hacerlo, como en esta última prueba, al lanzarle el bólido a Max Verstappen (vuelta 20) y pasar a un dedo del holandés, casi nada. Hamilton le dejó a los pies de los caballos y él se defendió a lo campeón.

Un ejemplo más de los muchos que se han ido acumulando a lo largo de estos nueve meses de competición que le han permitido al germano quitarse el San Benito que le acompañó desde que le metieron en kart con poco más de cuatro años de edad. Como en su día le ocurrió a Jenson Button, nadie había logrado tantas victorias como Rosberg (23) sin haber cantado el alirón. Esa etiqueta de segundón ya es para otro; que pase el siguiente.

 

 

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