Con la ayuda divina

Los brasileros sufrieron más de la cuenta. Y tuvieron que llegar hasta la tanda de los penaltis para derrotara a Chile avanzar a los cuartos de final del Mundial.

Los brasileños celebran la clasificación a cuartos, al derrotar ayer en la tanda de los penaltis a Chile. / AFP

Este estadio ruge. Es un grito eufórico, desaforado, que se propaga como una explosión en el preciso instante en el que ese remate de Gonzalo Jara choca contra el poste izquierdo. Brasil, el gigante verdeamarelho, despierta en las tribunas porque dentro del campo de juego, estuvo dormido como pocas veces. Ahí mismo, donde sufrió durante 120 minutos por un equipo sin ‘jogo bonito’, a contramano de esas páginas doradas que supieron escribir Pelé, Vavá, Gerson, Tostao, Rivellino, Ronaldo y Ronaldinho. Sobre ese verde césped en el que Neymar no brilló como sus 200 millones de compatriotas esperaban. Sin embargo, Brasil tiene a Julio César y no es casual su nombre. El Emperador del arco evitó que el Mineirao se transformara en un Coliseo romano y los jugadores de camiseta amarilla, en bocado para los leones de las gradas. Y justo cuando empezaban a emerger de las más oscuras profundidades los fantasmas de 1950, el número uno tapó dos remates que quedarán grabados a fuego en la memoria de los Mundiales. A Mauricio Pinilla, primero, y a Alexis Sánchez, después. Y ganaron los locales. Y desde Belo Horizonte a todo el país se armó una fiesta que será inolvidable.

David Luiz marcó el primer tiro desde los doce pasos. Julio César se lo tapó a Pinilla. William lo erró. Otra vez, el arquero brasileño se lució ante Alexis. Marcelo anotó el 2 a 0. Charles Aranguiz, descontó. Hulk no pudo contra Claudio Bravo, como en toda la tarde. Y Marcelo Díaz empató. Entonces, Neymar lo ejecutó con maestría, consciente de lo que representaba ese penal. Y Jara, que tuvo un sábado para el olvido por ese gol en contra, erró el tiro del final.

La historia no había empezado tan torcida para Brasil. Con presión alta en el campo de Chile y Neymar como esa opción de ataque que brilla en Barcelona junto a Lionel Messi, lo dominó de principio a fin el primer tiempo. Sin embargo, terminó regalándole el empate a un rival al que metió atrás y que sólo dependió de la inspiración de Alexis, otro crack del equipo catalán. Es más, hasta pudo sorprender a todos cuando Luis Gustavo perdió la pelota en la salida, en el desenlace de los cuarenta y cinco minutos iniciales, Alexis habilitó a Charles Aranguiz y, abajo del arco de Julio César, la Roja se perdió la posibilidad de enmudecer a los sesenta mil brasileños que tiñeron el estadio Mineirao de verdeamarelho.

Brasil salió decidido a comerse crudo a Chile. Plantó bandera en la mitad de cancha, exigió a los mediocampistas rivales y los asfixió con sus dos volantes centrales, Fernandinho y Luiz Gustavo. Chile nunca pudo discutirle la pelota. Y se cerró atrás, con cinco defensores que trataban, en abanico, de no permitir que avanzaran los atacantes brasileños. Y si no podía superar la línea roja con la pelota dominada, Brasil apostaba a los pases largos, muy precisos, desde el fondo, exigiendo a la defensa chilena, que más de una vez quedó mal parada, a contramano de esas precauciones que había tomado su técnico, el argentino Jorge Sampaoli.

Marcelo avisó con un zurdazo que pasó a centímetros del arco de Bravo. Y comenzó a crecer la control de Brasil. En la puerta del área, Neymar encontró un tiro libre que remató a las manos de Bravo. El nuevo portero del Barcelona tapó otra pelota detenida, un disparó de Hulk que derivó en un tiro de esquina que sería clave. De ese córner desde la izquierda llegó el gol que hizo estallar las gargantas del Mineirao. Lo ejecutó Neymar, anticipó a todos Thiago Silva y en el segundo palo, Gonzalo Jara la metió adentro de su propio arco, amenazado por la presencia de David Luiz. Lo repitieron una y mil veces el gol en las pantallas gigantes ubicadas en las cabeceras del estadio. No se pudo determinar si la pelota, al menos, rozó en el cuerpo del defensor del Chelsea. No obstante, el juez británico cortó por lo sano y convalidó el gol del zaguero del club londinense.

Brasil no cesó su búsqueda, pero perdió terreno en tres cuartos de cancha. Sin embargo, la pelota viajaba del campo brasileño al chileno casi sin escalas, con un ritmo frenético. Hasta que se equivocó Hulk, que puso verdes a todos los torcedores con un increíble error. Le hizo una devolución corta a Marcelo en un lateral, frente al área de Julio César, robó Eduardo Vargas y Alexis definió a un rincón con esa jerarquía que muestra en la Liga Española todos los fines de semana.

Brasil quedó herido, pero fue por la sangre al arco de Bravo. Lo empujó con todo, menos con claridad. Lo tuvo Neymar, de cabeza, pero la pelota pegó en la espalda de Francisco Silva y acarició el poste. Fred lo perdió debajo del arco. Y Bravo sacó una mano de la galera para mandar al córner un bombazo cruzado de Dani Álves. Terminó ahogado Chile el primer tiempo. Y se le puso helado el cuerpo al puñado de hinchas cuando Hulk recibió un pelotazo frontal, bajó la pelota con el brazo y definió de cachetada. Era un golazo, para gritarlo hasta mañana. Sin embargo, el árbitro inglés, a instancias de su asistente Michael Mullarkey, anuló el gol. Fue leve la protesta de los brasileños. Tenía razón Webb.

Entonces, soltaron amarras los chilenos. No rompieron la línea de cinco, pero el ingreso de Felipe Gutiérrez por Vargas liberó de presiones a Arturo Vidal. Y el mediocampista de la Juventus italiana empezó a entrar en la misma sintonía que Alexis Sánchez. Chile le discutía la pelota a Brasil en su propia casa. Y casi lo gana cuando Vidal, abrió para Mauricio Isla y el lateral metió un centro atrás que Aranguiz conectó de atropellada y Julio César tapó con reflejos extraordinarios.

Empujado por su gente, que empezó a cantar el Himno Nacional, Brasil buscó acercarse al área chilena. Sacó ganancia a espaldas de los laterales. Jo, que reemplazó a Fred, se comió el segundo debajo del arco. Y Bravo voló notablemente para bloquear un disparo de Hulk. Los torcedores estaban nerviosos porque Chile apretaba, mordía, le hacía un partido súper incómodo a Neymar y compañía. Como habrá sido que desapareció completamente el crack paulista.

Terminó apretado Brasil. Y no pudo sacar la ventaja en los noventa minutos. No encontró los caminos, le faltó claridad y viajó al suplementario cargado de dudas. Sin embargo, los chilenos cada vez se agruparon más, como si fueran soldados en la trinchera del área, con Medel como comandante en la última línea y Bravo aguantando los bombazos verdeamarelhos. No obstante, le costó penetrar en los metros finales a los brasileños. Lo hizo con un zapatazo de Hulk que volvió a tapar el número uno y capitán de Chile.

Le enredó aún más el partido a Brasil esa tremenda solidaridad de los jugadores chilenos a la hora de marcar, el compromiso para correr y meter como si cada pelota fuera la última. Felipao cambió tarde. Recién en el segundo cuarto de hora del suplementario apostó a Willian por un desteñido Oscar. Sin embargo, nada se modificó para un Brasil envuelto en nervios, esos que se transmitían desde las gradas al campo de juego. Y cuando el cronómetro marchaba hacia el inexorable desenlace del partido, un bombazo de Pinilla sacudió el travesaño. Resultó un guiño del destino. Y el final de esos fantasmas del Maracaná que empezaba a corporizarse en el Mineirao.

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