Kevin Durant de niño prodigio a gran figura mundial

El basquetbolista se ganará 85 millones de dólares en cinco años.

En su perfil en Facebook, el alero Kevin Durant tiene casi 300 mil seguidores y la mitad de ellos lo contactaron en las dos últimas semanas, cuando se convirtió en la gran figura del equipo estadounidense que ganó con tremenda autoridad el Campeonato Mundial de Baloncesto, en Turquía.

Tiene 21 años, mide 2,06 metros de estatura, pesa 96 kilogramos y acaba de firmar un contrato por cinco temporadas a cambio de US$85 millones con el club Oklahoma City Thunder, al que llegó en 2008, tras un fugaz paso por los Supersonicos de Seattle y apenas una campaña en la Universidad de Texas, pues su talento le permitió dar el salto prematuro al profesionalismo.

Las ausencias de los estelares Kobe Bryant, LeBron James, Dwyane Wade o Carmelo Anthony dejaron la sensación de que Estados Unidos llevaba un “Equipo B” al Mundial, pero Durant se encargó de demostrar que ya no es una promesa, sino una realidad y, sobre todo, que está a la altura de los mejores jugadores de la NBA.

De hecho, fue el artífice del título, que su país no conseguía desde 1994, y se perfila como el líder del quinteto que defenderá la corona olímpica en Londres 2012.

“No sólo es estupendo dentro de la cancha, es también un gran muchacho fuera de ella. Todos estamos contentos por él”, afirmó su entrenador, Mike Kryzewski, tras la brillante exhibición de Kevin en Turquía, en donde fue el Jugador Más Valioso y el tercer máximo anotador del torneo.

Su elegancia en la cancha, su facilidad para mover el balón y buscar espacio para las penetraciones suscitan elogios en todo el planeta, pero los que lo conocen bien destacan sobre todo su carácter de “buen chico”, alejado de los egos desmedidos de otras estrellas de la todopoderosa liga estadounidense.

Desde muy joven K-Dog, como le dicen, empezó a destacarse en las competiciones juveniles, aunque muchos dudaban de que tuviera la fortaleza mental para pasar de niño prodigio a figura del deporte norteamericano. Kevin, sin embargo, ha demostrado capacidad para asumir la fama y la riqueza sin perder el hambre de triunfo, condición indispensable para llegar al olimpo del baloncesto.

 

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