El 'asesino' de los cuatro dedos en la NBA

Gerald Green, jugador de los Phoenix Suns, perdió su dedo anular en un accidente cuando tenía 12 años.

@PypoAJ

Todas las tardes, luego de asistir a la escuela, Gerald Green convertía el patio de su casa en una pequeña cancha de baloncesto. Allí entrenaba y además perfeccionaba sus clavados y tiros. Tenía todo para ser el mejor, con el paso de los meses tanto su altura como su capacidad de juego incrementaban. El sueño de ser jugador profesional empezaba a latir cada vez más fuerte en su corazón y en el de su familia.

Sin embargo, cuando Gerald ingresó al sexto grado ocurrió un accidente que pareció acabar con ese sueño. Como era costumbre, llegó de la escuela y lo primero que hizo fue buscar su balón, salió al patio y empezó a moverse por la improvisada pista. Quizás fue el deseo de pelotear o un simple olvido lo que lo llevó a cometer un error que lo marcaría para siempre. Omitió quitarse un anillo que llevaba puesto en el dedo anular de la mano derecha y cuando trató de volcar el balón sobre el aro, este quedó enganchado en una puntilla, luego rasgó su uña y dos falanges se desprendieron. Los médicos no pudieron unirlo y su mano quedó incompleta. "Todo lo que vi fue nada más que hueso blanco, como un esqueleto", recuerda Green. "Los médicos dijeron que mis tendones y  todos mis ligamentos se rompieron por completo”.

La carrera del joven nacido en Houston, Texas el 26 de enero de 1986, parecía acabar prematuramente. Por este impase, su adolescencia no fue como la de los demás pues se avergonzaba de mostrar esta extremidad. Con el paso de los meses también dejó el básquet y su sueño de llegar a la NBA se fue diluyendo poco a poco. El dedo de Green se convirtió en fuente de burlas a las que él reaccionaba con agresividad y descontrol. “Yo escondía siempre mi mano, todavía lo hago algunas veces. No me gusta hablar de ello.  A veces todavía me escondo y ni siquiera me doy cuenta de que lo estoy haciendo. Sólo por costumbre. Cuando has estado haciendo algo durante tanto tiempo, se vuelve una acción inocente”, señaló Green en una entrevista a nydailynews en 2012.

Cuando el jugador texano ingresó a la preparatoria se dio cuenta que su amor por el deporte de la pelota naranja era más grande que los miedos y la sensación de inseguridad. Volvió a las canchas y demostró lo bueno que era. Con ayuda de su familia, que nunca dejó de apoyarlo, Gerald volvió a jugar baloncesto de alto rendimiento. Sin embargo, los problemas en su vida continuaban y a pesar de deslumbrar con su juego, durante su temporada junior fue expulsado del equipo debido a las malas notas en el instituto.  

Por tal razón Gerald fue transferido a otra institución en Houston, la Gulf Shores Academy, allí repitió el curso que perdió y en su última temporada con el quinteto escolar promedió 33 puntos, 12 rebotes, 7 asistencias y 3 tapones, números que le aseguraron un lugar para participar en la edición 2005 del McDonal´s All-American,  partido que reúne anualmente a los mejores jugadores de instituto de Estados Unidos. Ganó el concurso de mates o clavados y en ese momento su sueño volvió de las sombras. Los excelentes números y la participación en  el McDonal´s All-American llevaron a que, sin haber ingresado a la Universidad, los Boston Celtics lo postularan en el puesto 18 del Draft de ese año.

El día de la presentación, Gerald pensó que sería rechazado por la élite del básquet norteamericano si descubrían que a pesar de medir 2.03 metros solo tenía nueve dedos. Con una mano en el bolsillo, saludó al ex comisionado de la NBA, David Stern, quien le pidió que la sacara dedahí para saludarlo con un fuerte apretón. Era el comienzo de una historia de superación y tenacidad. Green rompía barreras y estereotipos que por años invaden el mundo del deporte.

Durante  su primera temporada, Green fue enviado a la liga de desarrollo de la NBA, la D-League. En esta jugó con Fayetteville Patriots y luego con Florida Flame. Su nivel se mantenía y perfeccionó sus clavados. Por ello, en el All Satr del 2007, celebrado en Las Vegas, se proclamó campeón del concurso de mates luego de vencer en la final al defensor del título Nate Robinson. A pesar de ello, los Celtics tuvieron una de las peores rachas en su historia y los cambios fueron necesarios. Green salió del equipo.

El 21 de julio de 2007 fue traspasado a Minnesota Timberwolves y a partir de 2008 la carrera de Gerald se convirtió en una correría pues pasó por equipos de todo el mundo sin pena ni gloria. Estuvo con los Houston Rockets, luego fichó por los Dallas Mavericks. En noviembre de 2009, migró a Rusia y firmó por el Lokomotiv Kuban. En agosto de 2010 pasó a integrar el Krasnye Krylya Samara y al año siguiente se unió a los Foshan Dralions de la Asociación China de Baloncesto, sin embargo, el 1 de diciembre fue despedido por el quipo asiático.

Llegó 2012 y Green volvió a Estados Unidos. Esta vez junto a Los Ángeles Lakers equipo con el que disputó un solo partido de pretemporada ante Los Ángeles Clippers. Fue vinculado a Los Ángeles D-Fenders, equipo de los Lakers en la D-League pero los Nets de New Jersey volvieron a confiar en él y lo trajeron de regreso a la NBA. De allí saltó a los Indiana Pacers con quienes firmó un contrato por tres años y 10 millones de dólares. Antes del comienzo de la temporada 2013-2014, fue traspasado a los Suns de Phoenix. Allí Green alcanzó los mejores números de toda su carrera. Para la temporada 2014-2015 este jugador se ha consolidado como el gran ídolo de los aficionados de los Phoenix Suns. No cabía duda, que el asesino de los cuatro dedos, como le empezaron a decir por su contundencia en el aro a la hora de encestar, estaba en todo su esplendor.

Para algunos, Gerald Green es el ‘asesino del aro’, para otros es el levitador de la NBA’ por sus impresionantes saltos y volcadas. Por ello los Phoenix Suns han decidido rendirle un homenaje y han creado un guante con cuatro dedos para que en los partidos los fanáticos lo levanten cuando este jugador los deleite con su magia. Cada vez que Gerald ve cientos de guantes el dedo anular respira, sonríe y vuelve a jugar con su alma porque no solo se identifica sino que también se fortalece pues aceptó que lo sucedido son acciones que ocurren en la vida. “Se mueve como la cola de un perro Rottweiler", dice Green agitando su dedo y sonriendo. "Es algo que me pasó y no se puede cambiar. Entendí que no puedo detenerme en eso y quedarme ahí. Debo seguir empujando hacia adelante y continuar. Creo que esa historia es la mi vida y cuando las cosas se ponen mal que no puedes dejar de hacer lo que te gusta, sólo tienes que seguir luchando y conseguir tu sueño”. 

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